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martes, 9 de junio de 2026

¿Por qué no?

Damián es un chico excluido, retraído en su carácter, que sufre de bastante acoso en su escuela, aunque a él no le importa. 
Solo sueña con Samanta, la chica linda y buena que, si estuviéramos en una pelicula norteamericana, sería porrista; aquí solo juega al hockey y es una líder no malvada. 
Lider del grupo ecologista y buena alumna.
Damián la mira de lejos, no le habla, pero su secreto es a voces. 
Samanta simplemente le sonríe sin mucha atención de vez en cuando y sigue con su vida escolar. 
Algunas veces se encuentran en la calle pero ninguno habla; él se esconde, y Samanta y su amiga Dina dicen entre risas: "Otra vez jugando a las escondidas".
De esta manera pasaron años hasta que estaban por egresar y cayó como un rayo la noticia: Damián estaba internado. 
El aula —el colegio, mejor explicado— se quedó mudo cuando dieron los detalles. 
Era una película de terror: lo habían golpeado hasta casi matarlo y lo habían violado con un objeto. 
Samanta fue la primera en llorar la maldad del mundo y se dispuso a ayudar a la policía. 
Sus padres estaban orgullosos de ella. 
¡La habían criado tan bien! Era hermosa, estudiosa y tenía un corazón de oro, se decían.
Por la tarde, ella quiso ir al hospital y, cuando llegó, Damián estaba dormido y desfigurado. Le sacó una foto con tanto descuido que lo hizo abrir los ojos.
 Al verla, Damián se asustó y se puso a gritar. 
Ella quiso calmarlo; le mostró las flores y el cartel que los compañeros de aula le habían hecho, y él sonrió a medias.
-Sé que eres tímido, que tenés algún tipo de problema en el habla, pero a mí me podés contar todo -le dijo.
Damián abrió los ojos lo más que pudo y llamó a la enfermera. Ella le dejó las cosas y se quedó hablando con el custodio policial.
-Oficial, esto es demasiado. Me sacan de su cuarto cuando yo tengo cosas que decir y es mi deber como amiga acompañarlo -sollozó.
El oficial le preguntó si ya había declarado. Ella asintió con un gesto por demás aniñado.
-Si ya hiciste eso, nada más podés hacer que ayude a la policía.-
-¿Seguro?-
-Sí, pero quedate tranquila, es el shock. Es un muchacho muy débil.-
El oficial le dio una palmada en el hombro, invitándola a retirarse. 
Samanta caminó por el pasillo del hospital con el rostro afligido, pero de ahí se fue a la casa de los padres que no estaban y merodeo toda la tarde por lugares.
Según ella buscando pistas.
¡Necesitaba justicia! Y la policia no hacia nada.
Sin embargo, la investigación dio un giro radical cuando la policía revisó una cámara de seguridad oculta de una fábrica abandonada cercana.
 La filmación la delataba por completo y mostraba la escalofriante secuencia de esa noche: Samanta había llegado sola y se había encontrado con Damián. 
En las imágenes se veía cómo ella sacaba varias cervezas y se las ofrecía; él se negó a tomar, y Samanta se las bebió una tras otra con total frialdad.
 Parecía estar familiarizada con el alcohol, lo que confundió a Damian, ya que ella no iba a fiestas ni se juntaba con los chicos que bebían, se drogaban y lo exhibían. 
Luego, de la nada, le rompió una de las botellas en la cabeza, lo golpeó salvajemente una y otra vez en el suelo y, aprovechando que el chico estaba inconsciente y desprotegido, utilizó otra de las botellas para sodomizarlo mientras se reía.
A esta contundente filmación se sumó el peritaje de su celular, el cual fue confiscado de inmediato. 
Dentro del móvil, los investigadores encontraron carpetas llenas de fotos de Damián tomadas a escondidas y un registro meticuloso con todos sus horarios y rutinas diarias, demostrando que lo tenía completamente vigilado.
 Ella estaba obsesionada con él, solo que no de la manera que Damián hubiera querido.
Con todas estas pruebas devastadoras, el inspector se presentó en el hospital. Damián ya había despertado y, aunque con una profunda angustia, pudo declarar ante la justicia.
 Con la voz entrecortada, el chico confirmó cada uno de los hechos que la cámara había registrado, relatando el horror y la paliza que había vivido a manos de ella. 
Lo definió como una película de terror, a lo que todos asintieron.
Samanta fue detenida esa misma tarde. 
En la sala de interrogatorios, mientras miraba el video de la cámara, las fotos y los horarios de su celular, y la declaración explícita de Damián, su máscara de chica buena se cayo. 
No mostró ni una pizca de arrepentimiento. 
No pidió por sus padres ni por Dina; a todos los miró con ojos inyectados en sangre.
El inspector, completamente impactado por la crueldad de la joven, la miró fijamente y le preguntó por qué lo había hecho, qué razón tenía para ensañarse así con él, con un muchacho débil que no le había hecho nada más que admirarla en secreto. 
Sus padres lloraban diciendo que habían perdido una hija, que esa no era su Samanta, que para eso la habían criado entre miel y algodones, con caricias y algunos regaños de pequeña.
-Esa no era mi amiga -decía Dina—. ¿Quién era este monstruo? Si yo estaba casi todo el tiempo con ella, ¿cómo pudo hacer eso?-
Nada cerraba. Hasta que todo cerró. 
Samanta respondió a la pregunta del inspector levantando la mirada con un simple:
-¿Por qué no? -preguntó con una mirada totalmente despiadada y cínica.
Y así lo gritó y lo gritó ante todos, mientras los que la querían se terminaban de dar cuenta de que era una psicópata por naturaleza.
-¿Por qué no?-
Sus palabras quedaron flotando en el aire y lo impregnaron de maldad.

martes, 2 de junio de 2026

Viral mentira

Camila es una adolescente común que se hartó de todo y desea ser viral.
 Desea la fama.
 Abre cuentas en varias plataformas, toma su guitarra y se pone a cantar mientras se filma con su cámara web. Es otra con poco talento y una guitarra. 
Nada fuera de lo común. 
Pero en una plataforma tiene mejores comentarios y en la otra los comentarios son obscenos; no se sonroja y arma una cuenta en una página para adultos.
El sitio se queda con el veinte por ciento de sus ganancias y se vuelve tedioso despertarse, lavarse la cara, maquillarse sutilmente las ojeras y los labios para volver a la cama para sacarse una selfie para el sitio, pero es dinero que entra. Ella, más que el dinero, busca desesperadamente la viralidad. Así que investiga. El morbo vende.
¿Cómo explotar el morbo de la gente?

Inventa una historia triste. 

De niña su tío la había violado mientras su padre los miraba y su madre jamás le creyó.
 Sus hermanos se habían enojado con ella por denunciarlo, siendo que ellos habían sufrido lo mismo.
 Se lo dijo tantas veces que se lo creyó; por suerte, el tío estaba fuera de alcance, hacía años vivía como un ermitaño, el padre de ella había muerto y la madre estaba muy fuera de foco.
 El papel de víctima lo adoptó como propio, aunque su historia era más falsa que una moneda de cuero.
 La gente empatiza con esa joven que contaba su triste niñez frente a una cámara web y empezaron a llegar los followers y, los más importantes, los suscriptores sus aportes y sus likes.
Pasó días escribiendo guiones, aprendiéndolos de memoria para no errar si le hacían alguna pregunta sobre su infancia en los vivos.
 Tanto así que hasta borró a sus hermanos de su celular y a su madre, no sin antes pagarle a sus hermanos por su silencio.
 Ella misma creó una vida dolida, cruel, y se la creyó; se la implantó digitalmente, metafóricamente, pero hasta llegó a llorar en solitario su propio abuso.
En un video le preguntaron por qué tenía esa página porno; ella respondió que quería monetizar, que la vida era ruda.
 Lloraba el precio del alquiler y de a poco su comunidad le fue pasando dinero extra.
 Era bueno eso. 
¿Quién necesita hermanos cuando tiene gente que pague por vos?
 Algunos le habían pagado los servicios completos; ella dejaba poco sutilmente sus datos y los enlaces.
 A la noche empezó a hacer vivos; hablaba un tanto alto sobre un Dios apóstata que jugaba con nosotros como peones y filosofaba sobre ello; le costó al principio leer los mensajes, responder y no confundirse. 
Gritaba, se desesperaba. 
Con algo de práctica lo logró.
 En otros vídeos habla sobre sus relaciones con los hombres y cuenta demasiado: detalles muy picantes hasta donde la plataforma lo permite. 
Cada cita que tiene -ya que busca novio o compañía- cada tanto hay una aventura sexual en un lenguaje soez para subir números.
Muchos le dicen que se cuide, que ella es demasiado para regalarse así, pero hace caso omiso. Y al otro día hablaba de cómo se cura la candidiasis con aceite de coco, otra noche sobre el aborto legal, y la masa de visualizaciones aumenta.
Con ella llegan algunos haters que la insultan por simple juego y una cuenta que la trataba por su segundo nombre: Maribel.
 Esto la asustó, pero como la cuenta era agresiva, mandó a su comunidad a atacarla y denunciarla, y la bloquearon. 
Para seguir estando en ambas partes se armó una rutina y funcionó de maravilla.
 A la mañana se sacaba fotos para la página porno, a la tarde trabajaba, escribía los guiones y miraba tendencias; si podía, subía videos, y a la noche, luego de cenar, hacía sus vivos. 
Decía estudiar y trabajar; la mitad era mentira, había dejado los estudios ya que no le generaban placer económico. 
Una noche filosofó sobre el ateísmo y dijo serlo, cuando se pisó y volvió a la Pachamama.
 No hubo trending que no hiciera: Simple Life, jardinería, vegetarianismo, etc.
 Respondía a las preguntas hasta que por fin la invitan a un streaming. Y su viralidad gana más ciberterreno. Algunos verificados la empiezan a seguir y entre ellos hacen vivos y dan charlas: ganan ambos.
.La cuenta Verdad Maribel está protegida pero siempre presente.
 Siempre diciendo: "Maribel es tu nombre, cuenta la verdad". 
Tanto le preguntaron sobre la cuenta porno que decidió anclar el video donde decía que la tenía porque necesitaba dinero y el video donde resumía su historia de su niñez violada y su denuncia, aquella que nunca pasó a manos de la ley.
 Muchos le dicen que vaya a tal lado o a otro, que hablara con tal o cual, pero ella solo daba like y enviaba corazones sin hacer nada. 
A menudo llamaba a "hacer una guerra" contra el capitalismo en que vivimos y luego se iba de tema diciendo que la guerra era triste, ya que en tiempos de guerra los padres entierran a sus hijos y en tiempos de paz el orden natural de las cosas era al revés.
 Muchos se daban cuenta de que engarzaba cosas que nada tenían que ver, pero eso la hacía más valiosa y entretenida para el público, para su comunidad.
 Y siempre aparece esa cuenta Verdad Maribel, pone comentarios y ya no puede más que bloquearla; al bloquearla, deja de verla instantáneamente.
Eventualmente se muda de casa a un lugar mejor y lo muestra orgullosa, y les regala a sus fans una tirada de cartas al ver el enorme impacto y la suba de números que produjo el esoterismo —aunque los VIPs, o sea los verificados, los influencers, le dijeran en privado que no lo hiciera—, lo hizo y por privado cobraba por la lectura de cartas personalizadas. 
Otro día sube un vídeo de cómo preparar guiso de mondongo, después enseña a poner ventosas que le dejan la piel marcada, otro día lee un cuento encontrado al azar.
 Así hasta que termina de acomodarse en su nueva casa.
 Una mucha más grande con una hermosa vista al mar y retoma los vivos.
Como sus métricas ascienden, llegan los canjes de bótox y cannabis, que ella a lo segundo siempre lo defendió; es más, contó que por el trauma, en una época, para pagar la psicóloga dejó de comprar cannabis, como si eso perteneciera a la canasta básica.
 Varios se lo dijeron, pero Camila se enojó.;para ella un par de secas o un par de cigarrillos de marihuana eran estrictamente necesarios.
 Otros influencers la defendieron en este tema y más viralidad alcanzó.
Hasta llegar a conseguir una sociedad con una estética: se implantó senos, se retocó todo lo que pudo y lo promocionó desde ahí; saludaba en sus vivos que ya eran muy cortos, y no hablando de aceptación como en un principio, nada más alejado a ella.
 Había que ser parte de la gente linda.
 Porque lindos somos todos por dentro, solo algunos por fuera, y eran aquellos que se trataban en la estética. 
Había llegado a su cúspide: era una influencer con dinero.
El vivo de esa noche celebraba los cien mil suscriptores. 
Camila lucía su nueva delantera y los labios retocados mientras sostenía una copa de champán frente a la cámara web de alta definición, con el ventanal de su nuevo departamento frente al mar de fondo. 
-Gracias a todos mis fieles -decía con voz alegre—. Ustedes me curaron. El capitalismo nos quiere aislar, pero esta comunidad... 
En el chat apareció una cuenta con el verificado dorado: un influencer de chismes con treinta millones de seguidores.
Al recibir su solicitud para unirse al vivo, Camila aceptó de inmediato buscando el crossover.
La pantalla se dividió.
 En lugar del influencer, apareció la cámara de un teléfono enfocando el interior de un auto abajo, en la calle
 El hermano no solo estaba en el vivo de Camila; transmitía en simultáneo desde la cuenta verificada hacia millones de personas. 
-Hola, Maribel -dijo una voz masculina y temblorosa. Camila se congeló.
-Te equivocaste de canal, amor, soy Camila. -
-No me podés bloquear de la vida real, Maribel -interrumpió su hermano mayor, enfocando su rostro y luego a su madre, sentada al lado con la mirada perdida y las partidas de nacimiento originales frente a la lente. Exponía todo el archivo familiar a millones de espectadores en tiempo real, mientras Camila, obnubilada por el pánico, solo miraba su propio monitor sin darse cuenta de la magnitud de la filtración. 
Pagaste nuestro silencio para comprarte esta vida de plástico -siguió el hermano-
 Pero acá estamos con mamá, mirándote desde abajo mientras vos te ponés de todo gratis por canje. -
-Estás confundido, pibe, yo no tengo hermanos, mi familia me abandonó después de lo de mi tío... —se quebró ella. -
-¿Qué tío, Maribel? El tío Pedro vive en el campo hace quince años y jamás te tocó un pelo. Nos pagaste con la plata de tu página porno para que no dijéramos que el viejo murió de un infarto en su cama y vos no hiciste nada no hay denuncia alguna eso de ahí de tu fijado es puro IA que inventaste una violación para dar lástima Pero mi parte te la devolví. -
-¡Es mentira! ¡Es un hater! -gritó Camila, tirando la copa al suelo. -
-¿Es mentira? Estoy abajo de tu edificio, piso doce, departamento B.Vivis ¿No? -
El hermano bajó del auto y apuntó la cámara hacia arriba, encuadrando su balcón iluminado-
Voy a subir con mamá a mostrarle a tus cien mil ingenuos las pruebas y la única transferencia que nos hiciste para que no hablemos.Los mensajes que te mandamos porque vos te fuiste de casa porque no apoyamos tus vicios tus drogas.-
 Su propio contador de visualizaciones batía récords, pero el chat del influencer era un incendio que exigía su cancelación.
 Los comentarios en su transmisión pasaron de la adoración al insulto en segundos.
 Los "verificados" empezaron a abandonar el vivo, borrando sus rastros.
 Se escuchó el zumbido del portero eléctrico y el eco del ascensor llegando al piso.
 Camila, con las lágrimas reales arruinando el maquillaje de la clínica, se abalanzó sobre la computadora y, en su pánico, tiró con fuerza del cable de la corriente.
 La pantalla se fue a negro para ella. 
Pero desde la cuenta del verificado, su hermano siguió transmitiendo en vivo para millones de personas el momento exacto en que la luz de ese ventanal se apagaba por completo, y con ella, la viralidad de Camila.

martes, 19 de mayo de 2026

Profeta de teclado

Falso, falso profeta.
Que dices clamar por tu verdad cuando tu voz lo único que declama son mentiras.
Profeta caminante que lo único que has caminado es hacia tu teclado. Virtualidad mal usada, lucro a una causa propia.
Dios en la Tierra te crees.
Lo único que ha estado bajo tus miserables pies es el piso que todos los mortales pisamos.
Si la frágil nieve de Bariloche se ha derretido en tus manos, lo ves como un milagro del fuego de tu corazón y no del calor térmico del verano.
Falso vidente que engañas con esotéricas palabras a los más desahuciados, mientras eliges a los pillos y atribuyes causas especiales a tus seguidores.
Estafados y convencidos en la próxima venida de un Señor que te has inventado, como buen sectario que eres.
¿Qué tanto reclamas?
Divide y vencerás, porque tú has dividido a un grupo fuerte, animoso y de presentismo.
Estos de dioses caminantes ya hartan. En realidad son más la noche que la luz que dicen ser.
Ahora gracias a tu soberbia, el invierno ha llegado antes de tiempo para los que te creyeron.
No eres fuego, eres el frío de una pantalla que se apaga; y cuando el ruido de tus teclas cese, solo quedará el silencio de los que aprendieron, por las malas, a caminar sin guías de cartón.
Decías que diferente a "guerreros del teclado" y eres lo mismo.
Falso.
Dios no eres tú, que queden bien claras mis palabras.
Dios te ha creado a ti.
Por más que lo desprecies y maltrates como a todos aquellos que no piensan como tú.
Que diferencian una profecía de un plan mal armado.
No nieva a tu voluntad, no llueve.
Solo caen letras en una absurda página de un pasquín que con suerte alguien leerá...
Y cuando esa pantalla finalmente se apague, lo único que quedará será tu reflejo en el vidrio negro: el rostro de un hombre común, atrapado en la oscuridad que él mismo sembró.
Para alimentar un ego tan grande que era diminuto.

miércoles, 22 de abril de 2026

Curvas peligrosas

Marco llega al estacionamiento, en su Mercedes de colección, de un edificio ubicado en el microcentro porteño después de dejar a sus hijas en el colegio y de haber pasado la noche con su novia, Amalia.
Ella es una mujer de treinta y dos años, rubia como el oro, con unos ojos azules profundos, siempre sonriente, de figura firme y un perfume dulce.
Al llegar al último piso, donde radica su empresa de ciberseguridad, saluda a todos y sigue su ruta hacia su oficina privada. Allí afuera lo espera Diana: una deslumbrante morocha de piel trigueña y ojos color miel, con el celular en una mano y, en la otra, una carpeta con un pendrive encima.
Marco, un hombre sonrisal, le agradece e intenta hacerla reír con un chiste.
 Diana, vestida de negro con un conjunto tailleur y una blusa escotada que insinúa sus atractivos senos, lo mira, le entrega la carpeta y el pendrive, esboza una media sonrisa y se retira dejando una estela de un perfume amaderado.
Diana era la joya del edificio.
 Era eficaz, empática, práctica, expeditiva y un "bombón", como la llamaban.
 Los tres primeros pisos pertenecían a abogados y, siempre que veían a Marco, le preguntaban cuándo la iba a despedir para contratarla ellos; decían que "se la compraban". Marco, siempre renuente y cuidándose de Recursos Humanos, solo decía que Diana era una secretaria y nada más; en la intimidad fantaseaba con ella. Luego se quedaba pensando en ese escote, en la curva de sus pechos y sus muslos y en el porqué trabajaba ella allí; Marco sabe que ella tiene granjas de criptomonedas y propiedades. 
Es divorciada y maneja un auto de hace tres años.
El perfume se desvanece en el aire. Marco pone música y Cerati canta que su corazón se vuelve delator. Marco pone manos a la obra, enciende la computadora y abre el pendrive.
 Revisaba los porcentajes cuando llamó su atención el portarretratos digital que tenía en su escritorio: sus dos hijas, desde que nacieron hasta el día de hoy. Cuánto tiempo había pasado.
Recordó sin sentimiento alguno a la madre de las chicas y fue más atrás, a su juventud.
 Evocó sus días como maestro, aquellas mañanas frías donde un trozo de tiza era su única herramienta y el sueldo apenas una ilusión que se escurría entre los dedos antes de llegar a fin de mes.
 Era una batalla constante contra los números rojos, una lucha digna pero agotadora por intentar enseñar futuro cuando el presente le resultaba tan escaso. 
Recordó el olor a aula vieja y el sonido de las hojas de los cuadernos, una vida austera que hoy parecía pertenecerle a otro hombre.
Luego, su mente se detuvo en el barro y el pasto. Sus días de jugador de rugby, cuando el mundo se reducía a ochenta minutos de choque y honor.
 Una pequeña lesión en el cuello aún le molestaba; había sido un tackle feroz, de esos donde el tiempo se detiene. Él había dado de lleno contra otro jugador más grande, un impacto que le sacudió hasta los pensamientos pero que terminó con la pelota recuperada. Todavía sentía en la boca ese sabor a sangre y tierra, el gusto agridulce de una gloria pasada que no necesitaba de Mercedes ni de empresas para sentirse real.
¡Juventud añorada!
Sabía que debía volver al presente, pero repasó sus momentos, los amó y volvió a la realidad. El ventanal que mostraba la ciudad se había opacado; la lluvia caía con furia. ¿Cuánto tiempo había estado en el pasado?
—Una eternidad —se dijo, y buscó a Diana.
Ella estaba sentada en su escritorio con las piernas extendidas, mirando fijamente el monitor. Se veía majestuosa, toda curvilínea.
—¡Quién fuera piloto de carreras para manejar sobre esas curvas! —pensó.
Era el chiste del edificio; muchas veces lo había oído y esta vez, más que nunca, lo entendió. En ese edificio trabajaban aproximadamente unas cien mujeres; Diana era la pista de carreras, la mujer maravilla, el bombón asesino.
Un rayo iluminó el cielo y, junto con él, se encendió el celular de Marco: su hija quería una fiesta de cumpleaños temática. Sin pensarlo le dijo que sí. después de todo, lo hacía más por ellas que por su ego. Como Diana tenía una amiga que organizaba eventos, la llamó. Diana entró a la oficina con el celular en la mano y le dijo que Agatha tenía otros estándares, aunque podría preguntar. Marco le agradeció y ella se retiró a hablar con Agatha. Se escuchaba la risa de Diana y el: —Qué fina te volviste, amiga, dejá el salmón noruego—.
Marco abrió la red social de esta organizadora de eventos y, vaya, no se andaba con pequeñeces la pelirroja: fiestas de blanco y negro, casamientos, eventos de caridad y hasta cumpleaños de famosos. Todo calidad premium y ella, como siempre, impecable. Sexy y sublime casi siempre mirando fijo a la cámara y vestida de azul. No acepta canjes, no hace propaganda más que a sí misma y, en una foto, está en una playa con Diana tomando mojitos; la imagen era espectacular.
Cuando la verdadera Diana entró, rompió el hechizo de sus ojos miel y su risa en la foto diciendo:
—Vas a tener que ir conmigo y, desde ya te aviso, que Agatha no es tan amable como yo; esto lo hago por tu hija.
—Gracias —respondió él.
La jornada terminó y Marco pasó a buscar a Amalia. Fueron a comer, luego a pasear y, más tarde, Amalia, siempre hermosa y dulce, escuchó atenta el pedido de la hija de Marco y cómo Diana lo iba a ayudar.
—Diana es una gran salvadora, ¿verdad? —dijo con ironía.
—No seas celosa, Amalia.
—Tiene más de cuarenta años y todos en ese edificio la desean, opaca hasta a las de veinte. ¿Qué tendrá?
—Eficiencia, cultura...
—Ok, ya entendí. Comé, mi amor, que esta noche el postre es muy dulce.
Se mordió los labios, hizo un gesto coqueto con el pelo y señaló la curva de sus senos. Aún caían pequeñas gotas de lluvia cuando llegaron a casa de Marco y Amalia se le lanzó al cuello en pleno ascensor con ferocidad. Era un cuerpo dulce en exceso, podía empalagar; por eso Marco la degusta como al extracto de vainilla, en pequeñas dosis, aunque esta noche fue imposible.
A la tarde siguiente, Marco y Diana se dirigieron al hotel palermitano donde Agatha tenía su oficina. Al entrar al vestíbulo, los acompañaron por un ascensor privado hasta llegar al primer piso y toparse con una puerta de cristal con el nombre de Agatha. 
Ella, una imponente pelirroja vestida de blue jeans y camisa azul, abrazó a Diana y la acompañó a su oficina dejando atrás a Marco.
 Cuando se dio cuenta del error, simplemente agachó los ojos y dijo:
—Por aquí, tome asiento y explíqueme su plan. ¿Usted no es el "nuevo Iron Man" argentino?
—¿Y usted de dónde sacó ese apodo?-Por demás incómodo respondió Marco.- 
—Tengo contactos. ¿Ya tiene el contrato con el ejército?-
Marco no se lo había dicho a nadie más que a los inversores. Le molestó que esta mujer supiera tanto, más esquivó el dardo envenenado y dijo:
—Mi hija quiere una fiesta para su cumpleaños aquí.-
—¿Cuántas personas?-
—Cincuenta.-
—¿Nada más? Yo me dedico a eventos grandes y de nivel.
Sus ojos negros eran un abismo de frustración; Agatha no organizaba cumpleaños íntimos. Miró a Diana, quien con la cabeza le señaló que había herido a su jefe.
—Si pudiesen agregar más gente, que sean setenta mínimo, sería viable.
Marco la miraba; era una mujer muy hermosa pero muy petulante. Diana seguía haciendo gestos hasta que Agatha la llamó aparte.
—Por favor, la nena quiere y él va a pagar.
—Por supuesto que va a pagar, pero ¿"la nena" no tiene amigos? No pido que sea la reina del baile, solo que no sea la ñoña inadaptada, Diana.
—Siempre fuiste una perra, jajaja... Mean girl —rió Diana.
—¿Regina George? Esa eras vos por lo que me dijeron; la inadaptada era yo, siempre estudiosa, pero tenía amigos aparte de los libros. Esta nena, ¿qué onda?-
—Podés hacerlo, a la chiquita le vendría bien.-
—Lo haré, pero con esta me debés dos.-
—¿Dos?-
—¡Sí, la otra por no acompañarme a Praga!-
Y las dos soltaron la carcajada. Volvieron y Agatha, seria, le pasó a Marco —que había observado todo el interludio con ojos agigantados ante los cambios de esas dos mujeres— una tablet con el salón, las flores y demás detalles. Marco lo miró y pensó en su hija; sí, era un precio excesivo, pero era "la marca" y él sabía de eso.
—¿Le parece bien ese paquete?
—Sí —respondió cortante.
—Perfecto, traeré los papeles.
Mientras iba saliendo, casi se tropieza con una rubia vestida de rojo que se sacaba fotos.
—Disculpe, ¿qué hace y cómo entró?-
—Ah, hola. Soy Amalia, señorita Agatha, la pareja de Marco —dijo Amalia señalando hacia dentro de la oficina.-
—La junta fue estipulada para dos personas. No se me avisó de nadie más. Deberá retirarse.-
Amalia hacía gestos e intentaba llamar la atención de Marco, que conversaba gratamente con Diana. Al verlos así, empezó a gritar. Agatha llamó a seguridad.
 Estaban a punto de retirarla casi a empujones cuando Marco se dio cuenta de lo que pasaba y pidió disculpas, mientras Diana intervenía ante Agatha para detener a los guardias. Al final la hicieron pasar; saludó forzadamente a Diana, besó exageradamente a Marco y le agradeció efusivamente a Agatha.
Agatha, seria como un juez, la miró despectivamente mientras Amalia decía que la fiesta tenía que ser temática.
—No más Moana, por favor —acotó Agatha.
Diana no contuvo la risa.
—Cierto, la fiesta sería temática, pero quédese tranquila: digamos de princesa, flores, alguna corona.
—El vestuario no corre por mí cuenta, solo la decoración y el buffet —aclaró Agatha.
—Claro, el que vi está bien con algunos globos.-
—¿Globos plateados? Porque no pensará en esos de animales...-
—No, señorita, mi hija es grande, no necesita un payaso.-
—Cuánto me alegro. Esto, como ya le expliqué, es un servicio VIP.
Y se levantó de su silla de reina como una alta pelirroja con algunos lunares en la piel y un metro de piernas bajo esos jeans ajustados ese cinto Gucci que marcaba su preciosa cintura. En ese instante, el aire de la oficina se volvió denso. Marco sintió cómo el perfume dulce y empalagoso de Amalia chocaba contra la madera seca de Diana y la fragancia fría, casi metálica, de Agatha. Era un campo de batalla invisible donde él, a pesar de su fortuna, se sentía repentinamente vulnerable.
A Amalia no le alcanzaban las palabras para expresar lo que significaba estar ahí con la organizadora más famosa del mundo. Marco le pidió discreción y Diana fingió no escucharla, aunque sonreía de reojo. Amalia lo notó y disparó:
—Mirá, "bombón asesino", esta mujer es famosa en las redes, organizó los eventos más chic. ¿A ella también la envidiás como a mí por tener a Marco? Siempre sola, la pobre.
Diana se rió a más no poder en la cara de Amalia; la había soportado demasiado. Marco intentó hablar, pero Agatha volvió con un contrato y una bolsa de regalos. 
Le entregó el contrato a Marco y le dio la bolsa de regalos a Diana como quien entrega algo valioso. Diana la abrazó; Agatha le dijo: —La próxima vení, el vodka es espectacular, los puentes son una maravilla arquitectónica y....
—¿Cómo? O sea, ¿ustedes dos son pareja? —disparó Amalia con los ojos abiertos como faros.
Agatha la miró de arriba abajo desdeñosamente y terminó la frase: —Los hombres excesivamente caballerosos y guapos.
Marco se quedó mudo reflexionando. 
Entre esas tres mujeres hermosas había más de cien años de vivencias, belleza y las curvas más peligrosas. Sin embargo, a su manera, cada una estaba llena de defectos; eran las curvas que solo una pista de carreras que un experto podía sortear y ganar.
 Él era experto en el ovoide del rugby y, aunque ahora estuviera dispuesto a enfrentar todos los peligros de la vida, sabía que no servía de nada acelerar si no tenía un norte.
Podría acelerar la pista con Amalia si se comportaba mejor ante las personas y seguir soñando con Diana inclusive admirar a Agatha de lejos durante la fiesta. 
Se acomodó el nudo de la corbata y soltó un suspiro; caminar entre Amalia, Diana y Agatha juntas era como jugar un mundial sin protección.
Firmo el contrato pago la mitad y siguió pensando Agatha más que una pista de carreras era una curva cerrada Amalia era la más fácil.
Más viéndola comportarse así como lo hizo lo defraudo ella habia quedado en ridiculo pero siguió alabando a Agatha mientras ella se miraba con Diana con maldad en los ojos.
Manejar esas pistas a alta velocidad intentando llegar a la meta sin cinturón de seguridad en cada curva girar y tomar la otra... era difícil más no imposible por ahora solo derrapara la pista que tenia segura aunque muy dulce:Amalia.
 Marco ya no era el maestro que temía a los números rojos, sino el dueño de su propio destino.
Entendió que su verdadera victoria no estaba en los negocios ni en los lujos, sino en asegurar que, al final del día, el camino fuese derecho y siempre lo llevara de vuelta al abrazo de sus hijas.

domingo, 12 de abril de 2026

Amado esposo

A sus treinta y dos años Olivia sin querer encontró al amor de su vida: Lucio. Un hombre de treinta y cinco años cirujano simpático, con un buen pasar económico una familia simple pero cariñosa y lo más importante que la quería y valorara por lo que ella era. El tiempo transcurre entre flores y bombones de parte de Lucio hasta que los lleva altar. Una bella boda pequeña pero Olivia con su vestido de novia esta hermosa y Lucio con su traje azul marino muy elegante, sus abuelos estuvieron presentes y eso fue un regalo aparte por parte de Lucio hacia ella. Una recepción pequeña y felicidad enorme.
A los dos años de casados llego Valentin una niña sana tez trigueña a sus vidas y no se los podía creer más felices Lucio asistió al parto y acompañó a Olivia todos los días hasta en sus peores antojos. A partir de ahí la vida empezó a cambiarles más drásticamente las noches sin dormir los horarios de las cirugías adelantados pero siguieron felices en su amor. Firmes vencerian al mundo y a todas las contras que les vinieses. Cuando discutían terminan la discusión con una frase: -Acordemos no de estar de acuerdo.- Y cada uno se retira a hacer lo que mejor les plazca.
Lucio seguía con sus peluches y sus rosas solo que ahora eran divididos entre Olivia y Valentina. Y de una extraña forma Olivia lo resentia. Amaba a su hija con todo su ser pero al ver a Lucio cargando a Valentina diciéndole: Mi niña Valiente. Cuando ella Olivia la había traído al mundo en un parto doloroso le molestaba. Lucio se dormía en la habitación con Valentina en sus brazos y Olivia se acercaba para llevarla a la cuna y empezaba a llorar siempre Lucio se despertaba y la llevaba él pero se quedaba dormido contando historias hablándole como si ya fuera una niña grande. Mientras Olivia intentaba dormir su dilema. Lucio y su horario. Lucio y Valentina. Ella había renunciado al trabajo por el embarazo y ahora no tenía donde ir en todo el día no tenía más compañia que Valentina. Y Valentina solo quería estar con Lucio. Se sentía fatal por sentir eso. Más no podía dejar de sentir. No tenía un interruptor para apagar ese sentimiento. Y el abandono. Extrañaba las sorpresas de Lucio las cenas románticas a la luz de las velas los pétalos de rosa regados en la cama las flores y todo aquello. Su corazón se lleno de codicia de romanticismo. Admitía estar pidiendo más y mucho más. Los meses transcurrían y por fin Lucio se dio cuenta que Olivia no estaba bien ya ni se peinaba. No hablaron simplemente la volvió a llenar de aquello que tanto extraña.
Pero el alivio duró poco. Olivia se volvió dependiente, una sombra que lo perseguía por la casa reclamando cada segundo de su existencia. Lucio, agotado por las guardias y por la demanda incesante de una mujer que ya no reconocía, empezó a sentir que el amor se convertía en odio. El cansancio era una costra en su mirada.
Una madrugada, el dolor físico estalló en el vientre de Olivia. Era una apendicitis aguda, clara y peligrosa. En el hospital, en medio del caos de la guardia, ella lo agarró con una fuerza sobrenatural, desencajada y fuera de sí.
— ¡No voy a dejar que nadie más me toque! —gritó Olivia, su voz resonando en las paredes frías del hospital—. ¡Operame vos, Lucio! ¡Quiero que seas vos! ¡Te lo ordeno, juralo! ¡QUIERO QUE SEAS VOS!
Lucio la miró. En ese momento no vio a la mujer de la que se enamoró, sino el ancla que lo estaba hundiendo en un mar de miseria. Entró al quirófano con una calma gélida. Mientras abría el tejido, el llanto de Valentina en su memoria y los reclamos de Olivia se mezclaron en un zumbido ensordecedor. Ya no quería más escenas, ya no quería más súplicas ni más flores compradas por obligación.
Al momento de cerrar, Lucio sostuvo la jeringa en su mano. 
Miró el rostro sedado de su esposa y, con una decisión silenciosa y oscura, la dejó adentro. Sabía perfectamente lo que hacía. Sabía que esa jeringa sería el final de su agonía mutua. Cosió la herida con una prolijidad aterradora, ocultando el arma bajo la piel.
Olivia nunca despertó .
.Ante el cuerpo inerte, Lucio no derramó una sola lágrima. 
Con la misma mano que había dejado la jeringa, tomó una lapicera y firmó el acta de defunción sin temblar. Dejó el papel sobre el escritorio de la clínica y caminó hacia la salida.
 Se fue del hospital sin mirar atrás, sintiendo por primera vez en años que podía respirar, mientras el secreto quedaba sepultado junto con ella
Y él volvió a su libertad.

martes, 31 de marzo de 2026

Prejuicio enfermo

¿Quién diría que en pleno siglo veintiuno el prejuicio estaría tan presente como está?
Porque si vas al psicólogo, estás loco.
Si vas al psiquiatra, estás mucho peor.
Ser discapacitado es ser inválido, no tener piernas, no poder caminar, ser ciego o sordomudo.
Lo demás no existe, son inventos.
Vos no querés ser "normal".
Porque lo normal es lo que la sociedad espera de nosotros.
Nosotros, seres comunes.
Si hay una cosa que toda mi vida me hizo sentir mal es el significado que yo le doy a la palabra comunismo.
SOMOS TODOS COMUNES.
Y yo siempre me sentí especial y no de mala manera.
Yo soy yo y punto, no hay extensiones de mí, ni las habrá.
La moral de esta época, donde un hombre tiene vagina y una mujer pene y está bien y ¡bravo!, ¡qué orgullo!, mira y discrimina a epilépticos, a los que sufren Tourette, depresión, trastorno de atención, etc.
El autismo ha acaparado todo en esa índole.
Si no mirás fijamente a alguien cuando hablás, sos autista.
No es así.
Para todas estas condiciones hay niveles y tratamientos.
No todo se cura con las mismas pastillas y mucho menos con dos secas de marihuana.
Algunos remedios te hacen aumentar o perder peso o algún efecto secundario tienen. 
La epilepsia es convulsiva en la mayoría de los casos, lo que implica que de pronto estás bien y empezás a patear, a tirar manotazos como un ahogado y entrás en un estado avanzado.
El cerebro es —como para que se lo imaginen— un campo lleno de lámparas encendidas; en eso una empieza a fallar y el mismo efecto dominó lleva a las demás hasta provocar que todas las luces hagan un cortocircuito.
Las ondas cerebrales son electromagnéticas, así que creo que es un ejemplo fácil y expeditivo para el lector no entendido en la materia.
Es una afección neurológica que no tiene cura.
Se puede controlar, mas nunca se sana, y todos nacemos con ella igual que con la diabetes, solo que a algunos se les "despierta", o sea se les manifiesta, y a la mayoría no.
Hace años se creía que esta condición no era una enfermedad; estabas poseído por algún demonio.
Hace poco, en un país limítrofe al mío, a una mujer le dio una convulsión y le practicaron un exorcismo en pleno siglo veintiuno.
¿No queman brujas de casualidad?
Vemos gente vestida de animales, pero hagamos un exorcismo a esta mujer que está convulsionando en la calle...
¡El Diablo la quiere hacer su esclava!
¿Doble moral?
 No, para nada. 
¿Se notó el sarcasmo o lo escribo de nuevo?
El Tourette son movimientos espasmódicos y tics corporales muy dolorosos; en la mayoría de los casos retenerlos puede ser tan agobiante luego que llegan al límite, ya que los músculos se tensan provocando dolor.
Sin contar si a eso lo acompaña la coprolalia, que es decir palabras mayormente obscenas.
Y la mayoría sacan el celular y no para llamar a emergencias, sino para filmar y reírse en redes sociales.
Exponen los malestares de personas más vulnerables.
Porque cuando te dan el diagnóstico de que lo posees o alguien cercano a vos lo tiene, lo primero que se siente es depresión y la clásica pregunta: 
¿POR QUÉ A MÍ? 
Te llenás de frustración, la vida se vuelve una sombra ya que esto no lo podés hacer... ejemplo: manejar o algo de equilibrio, ya que suele fallar en algunos casos no podes tener cosas de vidrio ya que esta el riesgo de tirarlas y cortarte y así un sin fin de ejemplos.
Para un diabético inyectarse insulina es, desgraciadamente, su día a día y comer carne, y ahí saltan los veganos a quejarse de que son asesinos.
No lo son, no quieren morirse de hambre; así de vulgar te lo escribo y disculpame, querido lector, es que en esta era no habría por qué explicar nada y, sin embargo, para algunos hay que explicar todo y hasta excusarse.
¡NO SE ELIGE ESTAR ENFERMO!
Estas realidades limitan.
Hay senderos para ciegos que me parece un gran paso, igual que los semáforos y las Olimpiadas Especiales.
Pero esas son discapacidades mayores, por decirlo de alguna manera.
Cuando saques a pasear a tu perro, recogé lo que deja, porque esa suciedad que ignorás termina en las manos de los que van en sillas de ruedas .
Ayuda a cruzar al no vidente.
No mires mal a nadie.
 Empatía básica.
Cuidado mínimo.
La fotosensibilidad viene de muchas cosas y las migrañas que ocasiona son muy crueles.
Te cambia el ánimo un dolor de cabeza normal, imagina una migraña...
Pero intentás ir a averiguar con un psicólogo que te derivo el neurólogo  porque puede ser nerviosa la causa y solo querés una charla con un especialista —y de paso para relajarte—, y ya estás loco.
Vos solo buscás una óptica diferente y tal vez más centrada.
¿Nunca les molesto el flash de la cámara cuando les toman muchas fotos?
Es más o menos eso a milésima potencia.
No digo que todos los especialistas sean santos y expertos, nada más lejos de mi opinión; hay que buscar para encontrar al adecuado, que te dé un tratamiento tanto para el paciente como para el entorno que sufre.
Si hay entorno obviamente.
Podés estar deprimido por algo que te sucedió y querer volver a estar bien, y vas al psicólogo y te deriva a un psiquiatra que te medica, ya sea con un placebo suave o un remedio fuerte; vos solo querés salir de esa depresión que te tuvo cautivo desde que abriste los ojos hasta que los cerraste para ir a dormir, martillando tu cabeza cual taladro hidráulico.
Pero a los ojos de esta sociedad, estás loco.
No se cura una depresión con ponerle ganas ni un ataque de pánico con respirar profundo. Pedirle a un epiléptico que controle su cerebro es tan ridículo como pedirle a un asmático que fabrique su propio oxígeno.
En los años noventa muchos acá fueron diagnosticados con epilepsia y ahora están sanos.
No es así.
Simplemente eran jóvenes, estaban sobreestimulados, estresados, con las hormonas alborotadas por la edad y tuvieron una convulsión nerviosa o varias, y el neurólogo o psiquiatra dijo: "Otro para las estadísticas".
Qué ganaban los médicos con esto no tengo idea.
 Pero sé que pasó.
Deformidades desagradables a la vista sensiblera de muchos progresistas del falso progreso   como hidrocefalia, alergias, tumores, masas: 
¿Y qué hacen?
Sacan el celular y les toman una foto.
Ah, pero no se puede sacar una foto a una drag queen que es la copia de María Antonieta porque denuncia y escrache social.
¿Y los otros dónde denuncian?
 Nadie te toma la denuncia.
 Moral patética.
Yo no digo que ser homosexual sea una enfermedad , nada más dista de mi pensamiento; solo quiero explicar que ellos o elles, o como deba mencionarlos, optaron por esa vida, ya que muy pocos lo sienten realmente de niños.
La anorexia y la bulimia tampoco son algo voluntario y se quedan mirando a estas personas con asco mientras ellos se inyectan botox ácido hialuronico se hacen implantes capilares y demás para ni siquiera ser normales ser comunes porque exageran y terminan deformen e iguales vienen en tres modelos pelirrojo,morocho y rubio.
Gente de plástico concentrado.
La cuarentena, que aquí fue la más larga del mundo, contribuyó de sobremanera a aumentar los casos de ansiedad social, agorafobia y distintos trastornos.
Hay gente que aún hoy no sale de sus casas por temor y pasaron seis años.
El síndrome de personalidad límite ahora salió a la luz y no es un chiste.
Es un patrón de inestabilidad emocional y de las relaciones; es vivir en una montaña rusa constante, con un miedo profundo al abandono y se enojan con facilidad; muchos solo intentan manejar una intensidad que les quema por dentro.
Como cuando dicen de alguien que hoy dice NO y mañana dice SÍ que es bipolar. 
No lo es.
Cambio de opinión.
La bipolaridad es otra cosa más grave.
Esos tocs pueden o no ser síntomas, pero el dedo que juzga siempre es el mismo.
Dejen de apuntar la cámara del celular y el dedo pensando que una convulsión es por la droga o que alguien está "fuera de sí" por elección.
Vivimos en una era donde es casi obligatorio preguntar el género de cada "elle", pero nadie se toma un segundo para preguntar si la persona que sufre una convulsión o un tic está enferma o necesita ayuda.
Es la misma falta de empatía que ignora el esfuerzo por seguir adelante mientras otros critican.
Las enfermedades de la piel tampoco son una broma pero asi se toman ; llevar la cara llena de minis volcanes en erupción no es una elección estética, es un padecimiento que se carga a la vista de todos y no es lepra.
Miran a los que padecen hidrocefalia o tumores muy visibles como si fueran alienígenas, con una curiosidad morbosa que despoja de humanidad al que tiene enfrente.
Si tenemos tanta delicadeza para algunos y tanta crueldad para otros, entonces el prejuicio nos ganó y es una moral selectiva.
Y un prejuicio.
No es una falla de carácter, no es un capricho y mucho menos un invento para llamar la atención.
A veces el cuerpo, manejado astutamente por el cerebro, simplemente se dispara y toma el control: un parpadeo constante que no podés frenar, un hombro que se sacude solo o un sonido que se escapa sin permiso.
Son tics involuntarios, chispazos de un sistema que no te define como persona pero que te expone ante la mirada ajena.
El verdadero cortocircuito no está en el cerebro del que padece, sino en la mente del que señala y juzga.
No está mal ir al psicólogo; no es síntoma de locura, es de valientes que buscan entenderse en un mundo que prefiere filmar antes que ayudar.
No está mal buscar una guía para aprender a caminar en la propia tormenta.
De la depresión con buenos consejos tanto médicos como de familiares y/o amigos y seguimiento se sale.
Vitorean gloriosos a una joven que se practicó dos abortos en seis meses mientras miran con horror a un niño con hidrocefalia.
¿Creen que el niño hizo algo para tener esa condición?
El síndrome de Down lo sufren muchos pero se usa como insulto, siendo que han demostrado ser muy capaces.
Algunas enfermedades son genéticas y/o hereditarias.
Aplauden al sobrepeso porque no pueden pagar el Ozempic y tratamientos estéticos ; cuando puedan se les olvida.
Algunos tiemblan cuando se sienten nerviosos o les sudan las manos y no, no están sufriendo un ataque al corazón ni están alcoholizados; están nerviosos y esta es una manera involuntaria de demostrarlo.
Todos nos lavamos los dientes antes de dormir, ¿verdad?
Hay quienes lo hace muy pulcramente y no es un tic.
Capaz hayan sufrido algún tipo de infección o no... Gustos, libertades caprichos..
Pero ya es un psicótico de la limpieza bucal.
También están los que sufren de trastornos obsesivos compulsivos.
Algunos limpian compulsivamente cada superficie buscando un orden que el mundo no les da, mientras quienes los juzgan ignoran que su propia máscara es solo una apariencia más; mientras tanto, el prejuicio sigue ganando terreno.
Si seguimos así por culpa del prejuicio y del olvido de otros, ya que hemos sido perseguidos —sí, como suena—, tendremos no solo que andar con un cartel porque no exigimos que se no se nos trate diferente, sino que buscaremos un día, ya que hay varios, y nos obligarán a sentirnos orgullosos de nuestras condiciones y marchar por la avenida cada uno con un cartel con su condición.
¿Eso quieren?
¿A ese límite nos quieren acorralar?
Saben que muchos no tienen dinero para sus remedios y sus tratamientos y es muy difícil conseguirlo gratis.
No todos quieren exponerse ni a sus males; sé que muchos hacen lo posible para visibilizar sus males y ellos mismos nos cuentan lo mucho que han sido maltratados.
Si realmente quieren ser inclusivos, dejen de mirar como si fuéramos de otro planeta y extiendan su mano.
Si aceptaron a los gays, lesbianas, transgénero, trans edad y hasta a los therians, ¿por qué no a los que vamos al psicólogo para un simple desahogo o por alguna condición?.
No les estamos pidiendo nada más que el mínimo esfuerzo pero se niegan a hacerlo.
Una mano amiga.
Un poco de consideración.
Guarden su prejuicio.
No pregunten asombrados que ¿es eso? y su dedo señalador.
Sigan, sigan con su cámara y sus críticas; el prejuicio y la moral barata destruirán al mundo que bastante podrido esta.


Nota de la autora: 
No soy psiquiatra, ni psicóloga, ni farmacéutica; solo quise hacer un simple descargo.
 Existen terapias variadas: desde la terapia cognitivo-conductual y la estimulación magnética, hasta la musicoterapia y la terapia con animales. 
La depresión es un tema serio y no es simplemente "estar bajoneado".
 Muchas de estas condiciones no tienen cura, o los tratamientos son demasiado agresivos e invasivos. Y si estas personas han aprendido a vivir estoicamente con estos problemas limitantes, ¿por qué la mayoría sigue viéndolos como "loquitos de m^^^"?
 Hablo de las enfermedades que conozco. 
No hablo del enanismo, ni de la dislexia, ni de temas que no domino; por eso omití tantos. Sé que se organizan eventos y convenciones, y que en algunos casos existe una intervención para la epilepsia, pero es muy riesgosa, igual que para el Tourette. Es increíble que tenga que volver a explicar cosas que se pueden encontrar en Google, pero aquí va: dejen sus prejuicios, no contagiamos.
 Contagien empatía, contagien cariño, una mano amiga o un oído comprensivo.

jueves, 26 de marzo de 2026

Último amanecer

 Mi corazón se volvió gélido y gris, tal vez por tus acciones o por el vacío que dejaron.
No te doy todo el crédito, yo también puse de mi parte para levantar este muro.
Pero llegó un punto en que solo quería ver el amanecer una vez más.
Y no me dejaste.
Pusiste una venda en mis ojos.
Tuve que cerrarme o morir en un llanto eterno; no hubo otra opción.
Ahora que el silencio me atraviesa y tus pasos se escuchan tan lejanos que ya no los reconozco, entiendo que el tiempo logró curarme de ti.
Ya no te necesito.
Mis ojos solo buscan la luz del sol entre las tinieblas, una última vez, para terminar de derretir esta coraza.
Ya no te espero en ninguna parte.
Eres una sombra, una mancha en mi vida, una presencia falsa que se desvanece con la claridad.
No quiero recordarte, solo quiero que la luz te borre para siempre.
Porque al final… yo solo quería ver el amanecer para salvarme y evitar este cruel proceso.
Más así pasó.
Yo despertaré con el sol, tú morirás con él; si es que estás vivo.
Ya tu alma no es tu alma.
Tu mente no es tu mente.
Y tú amabas el amanecer y por él morirás en mi vida.
Sin vendas son recuerdos.
Aunque el sol me ciegue yo necesito ver el amanecer.
Ya no hay eco tuyo en mis mañanas.
El frío que me regalaste se quedó pegado a las sábanas un tiempo, pero el sol lo está arrancando capa por capa, como piel muerta.
Cada rayo que entra por la ventana es un clavo más en el ataúd de lo que fuimos.
No te odio.
Simplemente ya no cabes en la habitación cuando entra la luz.
Ya no hay promesas susurradas al atardecer que valgan.
Ya no hay “mañana lo hablamos” que se cumplan.
Solo hay este ahora: el cielo abriéndose, la piel despertando, el pecho expandiéndose sin tu peso encima.
Que el alba te encuentre donde sea que estés,
y que te recuerde —sin piedad— todo lo que perdiste al apagar mi luz.
Yo, en cambio, la recuperé multiplicada.
Cada rayo que me toca es una pieza que me devuelvo a mí misma.
El amanecer ya no lleva tu olor, ni tu eco, ni tu mentira.
Solo lleva calor.
Solo lleva vida.
Solo me lleva a mí.
Y si alguna vez el sol decide cegarme del todo,
que así sea.
Prefiero terminar disuelta en su fuego
a seguir existiendo a medias en tu sombra fría.
Porque al final,
el amanecer no pide permiso.
Llega.
Quema.
Cura.
Y yo lo recibo con los ojos bien abiertos,
aunque duelan,
aunque sangren,
aunque todo se vuelva luz pura e insoportable.
Ya no queda nada tuyo que pueda tocar esta hora.
Ni un susurro, ni un recuerdo que se cuele entre los párpados.
Solo el sol, crudo y entero, reclamando lo que siempre fue suyo:
mi despertar.
Mi existencia sin excusas ni vendas.
Mi forma de volver a ser, completa, sin ti.
Yo necesito ver el amanecer.
Y ahora lo veo.
Cada maldito día.
Sin ti.
Pero por mi.

Prejuicio enfermo

¿Por qué no?

Damián es un chico excluido, retraído en su carácter, que sufre de bastante acoso en su escuela, aunque a él no le importa.  Solo sueña...