Es la noche más oscura y tu recuerdo me tiene en la mira como un águila a su presa.
¿Qué más hacer?
Dejarme vencer y caer en la fatal trampa de un recuerdo de algo que pasó y pudo ser mejor o sumergirme en la fría seda de mis sábanas donde reposaste la cabeza tantas veces en mis sueños más bellos y en aquellos días donde tenía una caricia en la pantalla del móvil todas las mañanas.
O seguir adelante con esperanza buscando nadar como siempre olas gigantescas que me pueden o no ahogar.
Pero tengo parte de sirena; a medida que los días transcurren, más me convenzo de que la noche y el mar son mi lugar.
Y tu recuerdo ya no moja, pero lastima.
Son garras esos momentos.
Ya serán espinas...
Hoy siguen siendo garras crueles.
Si no te alcancé o si te sobré.
Ahí llega la duda siempre con su daga al costado, cual villana tramposa.
Mi mente se torna más oscura que la misma noche; allí no hay luna ni estrellas; solo abismos.
No soy como las demás. No me detuve a llorar ni a ver cómo tu barba se tornaba entrecana; seguí mi vida con el alma rota, atrapada como una mosca en una telaraña.
Hice mi duelo a mi manera.
Como siempre, no puedo darme esos lujos burgueses de llorar y detener el tiempo.
Yo paso encima del incendio de mi corazón, vivo al límite con todas las dudas y recuerdos que quieran atraparme, que se tornan un hoyo negro y me arrastran por momentos como esta noche.
Me dejaré caer, me quemaré si es necesario, seré la presa; ¿qué más da?
A veces toca llorar.
No es el fin del mundo, pero se siente parecido.
Aunque no debería conocer el sentimiento, lo conozco.
Las sombras se apoderan de todo.
La neblina es mi cabeza.
El dolor se instala en mi corazón, punzante.
¡No quiero convertirte en la destrucción!
Tampoco recordarte.
No debo justificar nada, pero lo hago; es mi necesidad de explicar el mundo.
Aquí me tienes, cruel duda e implacable recuerdo.
Tómame, llévame a los abismos de la tristeza, haz que sangren mis ojos de tanto llorar, quema mi corazón y deja tu marca.
Es tu señal.
Me rindo hoy, pero me levanto mañana.
Ya depurada de ti.
Dejaré vagar mi mente en ti de vez en cuando como un recuerdo lindo, si no lo destruyes esta noche.
¿Estamos de acuerdo?
Permiso, me retiro a llorar mirando las estrellas inalcanzables que flotan sobre el mar...
Allí despertaré mañana.
Mitad sirena siempre fui.
¿Qué más hacer?
Dejarme vencer y caer en la fatal trampa de un recuerdo de algo que pasó y pudo ser mejor o sumergirme en la fría seda de mis sábanas donde reposaste la cabeza tantas veces en mis sueños más bellos y en aquellos días donde tenía una caricia en la pantalla del móvil todas las mañanas.
O seguir adelante con esperanza buscando nadar como siempre olas gigantescas que me pueden o no ahogar.
Pero tengo parte de sirena; a medida que los días transcurren, más me convenzo de que la noche y el mar son mi lugar.
Y tu recuerdo ya no moja, pero lastima.
Son garras esos momentos.
Ya serán espinas...
Hoy siguen siendo garras crueles.
Si no te alcancé o si te sobré.
Ahí llega la duda siempre con su daga al costado, cual villana tramposa.
Mi mente se torna más oscura que la misma noche; allí no hay luna ni estrellas; solo abismos.
No soy como las demás. No me detuve a llorar ni a ver cómo tu barba se tornaba entrecana; seguí mi vida con el alma rota, atrapada como una mosca en una telaraña.
Hice mi duelo a mi manera.
Como siempre, no puedo darme esos lujos burgueses de llorar y detener el tiempo.
Yo paso encima del incendio de mi corazón, vivo al límite con todas las dudas y recuerdos que quieran atraparme, que se tornan un hoyo negro y me arrastran por momentos como esta noche.
Me dejaré caer, me quemaré si es necesario, seré la presa; ¿qué más da?
A veces toca llorar.
No es el fin del mundo, pero se siente parecido.
Aunque no debería conocer el sentimiento, lo conozco.
Las sombras se apoderan de todo.
La neblina es mi cabeza.
El dolor se instala en mi corazón, punzante.
¡No quiero convertirte en la destrucción!
Tampoco recordarte.
No debo justificar nada, pero lo hago; es mi necesidad de explicar el mundo.
Aquí me tienes, cruel duda e implacable recuerdo.
Tómame, llévame a los abismos de la tristeza, haz que sangren mis ojos de tanto llorar, quema mi corazón y deja tu marca.
Es tu señal.
Me rindo hoy, pero me levanto mañana.
Ya depurada de ti.
Dejaré vagar mi mente en ti de vez en cuando como un recuerdo lindo, si no lo destruyes esta noche.
¿Estamos de acuerdo?
Permiso, me retiro a llorar mirando las estrellas inalcanzables que flotan sobre el mar...
Allí despertaré mañana.
Mitad sirena siempre fui.