-Ayudenla-
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martes, 11 de agosto de 2026
Corredor
-Ayudenla-
martes, 28 de julio de 2026
La infección del adoctrinamiento
Alondra decidió ir al restaurante para ver si habían impreso los nuevos menús; después de todo, ella misma los había diseñado. Al llegar, ver el lugar tan vacío le quebró el ánimo. Era fin de mes y la economía estaba bastante difícil.
De eso se puso a charlar con el dueño, quien amablemente le mostró la carta. Alondra se horrorizó: ese no era el diseño que ella había preparado. En la imprenta se habían confundido de archivo PDF.
-En fin -se dijo para sí misma-, así son las cosas.
-Para colmo de males, ya lo pagué -se lamentó el dueño.
-¿No podés reclamar?-
-No.-
-Y bueno, por lo menos los precios son los correctos. Tranquilo, esperemos que esto repunte.-
-Dios te oiga.-
En ese momento cayó -sí, cayó, porque esos seres fanatizados no llegan, caen como aves de mal agüero y cargados de ira- un cliente. Alondra lo miró y se corrió del mostrador con un movimiento rápido y elegante. Pero el sujeto la vio y, después de conjugar apenas dos verbos para hacer su pedido, la miró con una extraña confianza y empezó a pregonar su ideología política.
-En este país hay un treinta y tres por ciento de personas que votan bien, votan peronismo. Los demás joden al país.-
Alondra revoleó los ojos por la sola idea de que esa gente creyera que votaba bien y siguiera votando igual.
-Lo mío es de familia: mi bisabuelo era peronista, mi abuelo era peronista y mi padre me crió para ser peronista, como a él lo criaron -clamó con orgullo.
Alondra movió la cabeza en señal de negación.
-¿No qué? -saltó él.
-Disculpe, ¿a mí me habla? —respondió ella con tono irónico.
—Sí, a vos. ¿No qué?-
-No a su adoctrinamiento. A mí me enseñaron a pensar desde chiquita; me mostraron lo bueno y lo malo y me dieron a elegir. Siento lástima de que usted no haya tenido esa oportunidad.-
-¡Ah! Tus padres son unos traidores a la patria.-
-Disculpe, mis padres están en el seno del Señor. Si quiere puede insultarme a mí, pero a ellos no.
El dueño del restaurante se quedó impávido al ver ese lado de Alondra, que siempre era tan servicial, caritativa y dulce. Intentando desviar la atención, intervino:
-Alondra, ¿pudiste pagar...?
-Creyente católica, el opio de las masas -la interrumpió el hombre-. Alondra... qué nombre tan musical. Es irónico que no te hayan nombrado como a una virgen.
-Señor, usted toca fibras sensibles en mí y ni siquiera ha dicho su nombre.-
-Pedro -respondió petulante.
-Eran otras épocas, ¿sabe? Pedro mi familia y yo eramos muy felices. Recuerdo las vacaciones enteras en la costa, los eneros interminables en la playa, corriendo por las playas yendo al cine al teatro... Fue una niñez tranquila y perfecta.Había respeto.-
Pedro soltó una carcajada seca y sacudió la cabeza con desprecio.
-Sos una digna hija de la clase mierda -disparó sin disimulo-. ¿En la costa? Bien de clase mierda. Los demás nos íbamos a Disney,a Brasil.-
Alondra lo miró con distancia y, con un rostro totalmente distinto, volvió a dirigirse al dueño:
-Gracias a Dios sí pude pagar, solo que es una exageración lo que cobran esos desgraciados. Vivo acá, no en Recoleta. ¿Querés que vaya yo a la imprenta la próxima vez?-
-¡Eres tú! -gritó Pedro señalándola como si viera a un enemigo-. ¡Fuiste vos la loca que en la esquina llamó a la policía porque abajo unos trabajadores hacían un asado! Hace años de esto, pero ya sé quién sos, desgraciada.
Alondra hizo memoria y encontró el recuerdo. Para ella, ese tipo de episodios valían menos que nada.
-A ver: estaban en plena ciudad, debajo de mi ventana, haciendo un asado y la habitación se me llenaba de humo. ¿Usted no sabe que eso está prohibido?-
-¿Pero era necesario llamar a la policía?-
-Sí. Pasé con una amiga y "nos ofrecieron un chorizo". ¿Me entiende o su doctrina no lo deja ver más allá de su nariz?-
-Si en frente vos te basas en la ley de los yutas.El país que tu gobierno destruye día a día.-
-Tengo sesenta y cinco años, no miro esas cosas de redes.-
-A veces es bueno ver a los locos de los streamings, pero si no le gusta, yo no obligo a nadie a ver nada.No me educadron para obligar sino para pensar y defenderme .-
Desviando definitivamente la conversación, miró de nuevo al dueño del local:
-Por fin arreglé para que saquen la bañera.-
-¡Qué bien! -dijo el dueño-. Te tenía a mal traer eso. ¿Lo demás pudiste?-
-Sí, corre por parte de ellos.-
-Ah, te aprovechás del consorcio. Qué bien -acotó Pedro.
Sin pedir permiso, el hombre le tomó las manos a Alondra y se las besó.
Luego recogió su pedido y se fue silbando la marcha peronista.
Fue al médico y allí terminaron de curarla aunque ni ellos los médicos sabían que era pero le dejaron las manos como nuevas.
Al salir de la clínica se cruzó con Pedro: a él le habían operado la boca.
jueves, 9 de julio de 2026
Lucia y el Dragón
Lucía tenía un "corazón de oro", no porque fuera una joya sino porque era tan valiente, tan pura y tan brillante que su sola presencia llenaba de luz los días más nublados.
Un día, el Dragón Sombrío apareció en medio del pueblo, extendiendo sus alas gigantescas que ocultaron el sol.
martes, 9 de junio de 2026
¿Por qué no?
De esta manera pasaron años hasta que estaban por egresar y cayó como un rayo la noticia: Damián estaba internado.
Por la tarde, ella quiso ir al hospital y, cuando llegó, Damián estaba dormido y desfigurado. Le sacó una foto con tanto descuido que lo hizo abrir los ojos.
-Sé que eres tímido, que tenés algún tipo de problema en el habla, pero a mí me podés contar todo -le dijo.
Damián abrió los ojos lo más que pudo y llamó a la enfermera. Ella le dejó las cosas y se quedó hablando con el custodio policial.
-Oficial, esto es demasiado. Me sacan de su cuarto cuando yo tengo cosas que decir y es mi deber como amiga acompañarlo -sollozó.
El oficial le preguntó si ya había declarado. Ella asintió con un gesto por demás aniñado.
-Si ya hiciste eso, nada más podés hacer que ayude a la policía.-
-¿Seguro?-
-Sí, pero quedate tranquila, es el shock. Es un muchacho muy débil.-
El oficial le dio una palmada en el hombro, invitándola a retirarse.
A esta contundente filmación se sumó el peritaje de su celular, el cual fue confiscado de inmediato.
Con todas estas pruebas devastadoras, el inspector se presentó en el hospital. Damián ya había despertado y, aunque con una profunda angustia, pudo declarar ante la justicia.
Samanta fue detenida esa misma tarde.
El inspector, completamente impactado por la crueldad de la joven, la miró fijamente y le preguntó por qué lo había hecho, qué razón tenía para ensañarse así con él, con un muchacho débil que no le había hecho nada más que admirarla en secreto.
-Esa no era mi amiga -decía Dina—. ¿Quién era este monstruo? Si yo estaba casi todo el tiempo con ella, ¿cómo pudo hacer eso?-
Nada cerraba. Hasta que todo cerró.
-¿Por qué no? -preguntó con una mirada totalmente despiadada y cínica.
Y así lo gritó y lo gritó ante todos, mientras los que la querían se terminaban de dar cuenta de que era una psicópata por naturaleza.
-¿Por qué no?-
Sus palabras quedaron flotando en el aire y lo impregnaron de maldad.
domingo, 12 de abril de 2026
Amado esposo
martes, 17 de marzo de 2026
"Dominadora de noche"
Por eso estudió medicina y se especializó en oncología.
Lee va bastante bien, tiene su nombre y su prestigio.
Es realmente buena en lo que hace, es empática y ese don es muy preciado, más cuando tiene pacientes terminales.
No podía recordar a todos, pero sí a varios, a uno en especial: un hombre adinerado que se negó a hacer quimioterapia y solo esperó morir, con un profundo dolor que ni la máxima dosis de morfina calmaba.
Ella, en un acto de piedad, se quedó con él mientras agonizaba. Antes de morir le confesó que había sido infiel miles de veces a su esposa, tantas que lo había descubierto y llevado con ella a su hijo; hacía años no lo veía, calculaba que ahora sería un hombre derecho.
También que su dinero estaba manchado con sangre.
Que se había unido en su momento a toda mafia de guante blanco que se le cruzara y por eso soportaba la agonía.
Fiama lo miró con sus ojos tristes y le pidió que se calmara.
—Eres tan dulce… ¿Qué te habrá pasado para ser esta médica de corazón?
—Nada.
—Tan bella, sin prejuicios, escuchaste todo lo que confesé quieta, solo mirándome con tus ojos… Debes haber sufrido mucho o simplemente eres un ángel en la tierra…
Fiama iba a responder, pero el paciente falleció.
Lo cubrió con la sábana, marcó la hora del deceso y se marchó.
Fiama no iba a confesar nada.
Ella tenía una doble vida. Hacía años, para sustentar la facultad, empezó a prostituirse de vez en cuando, una o dos veces al año, con señores mayores que pagaban muy bien.
Lidia, su compañera, le presentó a uno que quería ser dominado y le explicó cómo hacerlo. Fiama aceptó el reto y le gustó… tener el control, humillarlo, maltratarlo y aún así, sin acto sexual, cobrar.
Investigó sobre el tema del sadomasoquismo y BDSM.
Era un mercado exclusivo.
Fiama invirtió el dinero ganado en ropa de cuero y látigos.
Con el pasar de los años juntó lo suficiente como para alquilar un departamento de dos habitaciones y moldear una para que pareciera una cueva con paredes rojas, cruces y una cama de postes con arneses para atar.
Allí tenía su peluca pelirroja natural y otros accesorios para ser Valquiria; ese era su nombre de dominatriz.
Sus parejas a lo largo de los años fueron hombres agradables que nunca supieron nada de su otra vida; algunos jugaban juegos de roles, otros no, ninguno pidió dominar ni ser dominado.
Pero ninguno le alcanzó para formar una familia y dejar a Valquiria en el pasado.
Tal vez no eran ellos, era ella que necesitaba el control absoluto en su vida… tal vez.
En la clínica ella era la que prescribía tratamientos y daba las malas y buenas noticias.
En su casa ella limpiaba y ordenaba.
Fiama.
En el departamento ella también limpiaba y ordenaba, sobre todo el cajón de perfumes para hombres; como su clientela era mayormente hombres casados de buen rango económico, ella guardaba en un cajón sus perfumes para que luego de bañarse se los pusieran y así evitar problemas.
Obviamente, antes de entrar, todos los clientes dejaban sus pertenencias en un cajón.
Y allí Valquiria es quien ordenaba como reina de un paraíso muy parecido al averno, pero que muchos gozaban.
Era una dualidad como la de cualquier mujer… explicó una vez, pero la juzgaron de tal manera que solo decidió nunca más rendir explicaciones a nadie.
Lunes, miércoles y jueves, Fiama era completamente Fiama.
Jamás atendía un cliente esos días. Jamás respondía un mensaje de esa índole.
Era Fiama amando su hogar mientras estaba en él y luchando contra el cáncer de sus pacientes.
Viernes y sábados era más Valquiria, aunque sí atendía cosas de Fiama.
Fiama siempre ganaba por más que no hubiera una lucha entre ellas.
Los domingos simplemente miraba televisión, resolvía algún trámite de cualquiera de sus trabajos y era ambas o ninguna.
No sentía conflicto de estar dividida; ambos roles eran totalmente normales para ella.
Y en ambos era la mejor.
Ya se había cansado de psicólogos sin títulos a los cuales tenía que justificar sus acciones; ya de pequeña tuvo las ideas claras en su cabeza, aún luego de enterrar a su hermana Greta y quedar ella sola en el mundo y en esa época tan oscura de su vida sí tuvo terapeutas que sí se habían ganado el título.
Fiama amaba la vida a su manera.
No lastimaba a nadie si no se lo pedían y las heridas siempre eran superficiales y por ellos pedidas.
Un cliente una vez quiso probar wax play: un juego con velas y por un mal movimiento suyo salió con una pequeña quemadura en la espalda.
Los latigazos y gritos eran más lo suyo; sentía un inmenso placer cuando le lamían las botas a modo de saludo, a partir de entonces todo era dominación.
Fiama debía luchar con fuerzas más grandes que ella y vencerlas.
Un domingo lavaba las sábanas de ambas camas aunque muy rara vez durmiera en la cama de postes; era muy meticulosa en tener todo limpio, dejó andando el lavarropas y fue a comprar un perfume para la casa y otras cosas a la farmacia cuando vio en la pantalla lo mal que estaba el mundo.
Cuántos colegas de ella estaban sin empleo y agradeció su suerte, más se quedó un gusto a podrido en la boca mientras caminaba; le llegó un mensaje de su excompañera, aquella que la introdujo en el mundo de la dominación.
Fue tan triste el texto que Fiama hizo una introspección en su vida y se dio cuenta de que tenía demasiado.
Aunque siempre donara, esto ya era un pedido de auxilio urgente.
Leslie estaba en apuros y no solo ella.
Llegó a su casa con su vestido amarillo y pensó, ubicó horarios, personas, clientes, pacientes y tuvo un pequeño sueño.
Armar una salita de urgencias; para lograrlo tendría que ser Valquiria de lunes a sábados.
Usaría más la “casa roja” como solía llamarla, ya que allí todo o casi era rojo y negro.
Desde los látigos hasta su ropa.
Aprovecharía su alquiler; de tanto escuchar a los ricos quejarse de sus aburridas esposas, les pediría dinero para donaciones.
A ellos les sobraba lo que otros necesitaban; Fiama y Valquiria serían un puente magnífico.
Al principio ser Valquiria todas las noches fue cansado, pero logró acostumbrarse a la peluca roja y los corsets rojos con encaje negro, a dar latigazos fuertes y hasta a bailar para un diputado una danza árabe que Leslie le enseñó, pero las horas de práctica fueron bien invertidas.
El “caballero” le donó un terreno a medio construir.
Y así, entre vestidos color pastel sobre guardapolvo blanco, era Fiama la que daba la cara para donaciones menores con su cabello marrón y su sonrisa; les contó la situación a las familias adineradas de la clínica hasta que le ofrecieron hacer una cena de beneficencia con lo recaudado terminaron de construir la salita.
Leslie juntaba donaciones de farmacéuticas.
Los amigos de ambas pintaban y demás.
Un domingo mientras Fiama pasaba por la casa roja a lavar las sábanas recibió un llamado de urgencia: un paciente quería verla, era un señor que estaba internado.
Fue a su casa, puso a andar el lavarropas y se puso un vestido amarillo, se ató el pelo y puso un poco de labial rosado y se marchó al hospital.
Al llegar, el paciente y ver su historial, se acercó a la habitación, entró con una mirada amable y le dijo:
—Don Joaquín, me estaba buscando, acá me tiene.
—Mi bella Fiama, sabes que muchas veces quise estar con Valquiria y por pudor y respeto no lo hice.
Asombrada, Fiama lo miró y lo negó.
—Mi niña, soy hombre de mundo y me enteré, no te apenes, hermosa; mi amor por mi familia es enorme y entiendo que necesitas el dinero y más ahora. Yo, como habrás visto, estoy entrando en metástasis.
Voy a dejar un donativo para tu salita porque, si bien no conocí a Valquiria, no debe ser tan dulce como Fiama.
Ella golpea, humilla; tú, preciosa, das la mano y sonríes.
¿Cómo convives con esa dualidad?
—Es fácil, a veces hasta siento alivio en castigar a ciertos hombres corruptos. Muchos han estafado a otros menos afortunados, la mayoría son ladrones de guante blanco, don Joaquín.
—Claro, sí, y conocidos míos… tranquila, no diré nada. Soy de la idea de que Dios es amor, pero una dominatriz no ama y tú ni siquiera tienes sexo con ellos… ¿no te creerás la mano de Dios en la Tierra, verdad?
—No, nada más lejos. Quiero ayudar; ahora era solo mi beneficio.
—A esa causa este viejo va a ayudar y si pudiera te sacaría de esa profesión. Aunque el morbo me consume, muéstrame a Valquiria.
—¿En serio, don Joaquín?
—Unas fotos debes tener en tu celular, quiero ver tu otro rostro, no logro imaginarla.
Fiama sacó su móvil y le mostró unas fotos de ella con la peluca roja, vestida de cuero negro y rojo, con botas con cordones largos, con corsets, su maquillaje rojo y negro y algo de la casa roja.
Don Joaquín se rió y admitió que no era suficiente, que quería probarla, pero no lo haría.
Fiama sonrió con su lápiz labial rosado y se acomodó la falda del solero amarillo.
—Doctora, gracias, sé que me queda poco y la verdad me ha impactado. Solo una pregunta y juro llevarme a Valquiria a la tumba y todo lo que sé: ¿es cierto que nada de sexo sucede allí?
—A veces me hacen un oral o se masturban, nada más y en algunos casos los penetro yo a ellos con consoladores. ¿Ya?
—¿Y cómo te atas los cordones de esas botas largas?
—Ay, señor, jajajaja, tienen un cierre oculto.
Y así Fiama se sintió más ligera y habló de casi todo con su paciente hasta que fue la hora de comer y ella se marchó.
Don Joaquín quedó impactado; el contraste de Fiama con Valquiria era espectacular y asombroso. Si le dieran a elegir, él se quedaba con Fiama con su sonrisa amable, su labial rosa y sus atuendos de colores pastel.
Valquiria, aunque majestuosa, no era su clase de mujer.
Al fallecer, este buen samaritano dejó un gran cheque a Fiama que le permitió abrir la salita que nombró “Joaquín” sin apellido porque él no quería reconocimiento alguno, y dejó a todos sus conocidos cartas para que donen en lugar de ir a llevarle flores al cementerio: que lleven gasas, algodones, insumos en general a la salita.
Así Fiama logró tener su salita tan bien que hasta un resonador magnético le donaron, entre sábanas, camas, equipos quirúrgicos, máquinas de rayos X, tanto que casi era un hospital.
Y las donaciones anónimas siempre siguieron llegando todos los meses.
Fiama trabajaba como administradora de la sala de urgencias, hacía sus rondas médicas allí y en la clínica.
Muy de vez en cuando vuelve a ser Valquiria…cuando la sala lo necesita o cuando ella quiere sacarse el stress de el cuerpo.
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