Buscar este blog

Translate

jueves, 26 de marzo de 2026

Último amanecer

 Mi corazón se volvió gélido y gris, tal vez por tus acciones o por el vacío que dejaron.
No te doy todo el crédito, yo también puse de mi parte para levantar este muro.
Pero llegó un punto en que solo quería ver el amanecer una vez más.
Y no me dejaste.
Pusiste una venda en mis ojos.
Tuve que cerrarme o morir en un llanto eterno; no hubo otra opción.
Ahora que el silencio me atraviesa y tus pasos se escuchan tan lejanos que ya no los reconozco, entiendo que el tiempo logró curarme de ti.
Ya no te necesito.
Mis ojos solo buscan la luz del sol entre las tinieblas, una última vez, para terminar de derretir esta coraza.
Ya no te espero en ninguna parte.
Eres una sombra, una mancha en mi vida, una presencia falsa que se desvanece con la claridad.
No quiero recordarte, solo quiero que la luz te borre para siempre.
Porque al final… yo solo quería ver el amanecer para salvarme y evitar este cruel proceso.
Más así pasó.
Yo despertaré con el sol, tú morirás con él; si es que estás vivo.
Ya tu alma no es tu alma.
Tu mente no es tu mente.
Y tú amabas el amanecer y por él morirás en mi vida.
Sin vendas son recuerdos.
Aunque el sol me ciegue yo necesito ver el amanecer.
Ya no hay eco tuyo en mis mañanas.
El frío que me regalaste se quedó pegado a las sábanas un tiempo, pero el sol lo está arrancando capa por capa, como piel muerta.
Cada rayo que entra por la ventana es un clavo más en el ataúd de lo que fuimos.
No te odio.
Simplemente ya no cabes en la habitación cuando entra la luz.
Ya no hay promesas susurradas al atardecer que valgan.
Ya no hay “mañana lo hablamos” que se cumplan.
Solo hay este ahora: el cielo abriéndose, la piel despertando, el pecho expandiéndose sin tu peso encima.
Que el alba te encuentre donde sea que estés,
y que te recuerde —sin piedad— todo lo que perdiste al apagar mi luz.
Yo, en cambio, la recuperé multiplicada.
Cada rayo que me toca es una pieza que me devuelvo a mí misma.
El amanecer ya no lleva tu olor, ni tu eco, ni tu mentira.
Solo lleva calor.
Solo lleva vida.
Solo me lleva a mí.
Y si alguna vez el sol decide cegarme del todo,
que así sea.
Prefiero terminar disuelta en su fuego
a seguir existiendo a medias en tu sombra fría.
Porque al final,
el amanecer no pide permiso.
Llega.
Quema.
Cura.
Y yo lo recibo con los ojos bien abiertos,
aunque duelan,
aunque sangren,
aunque todo se vuelva luz pura e insoportable.
Ya no queda nada tuyo que pueda tocar esta hora.
Ni un susurro, ni un recuerdo que se cuele entre los párpados.
Solo el sol, crudo y entero, reclamando lo que siempre fue suyo:
mi despertar.
Mi existencia sin excusas ni vendas.
Mi forma de volver a ser, completa, sin ti.
Yo necesito ver el amanecer.
Y ahora lo veo.
Cada maldito día.
Sin ti.
Pero por mi.

2 comentarios:

Último amanecer

  Mi corazón se volvió gélido y gris, tal vez por tus acciones o por el vacío que dejaron. No te doy todo el crédito, yo también puse de mi ...