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miércoles, 20 de noviembre de 2019
"Enredado"
¿Es cursi?
Tal vez.. dejo eso a ustedes.
Él está más que enredado en realidad.
Está atrapado en una trampa tan letal como a él le parece dulce.
Sé que no es el único,que hay muchos más pero hoy me concentro y fijo mi atención exclusivamente en él.
No le pondré nombre ni un alías.
Solo será :Él.
Este hombre de ahora más de cincuenta años pero muy bien llevados pudo haber llegado lejos muy lejos en el mundo del arte y las finanzas.
Pero en uno de sus viajes deseaba encontrar una "joya" algo exótico y ancestral.
Algo único,magnífico,excéntrico que superará todo.
Y lo encontró lejos de su país natal.
Lejos de su familia.
Lejos de casi todo en medio del océano.
Si bien no era una sirena era todo lo anteriormente nombrado.
Y también tenía una influencia sobre dioses y mortales.
Morena,bella de cuerpo,nativa pura de un mundo casi perdido era su sueño hecho realidad.
Y ella era su trampa.
Está enredado en sus piernas de reina.
En sus poderes de hembra feroz.
En sus caderas que se bambolean al ritmo de antiguas canciones originarias.
Y va en picada.
A pesar de haber construido junto a ella un hogar y criar hijos y toda la clásica historia de amor él no sabe que ella lo tiene atado y si lo sabe no quiere darse cuenta.
Va en picada a su sexo devorador como planta carnívora gustoso.
Lo abandonó todo por ella y cada vez abandona más...y siempre hay algún usurpador que cansado y agotado de vagar se refugia en su hogar natal.
En el paraíso infernal rodeado por agua él está feliz viendo a sus hijos.
Y viendo a su reina.
Mira,observa,se deleita con todos los pequeños momentos que se le crucen.
Tal vez porque en el fondo de su ser algo le dice que de ahí no se sale.
No de ese lugar donde ella lo tiene.
Va cayendo feliz y extasiado a sus caprichos,su malos humores y vicios.
Todo lo que ella desee se lo da.
Es la reina.
O lo fue han pasado años desde que portó la verdadera corona.
Pero sus misteriosos encantos siguen invictos para sus ojos.
Porque él está enredado en ellos.
Cegado por ellos.
Pero feliz.
No me cabe duda que debe tener sus momentos de lucidez donde discute con ella y demás pero...eso no se rompe.
Y lo han intentado.
Quizás ya esa relación este muerta pero ellos lo ignoran al igual que todos los demás.
Se los ve demasiados felices.
Por más razones que se le dé a conocer;él está enredado.
Y preso.
Va hacia su propia destrucción como un surfista a tomar la primera ola de la mañana.
Tranquilo y feliz.
Ella puede ser menor en cultura e ingenio pero no es por eso que es menos a sus ojos.
Él todo le ha enseñado y ella hembra letal y fuerte solo ha querido aprender lo que le gustaba y/o convenía.
Ella lo ha convertido casi en un nativo y no fue justamente un trabajo de hormiga.
Fue un trabajo deliberado y voraz.
Que absorbió casi todo de él casi en un parpadeo.
Es lamentable ver desde cierto punto de vista como un sexo femenino puede lograr tanto.
Pero desde otros ojos es casi una provocación.
Todo se soluciona.
Todo se perdona.
Sexo.
Sexo.
Belleza.
Paraíso.
Lejanía.
Sus tesoros.
Los mismos que lo tienen enredado.
Y lo llevaran a su fin.
Ahí se lo distingue cayendo cada vez más en ella.
En sus hábitos en sus gustos; en ella toda.
Sería hasta casi valida la comparación de qué va a ser como un parto al revés.
Va a caer tan profundo en ese sexo que va a estar dentro de ella y desaparecer.
Aún tengo mis dudas sobre esa metáfora barata.
Pero es la mejor que encontré.
Y todo aquí desde el comienzo es cursi.
¿Quién detiene a un hombre que va a su fin feliz?.
¿Alguien se atrevería a semejante proeza?.
Ella no lo va a hacer.
Algunos han intentado y han fallado de la más terrible forma.
Está enredado en sus vellos púbicos no son otra cosa que una planta carnívora,una trampa letal al cual él accede gustoso.
Y ya ha pasado la lujuria.
Y también un poco (mucho)el amor.
Y el tiempo.
Pero está ahí enredado cayendo...
No hagamos especulaciones sobre cuándo será su fin...
Total él irá feliz.
Siempre y cuando ese sea...
miércoles, 13 de noviembre de 2019
"El caos"
Solo tal vez.
sábado, 24 de agosto de 2019
"El gato penante"
Es agosto y ya estoy agotada de este mes.
Este año fue diferente, muy brusco y brutal para conmigo.
Quisiera gritar de dolor tal cual hace el gato que está afuera.
Hace meses, desde abril quizás, hay un gato en el edificio enorme de la calle de enfrente a mi departamento.
No soy la única que lo ha escuchado, o sea que sí existe.
No es una vulgar caracterización mía.
Sería demasiado vulgar compararme con un gato, por lo menos para mi gusto.
No lo he visto, pero al principio, cuando su maullido era una pena -de ahí que lo bauticé "el gato penante"-, se me figuraba que era pequeño y recién destetado, de un color negro profundo y con mucho miedo.
Su maullido me causaba múltiples sensaciones: tristeza, nostalgia, bronca, euforia, etc., pero a veces era tan triste su maullido a altas horas de la madrugada que sentía desesperación.
Yo estoy acostumbrada a estar rodeada de cemento, muy pocos animales y siempre domésticos y muy bien domesticados.
Por eso este animal me pareció tan extravagante.
Acabo de volver a poner la frazada extra en la cama y el maullido me interrumpió a mitad de la tarea; esta vez parece enojado y herido.
Y así estoy yo.
Ya no aguanto más.
Me voy a tirar en mi cama sobre el acolchado con letras negras y por un rato trataré de sacar todo de mi cabeza.
Porque lo que hay en el corazón, eso sí no lo puedo sacar.
Revoleo una bota aquí y otra allá, mis jeans salen también volando de mis piernas hacia un costado, la polera y el pulóver son tan gruesos que me fastidian y también los arrojo, y quedo en ropa interior y medias sobre mi cama.
No estoy acostada.
Estoy tendida, una pierna cae hacia el piso y la verdad no me importa, como no me importa qué comeré después ni que me haya despojado de mi ropa en esa habitación.
Estoy agotada de todo.
Hastiada, aburrida, pero sobre todo muy triste.
Quiero llorar tan fuerte hasta vaciar mis lágrimas, pero a pesar de que he llorado varias veces por todos los motivos de este año que viene siendo un huracán sin piedad (ninguna para conmigo), no logro vaciar el llanto de mi ser.
Me volví orgullosa desde muy pequeña y no me gusta que me vean llorar ni me sientan quebrada; solo a algunas personas les muestro pequeñas partes de mi dolor.
Y es en dosis; no puedo hacer catarsis entera con una sola persona y, por más que logre hacerlo, siempre me queda algo que recuerdo cuando la conversación termina.
Ni amantes, ni amigos, ni psiquiatras, ni psicólogos han llegado tan hondo en mi ser.
Lo más acertado que han dicho fue: "Su mente se autoprotege, no permite que penetremos en ella, es un signo de fortaleza...", una vez hace más de diez años atrás cuando intentaron hipnotizarme y fallaron.
Si bien este año me ha acercado a gente, también me he distanciado de otros, por propia voluntad diría.
Y he mostrado fortaleza que ni yo sabía que tenía.
Ahora estoy en el pozo.
Ya no es la sensación de caída, no.
Ahora me encuentro en el pozo.
Me veo a mí misma en lo profundo de un pozo tratando de subir y a veces lo logro, pero estoy casi siempre a dos saltos de la superficie.
Perder tres veces una figura así no es grato.
La crueldad de esta vida que me ha tocado vivir es demasiado.
Pero necesito algo, un cigarrillo, y luego invocaré la voz de mi instructora de yoga diciendo: "Libero mi mente, libero mi cuerpo".
-¿Dónde dejé la cartera?-
Qué fastidio, en el comedor colgada del respaldo de una silla; y el comedor en este instante parece estar a millones de kilómetros de mi pieza.
Así veo el mundo en este preciso instante, todo está lejos, todo es casi imposible.
Estoy sola.
Después de todo lo vivido este año y los demás...
Después de todo lo aprendido, de las pruebas más dolorosas y las más fáciles.
Luego de haber aprendido qué puedo y hasta dónde llego.
El comedor está a una distancia inaudita.
Haciendo un esfuerzo enorme levanto mis doscientos seis huesos con sus respectivos nervios y llego hasta la silla del comedor donde dejé la cartera, y busco la caja de cigarrillos y el encendedor, y recuerdo que en la pieza no tengo cenicero, así que debo ir hasta la cocina y tomar de arriba de la heladera el cenicero.
Así, munida de casi todo para disfrutar el cigarrillo, regreso a mi pieza.
-Qué frío hace.-
Me lo habían dicho, que este iba a ser un invierno bastante fuerte para Buenos Aires, pero no imaginé que sentiría entumecidos los dedos de los pies por caminar tan poco y con medias.
-¡En esta casa jamás se sintió la mugre calefacción!
Mi cama es hermosa, pero debo arreglar la pieza en sí para estar del todo feliz.
Un espejo no vendría para nada mal y también los arreglos a la cama y las mesas de luz; lo demás... me gusta.
Estoy conforme con mis sábanas y mis dos frazadas más el acolchado.
Automáticamente tendré que comprar unas nuevas en verano, quizás algunas de otro color; ya el azul, el rosa y el blanco, por más agradables que sean, se van destiñendo; así que si sobrevivo y termino de salir de este pozo, para el verano compraré sábanas tal vez violetas.
La sola idea me provoca una sonrisa.
Es que imagino a alguien acostado a mi lado sobre sábanas violetas y ya no es una sonrisa.
Ahora también él falta.
Con todos sus cambios, con su humor impredecible y su antojo de café (bebida que yo no tomo y por ende en esta casa no hay, ya que todo está calibrado a mi capricho y voluntad), a él también lo extraño y él también está lejos.
No tanto, pero lo suficiente como para que yo lo extrañe...
Si es que alguna vez dejé de extrañarlo... pero en este momento necesito las caricias de sus manos para salir del pozo.
Y sin embargo tengo tanto miedo, que temo que por su causa termine en el pozo y sin querer salir.
El gato maúlla; ya no es un gatito que llora, ahora maúlla, y yo prendo el cigarrillo y aspiro una gran bocanada de humo que luego exhalo lentamente hacia el techo, mirando el humo y oyendo al gato.
Qué fuerte es ese animal, está solo, no hay otros gatos y seguramente está solo en las alturas de ese viejo edificio; para ser un gato me ha hecho compañía, no del todo grata, pero compañía al fin estos meses.
Si bien he querido que lo rescaten o que se callara, fue un poco de pena y dolor con el cual identificarme.
-¿Qué le habrá pasado? ¿Cómo habrá llegado ahí?-
Ese es su misterio y yo ya no tengo las fuerzas ni siquiera para develar los misterios más simples.
Mi cabeza está aturdida de tanto pensar, tengo ganas de llorar por todo y a la vez por nada.
Estoy sentada en mi cama y veo cómo ha pasado el tiempo por mí.
Y todo lo que el implacable tiempo ha hecho conmigo.
Se podría sugerir una muy pobre comparación:
Soy un árbol, el tiempo me ha hecho crecer, me ha quitado hojas y ha intentado con tempestuosos vientos derribarme, pero sigo en pie.
Con las raíces bien agarradas a la tierra.
Alto.
No me gusta ser tan terrenal.
Yo no soy un ser solar, es más, prefiero para todo la noche; el sol de alguna rara manera me molesta, en cambio la luna no me hace nada, tampoco le soy completamente indiferente pero ya no la idolatro como antes.
Otras épocas.
Otras creencias.
Miro por la ventana y la luna ya salió, está casi llena o eso parece, pero tiene un círculo por fuera; algunos dirán lluvia, otros dirán desgracia.
Yo solo diré eso.
No quiero pensar en desgracias para no llamarlas, por decirlo vulgarmente.
No más, por favor.
Ya es demasiado para este cuerpo.
Para este corazón.
Y para esta alma.
Si es lluvia, siempre puede ser la lluvia; yo soy la tormenta.
Porque tarde o temprano me fusionaré con ella.
Moví todo mi cuerpo para ir a buscar un cigarrillo que apenas fumé, quedó en mi mano derecha prácticamente mientras yo observaba la luna y escuchaba al gato penante.
Y desvariaba.
Apago la colilla en el cenicero y, sin quererlo, una mano mía se posa en una de mis piernas; no puedo evitar el acariciarlas, mitad por frío, mitad por el placer sensual que me causa, y ahora debo agregarle porque ya no tienen quién las acaricie.
Igual que mi pelo.
Pero tampoco tengo quien me "rete", ni quien me aconseje, ni con quien aprender...
Ahora que la última figura que se empeñó en hacer de mí una mujer de bien ha partido, todo es nebuloso y a la vez es muy claro.
Terminó su tarea, mal que bien la terminó.
Y ahí una lágrima brota por mi ojo derecho y un espasmo de llanto se apodera de mí.
Estoy llorando como un niño.
Pero esto dura lo que una llovizna breve.
De esas que no tuvimos aún; tuvimos las otras, las que te calan hasta los huesos y son casi invisibles.
No ansío el verano de ninguna manera, con él llega diciembre, y si agosto es cruel, diciembre es doblemente cruel y este va a ser tan diferente que tengo miedo.
Estoy tan asustada que me da vergüenza admitirlo, y también miedo.
Me siento atrapada en las minas de recuerdos que todo me evoca.
El mínimo sonido.
Es un recuerdo, todo absolutamente todo es un recuerdo.
Por eso el maullido aturdidor de este gato al principio me desconcertó y no tardó mucho en que lo ligara a otros recuerdos pero también a otros sentimientos.
Cortázar dijo:
"ESTOY TAN SOLO COMO ESTE GATO Y MUCHO MÁS PORQUE LO SÉ Y ÉL NO."
Y ahora tiene mi completa atención y aceptación esa frase.
Todo se evaporó: mis sueños, mis alegrías... todo.
Solo yo sigo aquí.
Desvariando acostada en mi cama y tratando de hundirme lo más que pueda en ese pozo mental para luego escalar el muro y salir victoriosa una vez más.
Con nuevas heridas que tal vez tarden más de lo común en cicatrizar.
Se dificulta tanto esta vez.
Es el mes.
Y el gato.
Y su ausencia.
No, su ausencia no; la ausencia de muchos.
Quizás por mis palabras.
¿Debí callar y no decir esto o aquello a tal o cual persona en aquel instante?
Malditas dudas y horribles certezas.
Si todo fuera un sueño y pudiera despertar, seguro lo haría llorando.
Pero ya ni eso logro hacer bien.
¿Tanto fracasé o, por el contrario, tanto triunfé en esta vida?
De pronto suena el celular, esta vez no lo puedo ignorar, es un llamado; entre lágrimas salto de la cama y no llego a atender; era un familiar que me dejó una serie de mensajes y los había ignorado como a muchos hoy.
Solo quería saber si estaba bien y me enviaba besos y me tentaba a ir a comer con él y su familia.
Solo ver los mensajes me hizo querer llorar, ¿realmente él tenía que consentirme así?
Me había dejado en claro que lo hacía por gusto y no por otra cosa.
Pero yo seguía en mi duda:
¿Lo hacía por una especie de caridad para seguir con aquella rutina o qué?
No encuentro mucho razonamiento para esto, solo sentí el cariño y más sola me hizo sentir.
¡Qué frío, por favor!
Además del destemple que tengo y estas ansias, esta soledad, estas dudas, estas ganas de todo y de nada.
Este revuelo en el alma y el corazón.
Yo debería no estar aquí hoy, ni ahora.
Y eso me duele, me deja sin aliento.
Sin duda este es el fondo de mi pozo.
Extrañaré lo que extraño habitualmente y alguna otra cosa, como para darle un sabor exótico a mis saladas lágrimas.
Puede parecer mucho drama y hasta me tratarán de "reina del drama", y sí, tengo mucho de eso en la sangre.
Como no llegué a un conservatorio, estudié teatro con un grupo en San Telmo.
Y toda mi vida me trataron como al cristal; desde pequeña fui una muñeca de cristal.
¡No la toquen demasiado que se rompe!
¡Déjenla en su lugar que se cae y se rompe!
Lo que nadie supo nunca es esto: yo estoy rota desde muy pequeña y tantos cuidados fueron vanos ya que no me prepararon para la hostilidad del mundo.
Yo solía escaparme en mis delirios sentada en la ventana mientras me decían que baje por favor de ahí, que me iba a lastimar.
Pero solo mi cuerpo estaba ahí, mi mente se había ido de paseo o le había dado vida a uno de mis tantos juguetes.
Nunca vi la vida feliz, me molestaban tanto las reuniones familiares que casi lloraba.
Hoy no sé qué fue de esa gente.
Se diría que quedaron los mejores...
Y esos no me tratan como cristal; por suerte o desgracia mucha gente dejó de hacerlo.
Otros... en fin, deben creer que soy de granito puro y sólido para tratarme como lo hacen, para ignorarme como me ignoran, pero eso quizás, tal vez, puede que sea mi culpa.
No voy a mostrar este dolor a un público que quizá hasta lo vea de una forma eróticamente aniñada y crea que por esta fragilidad soy dependiente.
O peor aún, se lleve el crédito por todo.
El gato maúlla más fuerte y yo abrazada a la almohada, tiritando casi de frío como buena masoquista que soy, no me tapé y el frío es punzante.
Aquí me veo a mí misma en el pozo, en el fondo mirando para arriba.
No busco una mano o una cuerda que me tire alguien.
No, solo miro el cielo desde el pozo; es gris el cielo también.
Hay nubes cerca de la luna.
El cielo no tiene estrellas.
Yo no logro divisarlas. No desde aquí.
Soy una extraña en un pozo propio creado únicamente para mi tortura.
Con todo lo aprendido, vivido y sufrido, gozado, disfrutado y demás...
Simples hechos de la vida me aturden así... porque se suman a otros mucho peores en los que en ese momento no pude soltar todo lo que sentía.
Después de todo las cosas se rompen, la gente... tengo una reserva muy fiel, muy de élite que me va a prestar su absoluta atención si yo se la pido; la demás gente ahí está, sin molestar y sin ser molestada.
Muchas veces prefiero oír problemas ajenos que hacerme cargo de los míos.
Aunque luego se vuelve una pesada mochila, cual roca de Sísifo.
La realidad me abruma.
Pero este año que fuimos reales no me abrumó... se ve que a él sí.
No fuimos la magia de otras veces.
Todo esto viene a mí en el fondo del pozo mientras el gato maúlla su ira afuera.
Yo admiro mi dolor.
Es realmente una obra de arte magnífica, pero solo la verán los exclusivos y nunca completa.
Pensando en eso me dormí.
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