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sábado, 7 de febrero de 2026

"Dos cicatrices"

Guillermo volvió a su pequeña ciudad natal después de una guerra horrible; de su batallón solo quedaron él y dos más. Las cicatrices son más oscuras, las lleva más en el alma y en lo profundo de su mente que en lo que se ve. Tiene una pequeña cicatriz arriba del ojo derecho, de una caída; es muy pequeña pero es la más dolorosa, ya que se la hicieron cuando, estando en la trinchera, emboscaron a su batallón y a él le cayeron tres soldados encima; un rifle le dejó esa marca. La sensación de estar bajo los cuerpos de sus amigos aún persiste en noches frías; no quiere taparse porque el peso de la frazada le trae pesadillas. Ha ido a terapia, ha hecho todo lo que le indicaron, pero no es tan simple… Fue una guerra despiadada y para él no hubo honor alguno. Guillermo no fue por amor a la patria. Apenas la conocía por libros. Guillermo fue porque su número salió y era ir o ir. Soñó con volver lleno de gloria como un espartano de los que había leído, pero la lectura era tan poco específica, tan dulce, que ese sueño le duró menos de un día. Lleno de dolor, al borde del nihilismo, camina por su ciudad cual fantasma. Pocos vecinos le hablan, su familia lo entiende a medias y la economía lo obliga a buscar trabajo. Mientras camina ve un cartel: «Se busca cocinero». Entró al pequeño restaurante y habló con el dueño. Fue una conversación larga; al final, como el dueño era un patriota, lo tomó. Al día siguiente Guillermo se presentó y le enseñaron la cocina; solo compartiría el lugar con otro cocinero y el lavaplatos. Era relajado. Las mozas eran muy amables, pero Guillermo casi no decía palabra. Solo lo necesario y el trabajo; todos lo miraban como un héroe, él se sentía miserable. Las pesadillas eran recurrentes y la idea de acabar con su vida surgía como un atento terrorista: sin previo aviso. Las medicinas ayudaban mucho; sin ellas quizás ya lo hubiese hecho. Por más amables que fueran los compañeros, Guillermo nunca se quedaba a las fiestas. Estaba encerrado en sí mismo. Con el paso del tiempo, poco a poco se fue abriendo a sus compañeros y compartió algún que otro cumpleaños; más su tristeza estaba ahí, como una francotiradora escondida, dispuesta a atacar y con puntería perfecta. Noches de insomnio donde el mundo se rompe en mil pedazos, pesadillas que lo hacen despertar gritando y temor de que no lo sean. Se despertó un día luego de un sueño tan vívido que le costó más de lo común salir a la realidad; iba a faltar, pero decidió ir al trabajo. Enfocarse en hacer una salsa rosa era mejor que quedarse a ser corroído por el sueño. En un descanso de la tarde pasó una mujer de rizos rubios como el oro, sonrió tímidamente y entró al local. Guillermo pensó: “Esta mujer me haría cantar canciones de amor de nuevo”. Era la nueva moza. Olivia. Cuando Guillermo tomó su orden, disimuló tan bien su deseo por ella que las demás le explicaron que no era malo ni desagradable, sino que era un excombatiente. Ella sintió un gran orgullo y, sin darse cuenta, lo comenzó a tratar con gestos militares; le advirtieron que quizás serían mal tomados, pero los hacía con gracia y siempre con esa sonrisa que iluminaba el mundo. Guillermo le decía “Generala” y ella “Soldado”. —Generala, su orden. —Gracias, puede descansar, Soldado. Se reían entre ellos; los demás los miraban y notaban el cambio en Guillermo. Estaba más alegre, no ocultaba su rostro y, como el compañerismo avanzaba, el dueño Jack lo llamó a su oficina y le contó que Olivia era una sobreviviente de abuso; por eso tenía una cicatriz en la espalda de su ex pareja. Guillermo recordó que ella siempre se tapaba hasta el cuello, pero a sus ojos nunca notó ninguna imperfección en Olivia. Ella había pasado otro infierno, solo que más personal, pero infierno genuino. Jack le dijo que notó que ellos tenían preferencia uno por el otro y Guillermo bajó la cabeza y se sonrojó. Era una actitud indigna de un soldado y lo sabía, pero no podía evitarlo; así se lo dijo a Jack. Jack, con voz calma, le respondió que para una mujer eso hubiera sido muy tierno, que él solo quería contarle porque Olivia valía tanto como él. —Sí, señor, toda vida humana es sagrada. —Guillermo, te dije que me llames Jack. Sé de tus reservas y tus mutismos; en cuenta lo que sabes de Olivia y no se lastimen. —No, Jack. Y salió derecho a la cocina. Los días y noches transcurrieron; ellos seguían compartiendo descansos y algún que otro cigarrillo sentados muy juntos; los rizos de Olivia rozaban el delantal de Guillermo, sus ojos se perdían, sus miradas se entremezclaban, envolviéndolos en amor. Apenas se tocaban y flotaban de amor. Nada existía, solo ellos dos. Una tarde, mientras Guillermo descansaba, la vio pasar llorando y su pudor, su timidez, se esfumaron. Corrió a buscarla; ella corría, no quería que la viera así, pero Guillermo la alcanzó. Ella solo lloraba; Guillermo la abrazó. Olivia nunca imaginó que la tranquilidad cabía en un abrazo y Guillermo nunca pensó que un abrazo suyo trajera paz a alguien. Luego del abrazo Olivia se abrió con él, le contó que toda su vida había sido un desastre: padres alcohólicos y un novio abusador y drogadicto que le había quemado el cuello y parte de la espalda; le enseñó las cicatrices. Guillermo le dijo que lo sentía, que eso no era un hombre sino un monstruo; ¿cómo hacerle algo así a una mujer?, que él había matado, pero en la guerra, y le mostró sus cicatrices y le contó la historia de la marca arriba del ojo. Olivia lo abrazo él tomo una pequeña margarita y la puso en el cabello de ella y lo beso. Solo ese pequeño gesto basto,se amaron en cuerpo y alma. Esa noche fueron juntos al restaurante y le dijeron a todos que eran pareja. Y así fue nunca se separaron siguen viéndose como si el otro fuera un mundo aparte,duermen desnudos luego de hacer el amor perfecto para ellos besándose las heridas y prometiendo que jamas crearían ningunas nuevas. De cicatrices nació una salvación. El mundo es lugar que puede sanarte o destruirte ,tu tienes siempre la opción ...aunque no lo parezca. Aunque la vida no siempre nos da los regalos que deseamos,el verdadero regalo es la vida misma.

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