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domingo, 24 de noviembre de 2024

"Aquí nadie es santo:Jezabel"

Natalí amaneció con un pésimo humor ese día. Dominico volvía de un viaje de trabajo.
Había ido en «misión» a ayudar al norte del país y ella tenía que ir a buscarlo al aeropuerto.
Pero la manera de tratarla durante el viaje había sido, a su parecer, malísima: apenas le envió un vídeo y solo la llamó una vez en casi tres meses. Según él, estaba ocupado; Natalí también lo estaba y, sin embargo, todos los días le mandaba un «buen día» o un «te extraño». Y apenas le marcaba el visto en el celular. Y hoy tenía que ir a buscarlo hasta el aeroparque. No era justo, a su parecer.Lo había extrañado mucho y él y su «misión salvadora» era todo lo que le importaba. No era que ella se opusiera ni le pareciera mal lo que había estado haciendo; era la forma de ignorarla, de «ghoostearla», lo que le molestaba. Pero lo había extrañado tanto que se sacó el mal humor del cuerpo con una ducha y se vistió con una pollera a cuadros negra y blanca muy corta, medias por debajo de la rodilla, una blusa blanca casi transparente de seda fina que dejó abierta hasta el tercer botón para que se viera el corpiño de encaje. A eso le sumó un blazer negro y tacos. Luego se maquilló sutilmente, aunque resaltó sus labios con un rojo cereza; para terminar, roció un perfume frutal por todo su cuerpo y pelo, que dejó suelto y casi le daba a la cintura.Natalí se miró en el espejo del baño y se sintió hermosa; hasta le guiñó un ojo a su imagen.
Ideas sensuales de una bienvenida apasionada le inundaban la cabeza mientras manejaba.
El avión donde viajaba Dominico arribó a tiempo y Natalí lo esperaba ansiosa, mirando el tablero y su teléfono para ver la hora y si llegaba algún mensaje, pero nada…Dominico pasó frente al lado de ella, mirándola con sorprendente ardor. Ella le tiró un beso con la mano y él le dijo:
—Hola, preciosa, estoy esperando a mi mujer, pero eres una niña hermosa.
—Gracias, caballero —respondió ella con una sonrisa pícara, sonrojándose como si en realidad fuese un desconocido. Movió su cabello con coqueto gesto y una estela de perfume bañó a Dominico hasta lo más hondo de su ser. La tomó por la cintura, la besó con fogosa pasión y le dijo:
—Vámonos a seguir jugando.
Y así partieron rumbo al auto, abrazados, dándose pequeños besos y caricias, y de ahí a un hotel donde dieron rienda suelta a la pasión e hicieron un amor puro.
Eso era amor del bueno, único, incomprensible para todos los demás.
Era tan íntimo como divertido: fue jugar a la alumna de anatomía y el profesor pervertido.
Se quedaron apenas una hora y media. Dominico, por más que se había bañado y dormido parte del vuelo, estaba cansado y quería descansar. Natalí quería más amor de él, pero se resignó y manejó hasta su casa. Lo ayudó con la ropa, a tal punto que hizo casi todo, y cuando fue a preguntarle si esa camisa era para guardar o tirar, estaba Dominico dormido en el sillón.Lo miró con ternura, lo tapó con una colcha y lo dejó descansar mientras ella atendió pacientes desde Zoom. Luego fue al supermercado, trajo cosas para cocinar y un vino blanco frutal. Todavía seguía endulzada por la tarde en el hotel.
En realidad lo había extrañado…
La cena fue rápida pero suculenta; Natalí se había esforzado. Luego se quedaron mirando televisión abrazados en el sofá, bebiendo el vino.
Dominico todavía estaba asombrado de la pobreza que había visto en el norte.
Le contaba anécdotas a Natalí y ella se sorprendía de que a él le doliera tanto. Nunca había mostrado esa empatía por nada de la pobreza. En el fondo, Natalí lo conocía mejor que nadie.
Ella sabía que estaba dolido, pero se aburría de escucharlo. Se sorprendía de que Dominico, habiendo estado allá y viendo las noticias casi todos los días, viviera en su mundo. Pero sabía que en él convivían varios hombres: entre ellos el olvidadizo, el snob y el egoísta. Al enfrentarse con niños tan carentes de todo, lo había llevado a su pasado de alguna forma y, por más que el egoísta y el snob quisieran dar batalla, los recuerdos habían surgido y habían sido proyectados en otros, teniendo en él un efecto de compasión verbal —y seguramente real— que a ella la desmotivaba sexualmente, pero le daba la esperanza de recuperar al antiguo Dominico.Por más que hayan crecido juntos, seguían haciéndolo día a día.
Ella, como psicóloga, sabía muy bien cómo lo que él sentía. Además es mujer: simplemente lo escuchó sin demostrar lo aburrida que estaba, fingiendo interés y sorpresa y hasta compasión. Con eso, un par de gestos y besos en la oreja lo llevó tranquilamente a la habitación, donde le hizo un amor muy violento.
Dominico había recuperado su fuerza, pero Natalí se acomodó tan perfectamente en su miembro y empezó a moverse mientras lo mordía con una desesperación que a Dominico solo le quedó agarrarla de la cintura y gozar tanto los movimientos de Natalí como la perfecta vista de ella que él tenía desde la cama, acostado, mirando cómo sus senos se movían con su cuerpo, acariciándolos por momentos, contemplando los ojos almendrados que revelaban el placer que ella sentía y ese dejo de maldad risueña que ella ponía cada vez que le mordía la boca o los pezones…Fue un amor brutal, feroz, desesperado, ansioso, mordaz, violento, pero tan sensual que dejó impactado a Dominico cuando Natalí salió de la cama, tomó uno de sus cigarrillos, lo encendió juguetonamente y le arrojó el humo a la cara.—¿Y dónde dejaste a la colegiala sexy que me fue a buscar al aeropuerto, Natalí? —preguntó sonriente y complacido.—¿En serio parecía una colegiala?—Sí.—¿Me veo así de joven?—Con ese atuendo sí. Eres hermosa, princesa. Te amo.—Y yo a ti —respondió Natalí y se quedó fumando mientras él la abrazaba.Se sentía joven; era joven, pero no una colegiala sexy, sí.
Dominante también.
Colegiala no.
La barrera de los treinta ya la había pasado. Por suerte ya se le había pasado la idea de que estaba vieja y esas pequeñas arrugas que notaba las cubría con maquillaje.
Estaba en peso; esos meses había ido al gimnasio a escondidas. No le gustaba que él supiera todo de ella.
Era mujer y una mujer sin secretos deja de ser mujer.
Pensando así apagó el cigarrillo y se durmió.Por semanas Dominico contó a Natalí sus hazañas en el norte y Natalí se tomaba un poco más cada vez de vino y lo llevaba casi a rastras a la cama a devorarlo: lo bañaba en chocolate y lo lamía cual helado, lo esposaba a la cama, lo dominaba todas las noches… hasta que una todo explotó.—¡Mientras vos ponías un estúpido yeso yo estaba sola acá en la casa, mirando si habías estado en línea y no! ¡Yo me tuve que bancar las noches sola, los días, las semanas, los meses sola!
¿Eres tan ingenuo que pensás que cambiaste el mundo? ¿Que la pobreza desapareció por tu obrita? Porque ahí están y seguramente ya hay otros yesos que poner. Sos ortopedista y fuiste de traumatólogo, ok, estudiaste para eso, pero… ¡vamos, Dominico, dejá de sentirte la Madre Teresa de Calcuta que ambos sabemos que sos un reverendo egoísta que seguramente se revolcó con un par de norteñas bien indias!
—Natalí, eso no pasó y, como decía la Madre Teresa de Calcuta, puse un grano de arena. Eso será nada, pero a ojos de otros es mucho.—¡Ay, el santo! —gritó Natalí poniéndose de rodillas irónicamente—. Seguro no colonizó con su pene a nadie. Oh, poderoso San Dominico, bendíceme con tu miembro venoso y ardiente esta noche.
Padre Tereso, bendíceme. Sí, Tereso, porque eres una mierda y sin mí eres menos.
Dominico, harto de todo el sarcasmo por parte de Natalí, la miró a sus manos y tuvo ganas de darle cachetadas; por primera vez en su vida. Más no lo hizo. Se limitó a llenar una valija con ropa y, seguir escuchando a Natalí blasfemar, e irse al consultorio a dormir.Natalí, a los dos días de no tener noticias sobre Dominico, le envió el resto de su ropa al consultorio.
Dominico no la recibió, ya que estaba en una conferencia de medicina en un hotel de Palermo y, para el caso, se había comprado un traje nuevo Armani negro que mostraba muy a las claras que él era un hombre de buen gusto, refinado, médico, con auto y con un iPhone.
En la conferencia dio un pequeño discurso que Shannon le había corregido, agregando un léxico que aún levantaba más que un iPhone con un smartwatch o un Audi.
Un snob de punta a punta, un médico haciendo carrera a pasos de gigantes.
Los colegas lo aclamaron y varias miradas se dirigieron a él, lujuriosas. Simplemente las gozó y pensó: si Natalí lo viera tan gallardo, tan apuesto, cómo se revolvería de celos.
Sin embargo, ella estaba viendo los sensuales abdominales del profesor del gimnasio y pensando si la dejaría lavar la ropa interior en ellos.La que sí lo vio al pasar y le llamó la atención fue Jezabel.
Una mujer de unos treinta y tres años, pelo negro con algunos rizos, ojos azules como la profundidad del mar, piel blanca como la luna, senos perfectos, cintura pequeña y hermosas curvas.
Dominico la sintió en el aire, ese aroma único a mujer sensual; la sintió cuando pasó a su lado vestida de negro con la espalda casi al desnudo y le dedicó una mirada de afirmación.
Ni más ni menos: Jezabel le daba su aprobación por culto y bien vestido… quizás también por su galanura y mucho por su propio ego.
Le encantaba jugar a ella y la seducción era su juego preferido. Eso sí, quien jugara con ella debía tener muchos requisitos. Por eso le dedicó una mirada aprobatoria y nada más.
Lo aprobaba en lo que hizo, en su forma de expresarse, pero no para su placer. Para eso debía investigarlo muy a fondo.
Mientras Jezabel se paseaba con su vestido negro y sus zapatos Prüne por el salón, Dominico la perseguía con la mirada. Le parecía conocida.
De alguna manera Jezabel era una versión autóctona de Megan Fox joven: la misma boca, el mismo color de pelo con unos centímetros más que la original de estatura.
Una mujer muy atractiva y muy refinada: no llevaba un smartwatch, llevaba un Rolex grabado. Parecía fuera de lugar en esa convención de medicina… no lo estaba: había bajado de su suite a investigar el evento. Se hospedaba en el hotel hasta el día siguiente con uno de sus jefes.
Era azafata de aviones privados.
Era también piloto, pero prefería los helicópteros a los aviones. Para manejar, cuando estaba en el país se quedaba en su departamento en Recoleta, finamente amueblado. Era una mezcla entre modernismo (tenía su casa conectada a Alexa) y antiguo: cama de hierro forjado con dosel, mármoles de Calacatta, alfombras al estilo inglés clásico, pinturas de varios autores clásicos y otros más modernos, cristalería, una biblioteca pequeña y espejos.
Pero su mayor orgullo era el escudo de armas de su familia; y lo había colgado de una manera que era lo primero que veías cuando entrabas al departamento.Era deportista extrema: había escalado el Everest, solía hacer paracaidismo, saltos bungee; también era muy afín a las artes marciales. Había pasado casi dos años en Japón, en un monasterio, aprendiendo a manejar todo tipo de armas y a la vez convirtiéndose ella misma en una.
Era otro de sus juegos.
Superarse día a día. Había nacido bajo una estrella muy especial: desde niña se aventuró a todo y en todo destacó hasta que se dieron cuenta de que era una niña prodigio y la cambiaron de colegio a uno en Inglaterra más avanzado y especial. De allí su entrada a una gran universidad estuvo asegurada y la terminó.
Obtuvo su título en humanidades y regresó a casa para aprender la carrera de azafata. Provenía de una familia judía de gran poder adquisitivo; de ahí su buen gusto para casi todo, aunque la familia pensara lo contrario: el ser la heredera rebelde no era lo que ellos tenían planeado para ella.
Era viuda: su marido había muerto; era un militar de las fuerzas especiales y nadie sabía cómo.
Alrededor de ella crecían las intrigas. Jezabel solo las ignoraba. Tenía un trabajo soñado; por más que tuviera que servir a muchos nuevos ricos —como ella les llamaba despectivamente—, la paga le permitía los lujos que necesitaba para vivir.
La semana de la moda en París era infaltable. De allí volvía cargada de vestidos, carteras, zapatos y demás de marcas como Chanel, Louis Vuitton, Prada, Gucci, Oscar de la Renta y todo aquello que le gustara.
Tampoco faltaba a estrenos de Broadway especiales; de allí se traía no solo la obra en su mente y alguna que otra foto con los actores, sino los folletos que coleccionaba.
Mañana iría a Viena. Ya estaba cansada de ese hotel.
Era ir y volver; no había ninguna exposición importante allí como para retenerla, pero esta noche miraría con su precisión a los médicos desde la barra del hotel.
Dominico por fin la encontró y dijo a los colegas en la mesa:
—Permiso, la Megan Fox de la barra me ha dedicado una bella mirada; se la voy a agradecer con un trago.
—¿Megan Fox? —dijo uno asombrado y Dominico señaló.
Sí, era una versión muy similar a la actriz en su juventud, admitieron todos. Hasta uno, a quien le gustaba la actriz, le dijo entre risas:
—Ojo, no vaya a ser una «Diabólica tentación», por la película donde aparecía la actriz como un demonio que se alimentaba de sus compañeros de colegio.
Y todos rieron.Dominico se acercó. Ella estaba tomando un martini y él simplemente se pidió un whisky y le envió otro martini por su cuenta.
El mesero lo miró y miró a la destinataria del martini y sonrió.
Jezabel aceptó el trago y fue a investigar quién era…
Dominico estaría a prueba por un rato.
—Vine a agradecerle el trago, señor…—Dominico. ¿Y usted, señorita?—Jez. Solo dígame Jez y tutéeme; ya basta de formalidades, ¿no cree? Usted no parece un hombre que use traje diario; puede quitarse la corbata si gusta.—Gracias, Jez. ¿Es muy obvio? ¿Jez por Jessica?—No, por Jezabel, una princesa fenicia del Antiguo Testamento. Mis padres son judíos. Y sobre el traje… las medias lo delatan.Dominico miró sus medias deportivas y quiso morirse de vergüenza al haber olvidado ese detalle. Y como lo había olvidado tan furtivamente, lo pasó por alto en la conversación de igual manera.—Soy ateo, discúlpame.—Es un error frecuente. Yo tampoco creo en nada, solo en la ciencia.—Acción y reacción, ¿verdad?—Entre otras cosas, sí —sentenció ella.Sus ojos grandes azules inspeccionaban cada detalle; nada se le escapaba.—Obviamente, Jez, no sos médica…—No, soy azafata. Mañana vuelvo a Viena.—¿Vivís allá?—No, tengo que llevar un CEO que me contrató. Además me encanta viajar. ¿Has viajado mucho?—Sinceramente no. Hace poco volví del norte del país…Dominico estaba a punto de soltar toda la obra de bien que había hecho cuando Jezabel lo frenó en seco diciendo:
—Sí, se notó en el mitin que dio. ¿Es muy de hacer caridad?
Dijo mientras sus ojos se posaban en el reloj de Dominico.
Un reloj normal, ni viejo ni moderno, pero sin marca. Cualquier reloj era inferior al que Jezabel lucía en su muñeca izquierda.
Esa misma mano que tomó para colocarla en la nuca de Dominico para preguntarle, al oído, con un tono de voz indescriptible para esta humilde narradora, si quería cenar con ella.
Toda Jezabel es casi indescriptible, pero esa frase al oído de Dominico fue como una propuesta a invitar a un mundo utópico lleno solo de lo que ella quisiera.
Esa era la vida que Jezabel llevaba: solo lo que ella quería hacer, hacía. Trabajaba para no aburrirse; tenía dinero suficiente, no solo de su herencia sino de su trabajo invertido en criptos, en petróleo y en tantas monedas fuertes.Dominico ni dudó, aunque sintió cómo los vellos de su cuerpo se erizaron.Ella le dijo que lo espere en el lobby; ella iría a su habitación a buscar la cartera y volvió a usar un tono de voz que volvió a erizar los vellos de las zonas más íntimas de él. Había algo en los modales de esa mujer que era totalmente sensual y peligroso.Jezabel bajó tapada, cubierta con una capa negra de seda con capucha y su cartera color plata. Le guiñó la cabeza para que la siguiera fuera del hotel. Dominico se paró ni bien la divisó y, como un fiel sirviente, al gesto de ella la siguió con sigilo afuera.Ya afuera le trajeron su auto y, con un gesto galante, le abrió la puerta a ella y luego subió él.
Dominico esperaba algún gesto de sorpresa, pero para ella eso era lo común, lo que merecía.
Fueron a un restó y comieron langosta al termidor y un delicioso strudel con crema.
La conversación giró en torno de la comida, el clima y el trabajo de ambos. Jezabel no podía creer la rutina de Dominico de pacientes y más pacientes, y Dominico no lograba entender cómo Jezabel llevaba con tanta practicidad los cambios horarios.
—Realmente eres hermosa —dijo Dominico.—Gracias. Tú pareces un misterio y tengo ganas de saberlo todo. Yo siempre necesito saber todo.—Ya sabés que no uso con regularidad traje, que mi profesión es monótona por momentos… o eso creés. ¿Qué más deseas saber?—¿Eres casado? Tenés una marca de anillo.—Separado y próximamente divorciado. ¿Vos?—Viuda. El gran amor de mi vida murió.Mientras decía esto, los ojos azules de Jezabel se tornaron más claros y su piel relampagueó a la luz de las velas.—Lo siento.—Dominico, esta conversación me incomoda. Llevame al hotel.—Sí, por supuesto —respondió él, pagando la cuenta y levantándose para abrirle la puerta del auto de nuevo.Jezabel había notado la exageración de los movimientos caballerescos de Dominico; no eran del todo sinceros, eran más bien forzados, y olvidó abrirle la puerta para salir del restó. Mientras lo contemplaba conducir, sintió su olor a hombre. No era perfume, era su fragancia: un argentino amante del fútbol, asador dominguero, de tez trigueña, ojos oscuros profundos, espalda ancha, tomador de fernet y mate, con un sentido del gusto poco desarrollado, seguramente por falta de costumbre, sin aires de petulancia; un argentino orgulloso de serlo que seguramente ni había pisado Wall Street, un clase media y vaya a saber si un poco menos también… A sus ojos era una extravagancia, un misterio y esa noche estaba sola… ¿Qué podía perder?, se dijo. Había pasado tanto tiempo desde que no hablaba con alguien así y menos intimaba, y él la había hecho reír… Sería una experiencia como escalar una montaña.Al llegar a la puerta le susurró al oído:
—Sube a mi suite.
Dominico se sentía por demás ganador: una mujer así parecía un misterio con curvas delicadas y hermosas y él podría averiguar aunque fuese un poco más.
Quería ser un Pedro de Mendoza o, mejor dicho, un Alejandro Magno.
Al entrar a la habitación Jezabel se acercó con sus ojos puestos en los de Dominico y, al quedar frente a frente, simplemente se quitó la capa y se dio vuelta y le dijo:
—El cierre, bájalo.
Así lo hizo y, mientras lo hacía, le cubría la espalda de besos hasta que ella giró nuevamente y le quitó el saco, la camisa y acomodó la mochila de él que le había causado tanta gracia por la manera de desentonar con su traje Armani. Y él solo había dicho: «No me gustan los maletines médicos». Ya frente a frente lo besó. Se besaron mutuamente, comenzaron a besarse como degustando uno al otro, se exploraron y a la vez se conquistaron. Ella quedó recostada debajo de él en la cama y Dominico, que hacía tiempo estaba siendo pasivo, la tomó con todas sus fuerzas, le subió una pierna a su hombro y ella estiró la otra con coqueta gracia y sensual placer y empezaron una danza muy excitante. Cada movimiento pélvico de Dominico era acompañado por uno de Jezabel.Dominico besó sus senos rectos mientras penetraba su intimidad con suave violencia.
Entre llamas se encontraban ambos. Jezabel le mordió los pezones con brutal apetito, le rasguñó la espalda con sus uñas pequeñas pintadas de rojo sangre y terminó por ahorcarlo en el momento de más clímax.
«Ella es feroz», pensó Dominico mientras ella pensaba en el porqué no lo había atado con esas medias horrorosas mientras ambos fumaban.
Jezabel en realidad fumaba muy poco, pero cuando le ofreció un cigarrillo lo aceptó en forma de complacencia.
El celular de Dominico sonó y lo tomó sin mirar más que la hora y lo apagó.
Este pequeño gesto le agradó a ella.
—Es lo más triste y hermoso apagar el teléfono, ¿no crees? —le preguntó Jezabel.—No, ¿por qué?—Excúsame, yo no puedo hacerlo, no mientras esté trabajando. No lo entenderías.—Tienes una visión diferente a la mía, Jez, una vida diferente. No te disculpes.—Me satisface mi trabajo: viajo por el mundo, conozco gente nueva todo el tiempo. A veces, como mañana —y miró su reloj—, son simples nuevos ricos sin gracia alguna y maneras forzadas, pero ese detalle me hace ansiar volver a mi departamento, a mi calidez.—A menos me conociste, ¿no es ganancia eso, Jez?Ella le dijo: «Haz una pasarela para mí» y lo terminó de decidir.—¿Cómo?—Caminá por la habitación; no te vi completo y deseo examinar tu imagen.Dominico caminó y Jezabel lo corrigió mentalmente: los hombros un poco hacia delante, un poco de ausencia de firmeza en los muslos, pero estaba muy bien.—Sí, valió la pena soportar al creído por ti. Obviamente podrías mejorar ciertos aspectos físicos y de vestimenta, pero no deseo hacerte un muñeco y mucho menos mío —sentenció Jezabel y llamó para pedir servicio al cuarto. Para ella un agua mineral; él pidió una Coca-Cola.Ella pensó: eso también habría que cambiarle… Y cuando la trajeron, solo le dejó beber un sorbo y el resto se lo volcó sobre su cuerpo para que él saciara su sed por completo.
Y no solo sació su sed, sino sus apetitos masculinos.
Luego le dijo:
—Duerme aquí; me voy dentro de unas horas, si gustas.
Dominico aceptó y, como todavía dormía en su consultorio y no lo habían llamado de la inmobiliaria, pasar una noche en una cama en tan hermosa y misteriosa compañía sería un placer.Durmieron sin abrazarse, acariciándose en la oscuridad mínimamente.Dominico despertó solo en la cama. En vano buscó una nota con un número o algo y no encontró nada. Prendió su celular y los mensajes caían en cascada. Para su suerte la inmobiliaria lo esperaba para ver un departamento de dos ambientes en Caballito; lo demás eran pacientes.Llamó a recepción y en efecto no había nada para él, pero se podía quedar hasta el mediodía, así que pidió un café con leche y medialunas y se entró a bañar.
Ahí, en el espejo del baño, estaba su respuesta: el número de aquella de ojos azules y boca que parecía pedir a gritos ser besada, y su nombre escrito con un labial rojo. Tomó una foto, agendó el número, desayunó y se marchó.
Ya terminado su día fue a ver el departamento y lo alquiló; lo podía empezar a habitar al día siguiente. Así que se reunió con Brandon a cenar.Dominico le contaba su noche con Jez y Brandon se reía por las comparaciones.—¿En serio tan refinada?—Sí, exquisita en todos los aspectos.—¿Cómo terminó con vos? Jajjajajajaja.—La pregunta del millón, jajajajja. Quiero creer que por mis encantos.—Espero que no hayas caído en la trampa de decirle su parecido a una mujer así. Hasta se le corre la silla para que se siente. Dominico, te voy a tener que enseñar modales.—No le corrí la silla, pero le abrí la puerta del coche.—¿Pasaste por delante o por atrás?—Por delante —dijo y se golpeó la cabeza al darse cuenta de su error.—Ay, amigo, te recomiendo que no lo vuelvas a hacer así si la querés mantener a tu lado. Aunque en el fondo deseo que vuelvas con Natalí y formen una familia.—Natalí ayer me envió el resto de mi ropa. Por suerte tengo varios trajes finos para lucir a Jez.—Tanto así por parte de Natalí… ¿Y tus cosas?Dominico dijo:
—Ahora veo y la llamo.
Natalí le dijo que podía pasar al día siguiente por un televisor y algo más, pero que tampoco quisiera desmantelar la casa o recurriría a un abogado. Él simplemente respondió que eso estaba en ella si realmente quería el divorcio y colgó. Abrió WhatsApp y agendó el número de Jezabel como «Jez» y le envió la foto y un simple: ¿Cuándo nos vemos de nuevo?Brandon no podía creer que esta pareja siempre estuviera al borde del divorcio.—Sé que buscás lo mejor para mí, Brandon, pero hoy lo mejor es estar lejos de Natalí y cerca de Jezabel.—¿Jezabel se llama? Esperemos que sea más como la canción de Depeche Mode, aunque esa es «Jezebel» como el verdadero nombre bíblico.—Lo de la Biblia ya lo sé, que era la más mala. ¿Depeche Mode tiene una canción con ese nombre?Brandon sacó su celular, la buscó y se la hizo escuchar…—Ah, ok, entiendo: una rebelde, extravagante, bastante metida en la política. ¿O estoy mal?—No, es correcto, esa es la letra…—Esta es extravagante.—No, es una mujer de aparente fina alcurnia. Lo raro es el nombre.—Padres judíos, me dijo.—Y eligen Jezabel, que era una adoradora de Baal, asesina de profetas…—Bueno, vamos, la clase de historia me la quiero saltar.—Perdón, me intriga.Dominico sacó su celular y le mostró la foto de Jezabel que, para su suerte, le había agendado. En un acto ególatra.—Es realmente hermosa, pero te clavó el visto —replicó Brandon.—Y seguro está en vuelo…Prosigieron a terminar de cenar amigablemente y cada uno se marchó por su lado.Durante esa noche Dominico compró por internet un set de ollas y sartenes, cubiertos y utensilios para la cocina. Por suerte, al igual que la heladera, la cocina y el aire acondicionado venían con el departamento.Al día siguiente fue a buscar la llave y luego sus cosas a su antigua casa.
Natalí las había dejado a cargo del cuidador del barrio privado donde vivían, pulcramente empaquetadas, sin una nota.
Las llevó e instaló el televisor, revisó la ropa —estaba casi toda— y había tenido la «amabilidad» de poner un juego de sábanas, una frazada, un acolchado, un set de toallas… todo perfumado con su perfume.
También un escritorio, algunos de sus libros, una pintura pequeña, un espejo, sus perfumes y demás cosas personales de aseo, una tablet y una foto de su boda.
Dominico guardó todo menos la ropa perfumada, que llevó a la lavandería, y fue a comprar un colchón. Llamó a Tiffany para que lo ayudara a escoger una cama y un sofá.Tiffany lo encontró dando vueltas en redondo a un sofá de color naranja que ella catalogó de repulsivo y lo llevó a otra casa de muebles un poco más fina, donde eligió por él un sommier con un espaldar de cuero negro, una mesa para el living con cuatro sillas tapizadas en blanco y un sofá negro.Pagó el flete y fueron a tomar un café.—En serio, Dominico, no vendas estos muebles. Si te arreglás con Natalí, guardalos en algún lado. «El felices por siempre» no aplica a nosotros, simples mortales.Tiffany se había divorciado hacía un mes y estaba resentida contra la humanidad por haberle hecho creer que ella también podía ser feliz. Así iba diciendo por la vida, como si fuera un mantra.Dominico le contó sobre Jezabel y ella estalló en carcajadas.—Seguro es una azafata de Aerolíneas Argentinas, se llama Jessica y es más pobre que nosotros, jajajaj. ¡Jezabel, jajajajaj! O peor, como la canción de Sade.—Carajo, ¿hay otra canción con ese nombre?Tiffany tomó su móvil y la reprodujo.—Bueno, en todas es una mala mujer. Eso ya me quedó claro.—Tampoco seas así. Has estado con cada una que… ¿una mancha más al tigre qué le hace?—Vamos, Tiffany, por la ropa de cama y demás.Así, entre compras, Dominico se pasó una semana y de Jezabel nada.Cuando hubo terminado de guarnecer hasta la heladera, se sentó con la tablet y buscó todas las canciones de Jezebel.
Hasta había una banda con ese nombre… Era un heavy que no era muy de su agrado y, escuchándolos, casi se quedó dormido en el sofá. Fue un día pesado y la semana aún no terminaba.
Llegando a su cama solo pensaba en ella, recordaba la manera de estrangularlo, su olor, su forma de caminar altiva, sus modismos.
La veía frente a él derramándose la Coca-Cola sobre su cuerpo con tal eficiencia que la gaseosa había llegado hasta su pubis… Esto lo excitó de sobremanera.
Tomó su celular y le envió una foto de él con el torso desnudo y le agregó: «¿No se te antoja?».Jezabel respondió a los pocos minutos:
«Estoy en Milán, vuelvo el lunes. No soy Hannibal Lecter, aunque se apetece un poco de carne argentina… Cuando llegue disponemos para esa cena, jajajaj».
Dominico, ansioso como hacía años no lo estaba por otra mujer que no fuera Natalí, le respondió ardoroso que deseaba que sea pronto. Ella simplemente mandó un emoticon de beso y culminó la charla.Dominico veía la foto de WhatsApp de ella con la Torre Eiffel atrás, mirando fijamente a la cámara sin sonreír, con esos ojos azules grandes y ese cuerpo esbelto curvilíneo.
—Es tan sexy —susurró para sí mismo… y se durmió.
Al despertarse se encontró con el celular en la cama sin batería y lo puso a cargar apagado. Se preparó un café y unas tostadas, se duchó, se vistió y demás y fue al consultorio en su auto. Al entrar encendió el celular y quedó atónito.Jezabel le había enviado una foto: ella vestida de azafata con una copa de champán; por la ventana del avión se veía una catedral.
Ese traje llenó la mente de Dominico de fantasías, pero los demás mensajes no se hicieron tardar y se obligó a contestarlos y a atender pacientes.
Terminada la jornada encendió un cigarrillo y volvió a la foto. Le había puesto un simple «hermosa».
La amplió, la miró por todos lados y sí, era una mujer abrumadora. Lo había dejado sin palabras. Fue difícil salir del trance de esa mirada y ese gesto, pero lo logró y llegó a su casa.
A los dos días le escribió de nuevo y no obtuvo respuesta alguna hasta el día siguiente, tarde en la noche.
Jezabel había llegado, pero luego de dormir y poner en horario argentino se iba a escalar el volcán Lanín. Necesitaba regocijar su corazón.
Dominico, frustrado, siguió dedicándose a sus pacientes hasta que una noche, como un espectro, apareció el recuerdo de Natalí.
Tan bella, con la dulzura de su sonrisa, su pelo al viento, sus ojos almendrados, su escote prominente… toda ella maravilla de mujer. Y se cuestionó: ¿por qué él tenía que perseguir a esta mujer? Y a Jezabel.
Su inconsciente fue totalmente despiadado al darle la respuesta: «Amás a Natalí, no podés vivir sin ella, pero ni bien te sentís aburrido empezás a buscar otra para llenar el vacío en tu cuerpo, en tu alma. Estás atado a las mujeres y Jezabel es la primera que se muestra esquiva; eso la hace doblemente sexy a tus ojos».Era cierto. Educado por mujeres en el arte de la seducción y dominación, ninguna se había hecho rogar tanto como esta. Bien por el contrario, había sucedido y bastante; se había quejado por ello.Dominico lo tomó como un reto más y siguió con su vida y el recuerdo de Natalí, que no llamaba ni escribía.Hasta que Jezabel volvió por completo y lo invitó a su departamento de Recoleta.
Dominico aceptó y le preguntó si quería ir a comer antes. Ella se negó: ya había comido y que no se preocupara, que no era necesario ponerse medias al tono.
Dominico rió, pero sintió que eso lo había dejado mal parado, así que en su mochila añadió un champán Baron B y lo surtió de juguetes nuevos.Al llegar al departamento Jezabel le dijo que deje el auto en la cochera, en el espacio número quince que era de ella, y suba por el ascensor y toque.
En efecto así lo hizo, para que una Jezabel vestida con un exquisito salto de cama de seda negra le abra la puerta. De fondo sonaba Bach. Lo hizo pasar, lo llevó al living donde había unos pequeños bocadillos de caviar negro y crema agria. Dominico suspiró al recordar el champán, se lo dio y le dijo:
—Para acompañar.
Ella lo tomó, lo observó: era del bueno, lo puso un rato en el freezer y se sentó al lado de Dominico.—¿Y qué tal la escalada, Jez?—Fructífera para mi alma, no obstante no tanto para mi rodilla —dijo mostrando un pequeño raspón en la rodilla, casi imperceptible, pero lo suficiente para que ella se sintiera herida en su orgullo.—Pobrecita —dijo él—. Aunque ni se nota, no seas aniñada.—Dominico —dijo poniéndose de pie—. Yo escalo desde que cumplí dieciocho. Es una falta enorme, más que no hubo casi viento.Y lo tomó de la mano y lo guió a la biblioteca, que se abría —como casi toda la casa— con una cerradura electrónica. Allí, entre los libros, había una katana, dos sais. Ella se concentró en mostrarle sus fotos en las cimas y sobre todo la del Everest. No había dudas: eran reales. Aunque él se quedó observando las armas y ella le contó de su retiro a Japón para estudiar artes marciales. Allí había conocido a su esposo; de él eran los sais.
Ella prefería la katana.
—Fue una confluencia de circunstancias que consideré divertida en su momento, pero fue el destino. Éramos almas gemelas.—¿Creés en las almas gemelas?—Él era la mía. No tengo dudas de eso. Más cambiemos el coloquio.—Me asombras. Eso, no quise traer a tu bella cabecita recuerdos tristes.—Lo sé… El champán ya debe estar frappé.—Perfecto, vamos por él.Bebieron, comieron, charlaron hasta que empezaron a besarse sin timidez pero sin prisa.
Lentamente Dominico le corrió el hombro del salto de cama a la altura del hombro y empezó a besarlo. Ya había besado su cuello. Ahora la tomó en sus brazos rumbo a su cuarto mientras ella le desabotonaba la camisa y la hacía volar y aterrizar en el respaldo del sofá.
Entre besos y caricias Dominico le preguntó:
—¿Jugamos más fuerte?
—Siempre.Sacó sus esposas con cadenas y se las colocó en una mano y una pierna. Ella sonrió complacidamente y le ofreció:
—La otra también, si gustas.
Dominico así lo hizo y empezó a cubrir con besos su vagina, profundos besos. Luego la penetró, al principio suavemente, para ir subiendo la intensidad hasta sentir cómo su cuerpo se contraía de placer. Ella apretaba su vulva por momentos; se sentía tan dentro de ella que podía caer a un mundo desconocido.
Todo terminó en un gran y bello orgasmo.
Ambos se lavaron, bebieron el resto del champán. Él fumó y ella, mientras, sacó un champán Cristal y se lo ofreció. Dominico aceptó y comentó:
—Me encantaría bañarte en él.
Ella revolvió su cajón y sacó un gel con sabor a lima y se lo dio para luego morderle un pezón demasiado fuerte. Dominico la miró y ella respondió:
—Te propusiste como alimento, si mal no recuerdo, en una foto. Y yo debo saciar mi hambre de alguna manera.
—Y vos respondiste que no eras Hannibal Lecter y ahora ¿lo eres?—Seré siempre yo, pero soy camaleónica cuando lo deseo.Dicho esto le untó el gel en el pecho y el miembro y comenzó a deleitar su lengua con Dominico, luego sus dientes, hasta sus manos.
Tomó una copa de champán y se la dio a beber entre sus senos para luego sentarse cuidadosamente en su boca, para extender toda su espalda y brazos como si fuese un ave.
Volvió a morder, esta vez su boca —que tenía un poco de su sabor— para luego sumergir el miembro venoso y aumentado de tamaño gracias a sus caricias en su dilatada vagina y empezar a desplazar su cuerpo sobre el de él mientras rodaban por la cama, agarrándose de ellos mismos, de algún poste y hasta tirando el mosquitero.
Beso a beso, presión tras presión, gemido tras gemido, en el clímax lo asfixió brutalmente y llegaron a otro orgasmo magnífico y exhaustos descansaron en la cama bebiendo lo que había restado del Cristal hasta que se durmieron.Dominico se despertó a mitad de la noche, exaltado, y vio que Jezabel tampoco dormía y pensó en decirle sus reglas.
Más a ella la habían contratado para un viaje de tres semanas en Ámsterdam y le pidió que no la molestara esos días. Este cliente era importante y ella quería traer cosas de allí.
—Igual te pido un favor yo —dijo Dominico—. No te enamores de mí; no te convengo y no voy a terminar de dejar a mi mujer jamás.—¿El hilo rojo?—¿Qué?—La fábula que dice que estamos atados a…—Ah, sí, sí, digamos que eso.—Ergo ella es tu alma gemela.—No lo sé.—Un hombre que duda sobre eso es bastante común. Deberías preguntarle a ella.—No nos hablamos.—Tienen que hacerlo, aunque sea para que tengas certezas y no dudas.Dicho esto se volvió a acomodar en la cama sin abrazarlo y apagó con una orden la luz de su veladora de pie.Dominico durmió como si se sintiera en una cama de plumas cuando solo la almohada era de plumas, pero en una semi paz del cuerpo porque la mente y el alma habían calado muy hondo las palabras de ella.¿Podía haber una mujer que se rodea de lujos, armas y, cuando tiene a un hombre, lo desdeña?
¿Cuál había sido el final de su marido?
¿Por qué todo en ella era tan misterioso?
A la mañana siguiente le simplificó las preguntas en una:
—¿Qué escondes, Jez?
—Mujer sin misterios no es mujer.Y lo despachó como se despacha a un amante casual.Al sentirse tan fría le dijo en un susurro:
—Me gustas.
Él, sin embargo, estaba lleno de dudas y atracción. Ella tomó un baño largo de tina con sales antes de cambiar las sábanas y volver a dormirse.
Tenía los horarios cambiados más de lo de costumbre, pero no le afectaba. De alguna manera prefería la noche.
Dominico pasó las siguientes semanas entre pacientes y amigos.Una noche pensaba tanto en Natalí que la llamó. Ella atendió sorprendida y, para hacer breve la conversación, le dijo que sí, que siempre había una esperanza si a él se le habían bajado los humos de salvador.Dominico recordó a Jezabel: esa manera de hablar, esos gestos cuidados, esa superioridad, esas armas y todo en ella lo habían vuelto humilde de alguna manera.
Pero él estaba con ella; él había penetrado su fortaleza o había abierto una pequeña rendija.
A la tarde llamó a Shannon, quien apareció vestida de negro con un guante de red y, como siempre, impecablemente maquillada.
Fueron a tomar un jugo y Dominico le contó sobre Jezabel y Natalí. Después de escucharlo un rato le dijo:
—Hay que tener muy en cuenta que vos sos muy variado a la hora de escoger amantes. Pasas de una a otra y esta me gusta. Pobre Natalí, pero esta mujer es un magnífico misterio. Ese léxico demuestra a las claras que es refinada o finge estupendamente. Déjame ver…Sacó su celular y buscó Jezabel en las redes sociales y Dominico le dijo: no usa, no le gustan, tiene pero no las usa.—Perfecto, ahora investiguemos mejor. Entró al registro de datos y sí, ahí aparece ella. Ese era su nombre, su dirección es correcta, sabemos de dónde proviene…Y le mostró la pantalla diciendo:
—¿Esta es la dirección?
En efecto era esa, Avenida Alvear…—Por lo menos tengo la certeza de que existe. Me gustaría percibirla. Podría tener un mitin muy satisfactorio con ella. Ni mentar sus peregrinaciones y ese exótico gusto por Bach y su adiestración en las artes marciales y esa biblioteca que enunciaste, aunque dudo sea superior a la mía. Asimismo compartimos otra cosa: el error en nuestros nombres. Yo soy Shannon con una N y ella Jezabel con A. Sin titubear te avalo que nos hallaríamos de acuerdo en un sinfín de…—Ay, Shannon, no seas…—¿No ser qué?—Empezaste a hablar como ella.—Yo también me manejo en grandes círculos, solo que no lo hago con vos. Que no se te olvide.—Ok, ok, no enojes. ¿Pero si es tan refinada por qué desaparece así como así?—Porque simplemente no eres su prioridad. Te está tratando como un amante más. Vas a tener que cavar bien hondo en ella si querés que te persiga. Ella es la mejor sobreviviente del mundo.
Es parte de una canción de mi «crush»…
Iba a mostrarle la canción, pero Dominico la frenó en seco: ya escuché todas las canciones con el nombre Jezebel.—¿Todas? Porque hay hasta una…—Banda, sí, todas.—De acuerdo. Yo solo quería mostrarte a mi «crush».—Jajajja, ¿estás loca, lo sabés, no?—Él no lo cree así. Y ahora vamos a comprar la mantelería que querías y, si vas a volver con Natalí, hacete el favor de guardar todo en un depósito. Y Jez o Jezabel debería ser tu ideal de mujer. No llama, no molesta y te dejó en claro que no te va a amar. Eso también me intriga: su vida tiene tintes novelescos. Y si ya sé, también existió una novela con su nombre, tranquilo.Shannon tenía algo de gótica en su existir —por eso el guante—, mucho de extravagante, demasiado de inquisitiva y era una narradora excelente. Dominico se guardó el detalle de que a Jezabel le gusta morderlo porque Shannon, en su búsqueda eterna de respuestas, hubiera dicho que estaba «marcando el terreno o simplemente sometiendo sexualmente» y eso ya lo sabía él.
Y no quería que nadie más lo supiera.
Natalí merodeaba su mente una noche cuando el celular sonó: era Jezabel.
Estaba en Ámsterdam y le enviaba una foto de ella frente a un local de venta de mujeres.
Dominico le preguntó:
—¿Te vendés o vas a comprar?
—No y no.—No te ofendas, era chiste. Como estás tan cerca parece que estuvieras en la vidriera.—Lo sé, solamente dejo asentado mi parecer y no, tampoco me enojé. Quería mostrarte un poco. Dijiste que viajabas poco.—Cierto, estás hermosa.—Gracias. La semana que viene regreso.En esa semana Dominico estaba comprando velas aromáticas y de otras clases para darle una bienvenida especial cuando Natalí lo llamó.
Quería verlo y definir qué pasaría de ahora en adelante.
Se citaron en un café.
Dominico llegó antes; estaba un tanto enojado por haberlo hecho, pero a la distancia vio a Natalí y se quedó sentado.
Hablaron largamente. Natalí le preguntó si se había cansado de sentirse el salvador del país y si en realidad la extrañaba.
Dominico quiso discutir, pero Natalí amagó a pararse y terminó asintiendo con desdén, a pesar de lo mucho que la había extrañado. Tenía que ceder. Había algo extraño en ella, no sabía qué, pero algo había y, de solo imaginar que Natalí estuviera en brazos de otro hombre, todos sus músculos se tensaban de ira.
Volverían, pero antes tendría que desmantelar su departamento. Natalí quedó sorprendida al ver lo rápido que se había instalado y tan bien.
Se dieron una semana como plazo y juraron no volver a tocar el tema.
Con un beso ardoroso cargado de promesas se despidieron.
A la noche Dominico invitó a sus amigos a la «despedida de soltero», pero solo Leila y Horacio fueron, así que compraron cervezas y pizzas y se sentaron a hablar y reír.Ya el lunes llamó a Jezabel. Estaba durmiendo cuando lo atendió; había llegado hacía dos días y Dominico planeaba cortarla cuando ella suspiró:
—¡Qué hambre me provocás!
Y lo invitó a su departamento para la noche.
Le dijo que no se riera de su humildad y ella prometió hacerlo y dijo que él se quedara tranquilo, que ella llevaría un regalito especial.
Ajenjo. El hada verde.
Dominico pensó que, como había «fracasado» la despedida con amigos, se podía realizar con esto y ella. Así que aceptó gustoso, quedándose para ver esa noche a las nueve.Puntual, a las nueve en punto, Jezabel tocaba el timbre. Dominico bajaba luego de haber rodeado la cama con velas y cadenas con esposas.Jezabel llevaba un vestido de rojo carmesí con un gran escote y un tajo hasta más arriba de la rodilla, con una cartera y zapatos negros. Una vista más entrenada se hubiera percatado de que eran zapatos Gucci y un vestido Oscar de la Renta, y un collar que parecía una lágrima entre sus senos y una cartera en forma de maletín un poco más grande de lo que ella solía usar.Entraron. Dominico le abrió la puerta del departamento y la dejó pasar. Le dijo que no había para hacer un tour house, pero que se divertirían.
Jezabel sonrió al entrar y oír esas excusas.
Se acomodaron en el sofá y ella sacó de su cartera una botella de enjuague bucal y la movió ante la vista de él: ahí estaba el ajenjo, absenta.—Siempre quise copiar esa parte de la película de Jude Law «Alfie, un seductor irresistible», eso, jajajajaj.Dominico recordó la escena y le dijo que ella era más hermosa que Susan Sarandon y joven.Prepararon el «hada verde» casi como en la película y, a la hora de brindar, Dominico le preguntó por qué le gustaría hacerlo.—¿Por nosotros?—Así será.Y brindaron por ellos mientras él pensaba en dejarla o mantenerla como amante luego de volver con Natalí. Ella notó su inquietud y, sin reservas, le dijo:
—Háblame de ella, de tu mujer. Cómo se llama, cómo se conocieron, todo…
—Estás inquisitiva, me gusta. Natalí y yo nos casamos jóvenes. Fue un amor clásico de adolescentes que creció con el tiempo. Ella es un poquito más baja que vos, tiene ojos almendra, es rubia y… Dime de tu marido.—Él era de las fuerzas especiales, tenía ojos verdes, pelo oscuro, medía uno noventa. También nos casamos jóvenes. Amaba estar con él. Vivía para aprender. Las cosas que hicimos juntos nadie las creería y las que las creyeron no las apoyaron…—Bueno, Jez, tranquila —dijo Dominico. El hada verde le había quitado todas sus inhibiciones al parecer, también su fineza y su máscara.—Y yo lo perdí por mi culpa, Dominico. No hagas lo mismo que yo, aunque no creo que puedas…—Si ya lo dijiste, estoy atado a Natalí.Jezabel le contaba que su exmarido le había regalado el Rolex y que la fecha que tenía grabada atrás era su aniversario, que ella preferiría mendigar, prostituirse antes de vender ese reloj… que eso era eterno y a la vez efímero porque ellos habían planeado tanto y no cumplieron casi nada…—¿Qué pasó con él? —preguntó Dominico.Ella solo bajó la mirada, se compuso y empezó a tocarse el cuello y el escote en señal de calor.
Esa barrera no la saltaba ni la droga.
Se compuso en un minuto y preparó otro trago para cada uno y empezó a mover las piernas inquieta y Dominico comenzó a acariciarlas. Llevaba medias, pero se las sacó en un coqueto gesto, las besó y se las tiró en la cara. Él no pudo contra su instinto y las olió.—Mmmm, huele a mujer.—Cierto, no uso perfumes muy impregnantes.Dominico lo había notado y eso la hacía más especial. Era algo más a favor de quedarse con ella para tener una amante. Apenas escribía, no usaba perfume y lo mejor: ya había puesto en claro que le era imposible amarlo.—Pon algo de Mozart, Dominico, me encantaría escuchar música.Fue y buscó en Spotify y puso la primera lista que encontró.—De alguna manera eres cinéfila, ¿verdad, Jez?—Un poco.—Y tu entrenamiento y demás… Parecés una Lara Croft.—Admiro ese personaje, pero también puedo ser una Beatrix Kiddo.—¿Esa es…?—Kill Bill.—Ay, reina, qué miedo —dijo Dominico mientras le daba masajes en sus pies.—Deberías… jajjajaja.—¿Así? —respondió él besándola en la boca apasionadamente. Ella se recostó en el sofá y lo dejó hacer… hasta que él mismo se paró, fue a la pieza, encendió las velas, llevó los vasos y la cargó como a una niña mientras ella simulaba decirle terribles venganzas por levantarla así.La depositó en la cama y le sacó el vestido. No llevaba corpiño, solo una tanga negra con encaje. La volteó y empezó a darle chirlos en las nalgas mientras ella seguía prometiendo despiadadas represalias, pero a la vez estaba asombrada: las sábanas parecían de seda, el detalle de las velas… todo le gustaba, quizás más de lo que admitía.Cuando pudo soltarse le mordió la boca mientras lo besaba, le sacó una pequeña gota de sangre. Jezabel la miró con deseo y siguió besándolo, pero él se soltó y, al hacerlo, entre el forcejeo un vaso cayó al piso partiéndose en cientos de pedazos. No le dio importancia y se subió a su espalda, bajando suavemente, besando la espalda, acariciando toda esa piel marmórea y excitándose y excitándola para girarla y besarla al sur del Ecuador, en ese lugar rosa y privado; sintiéndola gemir y curvar su cuerpo de placer hasta que retomó su conciencia y subió su pierna al cuello de él e inició a moverse más rudamente: no era nada sumisa y era una suerte para Dominico que no usara sus artes marciales en la cama… Era fuerte la presión, pero Dominico se escurrió hasta quedar a la altura de sus ojos y comenzó a introducirse en ella, lento pero seguro, después más rápido. Ella gemía y apoyaba sus manos en la espalda de él haciendo presión, le clavaba las uñas una y otra vez. Cada vez que él estaba más dentro, ella lo acompañaba, lo guiaba a pequeños mordiscos, rasguños y hasta una bofetada. De esta manera llegaron al apogeo para terminar un sexo brutal.Dominico, afectado por el hada verde, se tendió en la cama boca abajo. Jezabel se excusó y pasó al baño.Al volver Dominico le dijo, sosteniendo las esposas:
—Eres una niña muy mala, hay que castigarte. Ya lo haré, tenlo seguro.
—Voy por otra copa mientras tú preparas un castigo para mí que no se cumplirá.Tardó unos cuantos minutos, pero regresó con una máscara antigua, de esas que se usaron en los antiguos guerreros. Se paró entre las velas, tomando un trozo pequeño de vidrio del vaso roto y dijo:
—Yo soy Jezabel, reina absoluta de todas las logias habidas y por haber, y aquí tengo un ciervo que voy a sacrificar en mi nombre.
Le dio el trago a Dominico que reía para luego terminar bebiendo ella de un sorbo.Él seguía acostado boca abajo. Ella escaló su espalda, se frotó contra él. Suavemente él sentía sus senos y lo disfrutaba, sentía cómo ella hacía pequeños círculos en su espalda y le cuestionó:
—¿Es un pentagrama lo que dibujás?
—No, yo no sirvo al demonio. Yo soy el demonio.—Y yo el de corbata, jajajaj.—Y medias deportivas, pequeño zángano. Arruinar un Armani así… Por eso no viste mi vestidor, no lo merecés.El tono de la voz de Jezabel había cambiado… Dominico pensó que era parte de su juego y le restó importancia. La dejó actuar; era placentero… hasta que le ató una cadena al cuello e inició a escribir con el vidrio roto en su espalda su nombre. Le dijo que parara, mas ella no hizo caso. La cama empezaba a tener sangre de las heridas. Antes de terminar de escribir su nombre se detuvo en seco y giró, lo miró a los ojos e intentó ahorcarlo.Dominico le gritaba que reaccionara, hasta le pegó una cachetada.Ella se incorporó, se sacó la máscara y dijo:
—Tú no eres nadie, no des órdenes. Si me detengo es porque así lo deseo.
Lo miró, soltó una lágrima y le dijo:
—Adiós para siempre.
Y se marchó.Nunca volvió a saber de ella.Volvió a la casa con Natalí y de esta mujer solo quedó el recuerdo.

Jezabel tenía un enorme secreto: en un acto similar, mientras hacía el amor con su marido, lo había estrangulado hasta darle muerte.
Ese era su más grande secreto y su más terrible pecado.

                            































 



 











 






















 












 












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lunes, 4 de noviembre de 2024

"Yo no hago leña del árbol caído"

 Lo malo de hacer más grande en tu mente y en tu corazón no solo es cuando se te cae la imagen de semi dios que le habías dado es cuando se sigue degradando.
Y ya no podes hacer nada.
Cada vez más bajo,cada vez te recuerda menos a lo que fue hasta que llegas a un momento que te preguntas:¿existió o yo lo invente?.
¿A qué punto lleve mi amor por este ser?.
¿Tanto así fue?.
Habiendote enterrado lejos de mi sentir sin desearte ningún mal ni bien te veo hace tiempo y no te reconozco.
Sé que eres tu y sé que no eres la persona que amé y a tal punto que tus ojos han perdido brillo ante los míos yo siempre los ví como una lámpara que me guiaba,que me perseguía para darme una pizca de alegría sabiendo que siempre regresabas a mi.
Hoy;me corrijo hace tiempo no quiero que vuelvas no solo me partiste en mil pedazos el corazón sino que me defraudaste como ser humano.
Te dejaste estar físicamente,hiciste lo que decir odiar,te dominaron te amarraron la mente y eres un domado.
Sin admitir.
Culpas a los años...para todos pasan.
Culpas al país cuando recuerdo que te fuiste la primera vez que te conocí rumbo al extranjero deseando lo peor para el país ahora como la selección ya no te sirve porque pasó "de moda" así que para expiar aquel pecado ahora te buscas en deportista de turno y lo alientas.
Modas y más modas te falta el hashtag pero noooo y los dices tu yo no:Eres grande.Claro el abuelito a tomado el papel del seductor...o mejor dicho han soltado al abuelito y enjaulado al seductor.
Y con el seductor a sido enjaulado el pensante y hasta puede que el sientente.
Ahora tienes miedo de mi.
Yo solo quería una charla bueno me confieso quería que me dijeras la verdad y así retrucarte,atacarte sacarme todo lo que por años guarde,sobre todo lo último.
Pero a este ente sin carisma,sin fuerza,sin palabra,temeroso de todo y al parecer todos.
No quiero ni verlo.
Quería una guerra verbal.
Como solíamos tener con nuestra verborragia natural ...que debe estar atrapada en un calabozo junto a tu espíritu de lucha,la ira,la combatividad todo tu ser.
Hasta me aterra la idea de recostarme en tu pecho no solo por sentir en vacío que seguro hay en tu corazón sino por no sentir la paz que estar allí me daba.
Era un lugar cálido que ahora es gélido.
Nosotros fuimos guerreros que el tiempo se interpusiera entre nosotros y nos diera guerras personales para hundirnos más y más fue una trampa y caímos en ella.
Ambos.
Y ambos peleamos guerras nos dimos la fuerza y las armas.
Hoy que eres un cuerpo del que ni me han dejado la coraza ni la carcasa eres un cuerpo maltrecho y punto sería para mi tan fácil derrotarte,humillarte,patearte contra el piso y dejarte ahí.
Pero no yo tengo aquellos códigos que tanto admirabas y ya ni quiero saber si aún lo haces si embargo algo me dice que no...
No lo voy a hacer.
No voy a hacer leña del árbol caído.
Y caído en desgracia. 
Y es una desgracia que solo te buscaste y aceptaste con toda pasividad.
Era otro el trato...














lunes, 28 de octubre de 2024

"La Ninfa y la Musa descubren el mundo mortal"



Era una noche común ambas volvían de un bar a su hotel cuando se sintieron de nuevo vacías y sus joyas empezaron a doler.

El dolor era inaceptable para dos cuerpos tan frágiles como aquellos.
Esta vez era más desgarrador que nunca la muñeca derecha de Musa y la diadema de Ninfa apretaban de tal manera que las dos cayeron al piso.
Sus "protectores" el fénix y el grifo las llamaban pero era tal el dolor que sentían que ambas tenían los ojos cerrados.
El fenix desde su mundo miro al grifo y le dijo:
-Pequeñas siguen siendo dos niñas que se tapan los ojos ante la oscuridad.-
-Nunca lo dudé ese mundo las ha curado y herido,su venganza fue consumada pero la caída las volvió débiles,están acostumbradas a puros halagos las dos.-
Respondió el grifo con un aire de desdén.
-¿Están? Querido amigo siempre lo estuvieron hasta que sus mismos adoradores las abandonaron. Se vengaron de ellos pero hay un hoyo en sus almas.-
Dijo el fénix desde el lo alto del lago de cristal.
Si bien no eran amigos estas míticas criaturas tenían que cuidar a aquellas que en este momento hacían sufrir.
Luego de varias respiraciones ahogadas y varios intentos de arrancarse las joyas la Ninfa y la Musa se pusieron de pie y escucharon el mensaje.
Era simple debían ver el mundo.
No una parte en específico sino el que ellas quisieran.
Pero no con ojos de mortales sino con sus ojos.
Tendrían que culminar una fase para poder pasar a la siguiente si querían.
Pero hasta no terminar este experimento no podrían si lo deseaban volver.
Seguirian teniendo sus encantos pero entre sus encantos estaban el poder sentir de una manera más fuerte que los humanos.
Y ahí radica la trampa.
Luego de esta conferencia telepática entraron al hotel y sacaron todas sus cosas.
Anduvieron toda la noche con sus maletas y sus dudas,los tacos molestaban,el maquillaje se había corrido de tantas lágrimas de dolor pero siguieron hasta encontrar lo que llamarían refugio.
Era una casa antigua muy bella de un estilo señorial que a ambas gustaba y desagradaba en ciertos aspectos.
Esto de aquí se va-señalo implacable Musa.-mirando un cuadro.
Pero Ninfa lo vio sin mirar como estaba acostumbrada a las obras de arte magníficas e inmortales hechas por humanos esa pieza no le hizo la menor molestia y dejo que Musa siguiera tirando.
Al llegar al segundo piso y ver una cama de cuatro postes Musa quiso deshacerse de ella pero Ninfa la tomó como propia.
El otro cuarto sería para Musa este con su cama de cuatro postes, su espejo con marco de roble y su armario de cristal sería de Ninfa.
Musa encontró en la otra habitación distintas cosas electrónicas que probo y algunas hasta les gustaron a ambas.
Se rieron mucho con los aparatos modernos.
Era como otro lago de cristal.
Quizás más duro.
Pero todos andaban con ellos solo ellas pasaban sin usarlos.
Tenían que vivir en el hostil mundo mundo.
Con un fajo de billetes fueron de compras y amueblaron la casa pero sus joyas hacían que los vendedores ofrecieran lo mejor o lo más caro y ellas ilusas compraron un par de cosas que luego se arrepintieron.
Sobre todo una lámpara de pie.
Ninfa la miraba con  cariño en la mueblería pero una vez instalada en la casa en su alcoba lila (que  Musa había pintado ya que Ninfa mientras Musa arreglaba y pintaba la casa para que sea un poco más a su gusto se la paso comprando sombreros para tapar su diadema y paseando entre los humanos).
Esa lámpara era muy bella de plata tenía una luz hermosa pero Ninfa no la soporto al lado de su cama por mucho tiempo y la empezó a mover de aquí allá sin sacarla jamás de su cuarto.
Otra cosa inutil fue un juego de platos y ollas ellas comían si pero las dos odiaban cocinar por lo poco que tenían entendido de la materia sobre todo Ninfa;Musa se devolvía mejor tampoco le agradaba hacerlo.
La cosa que Musa detestaba era un aire acondicionado lo había comprado para su cuarto junto a una cama roja,una alfombra también roja y un espejo de pie;Ninfa quería en lugar de pintar su cuarto rodearlo de espejos pero pronto se dio cuenta de su inutilidad y puso uno en la parte interior de un placard y otro enorme que  casi cubría toda la pared de enfrente de su cama,pero el aire acondicionado para Musa era algo como la lámpara para Ninfa.
Un día lo prendía estaba todo el día disfrutando su frescura y por varios días no lo quería ni prender,quería arrancarlo de la pared y tirarlo pero ahí se quedaba.
Ninguna entendía el por qué esas dos cosas les hacían ese efecto.
La casa estaba casi repleta Ninfa había creado un escritorio/biblioteca y se la pasaba leyendo y suspirando ya sea por los personajes o por los errores de los libros de historia y mitología que había encontrado.
Musa había entrado a la virtualidad y hablaba mediante una computadora y un celular.
Ninfa al principio fue reacia a todo eso luego se abrió demasiado tal vez... no paraba de sacarse fotos y de buscarle el error a todo sobre todo a los humanos.
Habían decorado toda la casa comprado hasta cuadros de Ninfas y Musas que pagaron un precio casi razonable ya que Ninfa discutió ferozmente que ese escena que mostraba el cuadro no había pasado nunca pero eran las fantasías de un humano.
Buscaron cuadros de diferentes artistas y ninguno llenaba las expectativas de Ninfa ,Musa era más flexible pero menos interesada.
Así que solo los compraron para gastar dinero y tapar paredes.
Volvían con ropas accesorios y alguna que otra cosa para la casa cada vez que salían de día.
De noche iban cenaban miraban el cielo,la luna las estrellas buscaban el mar con sus olas Ninfa bebía Musa fumaba y luego volvían a su casa.
Una noche demasiado llenas de melancolía regresaron a su casa y se fueron al patio de atrás y se miraron:esa casa podía ser hermosa y lujosa pero no tenía vida.
Ellas se sentían sin rumbo y todo las aburría hasta lo más tecnológico o lo más antiguo.
Para ellas era lo mismo.
Fueron directamente al patio de atrás no había flores ni nada solo se recostaron y se quejaron.
-Me duele la espalda-Dijo Musa
-A mi también- Respondió Ninfa-Pero también me fastidia la cabeza,entre los ojos para ser exacta.-
-¿Es el fénix?.-Pregunto temeroso Musa
-No es algo diferente.-Respondió Ninfa.
Y siguieron viendo como el cielo se opacaba.
-Va a llover.-Profetizó Musa.
-Es posible. No sé ni qué día es hoy si va a cambiar el clima o que solo noto que mi cuerpo este que habito está fastidiado.-
-Y el mío igual.- Murmuró Musa.
-Esto es cemento ¿verdad?.-
-Hasta donde yo sé si ¿por que? ¿que se te ocurre? Conozco esa voz y algo quieres Ninfa.-Dijo Musa
-¿No sería lindo una fuente aquí?-Preguntó con los ojos encendidos Ninfa.
-Si pero yo no la construiré no sé de eso.-Apresurada dijo Musa
-No llamaremos a alguien que la haga.-Soluciono Ninfa
-Una sola persona no bastaría sería una cuadrilla.-Corrigió Musa
-¿Una que? Ah gente mucha si ,si, tu hablas  más humano.-Dijo Ninfa
-No empecemos-Reprocho Musa-Que yo no me pase el día sacándome fotos y buscando una razón lógica para todo no significa que me he vuelto una humana pero tampoco me volví una filosa casi como tu.-
-¿Yo filósofa?Ay Musa desvarías.-
-¿En serio? A veces pareces Plutarco o Aristóteles con tus palabras extravagantes y tu necesidad de encontrar sentido a todo.-
Dijo Musa Ninfa se la quedó viendo con ojos de sorpresa luego se paro fue por una copa de cristal fino lleno de champagne y un paquete de cigarrillos.
-¿Los conociste a esos filósofos?-
Preguntó Ninfa pasándole un cigarrillo a Musa.
-Me aburrí terriblemente cuando ellos necesitaron de mi,su moral,sus blabla eran importantes y veo mucho de ellos en todos lados aquí,pero no era lo mío.Ellos solo me utilizaron.-
-Comprendo.¿Haremos la fuente entonces? ¿podrías dibujar tu? Para que el que venga no ponga algo así como el cuadro del living que si eso es una ninfa yo soy Helena de Troya. jajajajaj.-
-Si mañana la haré y contrataré obreros va a ser lindo tener algo aquí que nos recuerde de dónde somos.-
Y tras decir eso Musa cerró los ojos y un relámpago prendió el cielo Musa entró y cerró los ventanales de cristal.
Ninfa se quedó mirando la lluvia un rato largo más llovía más sentía que no podía seguir así extrañaba a algo que ni siquiera sabía que era.
Estaba en crisis.
La fuente era una excusa necesitaba algo nuevo para entretenerse y aunque tener la casa llena de hombres trabajando no era su ideal sería mejor que nada.
La tormenta fue más eléctrica que lluvia y Ninfa se fue a su habitación se acomodo en sus finas sábanas desnuda y recordó a Thor a sus "venganzas" y estaba en eso cuando vio la maldita lámpara y maldijo en todos los idiomas.
Y maldiciendo la lámpara se durmió profundamente entro en el mundo de Morfeo como si fuera el suyo pero ahí donde habitan los sueños todos es doblemente irreal a veces...
Se vio a si misma besandose,amando a un hombre al cual no le podía ver el rostro pero su cuerpo le decía que lo amaba.
Su alma se fundía en la suya y cuando ella iba a regalarle su corazón el hombre dejó ver el rostro y ella gritó de alegría y lloro de tristeza alegre abrigada en sus brazos.
Pero él solo siguio besandola hasta caer en la más profunda y demencial excitación.
Musa dormía tranquilamente sobre sus también costosas sábanas y con el aire acondicionado prendido un sueño más calmo que luego no recordó.
Atrapada en las sabanas de seda rosa se despertó Ninfa al sentir un estruendo que la sacó de su éxtasis.
Eran los trabajadores pero estaban dentro de la casa.
Musa ya había despertado y estaba dando órdenes de donde poner una pantalla enorme y unos bafles a un par de obreros.
Había ido de compras sin Ninfa y se había traído consigo a varios obreros de construcción cuando vi a Ninfa la llamo y se vieron en la cocina Musa le mostró un boceto de la fuente era simple un pilar y debajo la fuente.
Ninfa lo miro por todos lados y luego acepto y pregunto dónde irían las demás cosas.
Los bafles y el equipo de música irían en un salón desocupado y la pantalla en el living.
Ninfa dijo que estaba bien pero que no movieran su diván negro Musa la calmó:
-Lo van a mover en realidad también van a entrar en nuestros cuartos pero tranquila la casa esta en pésimo estado según ellos y en nuestros baños tendremos esos jacuzzis que tanto disfrutamos.Tranquila todo se tapará.-
-¿Y cuanto tardarán?.-Pregunto ansiosa Ninfa.
-Puede que una semana o más.- Respondió Musa
-¿Te das cuenta de ese hedor?¿Tendremos que vivir una semana con ese hedor en nuestras narices? Musa yo no lo soporto.-Grito Ninfa
-Ni yo.-Respondió Musa- Pero son los materiales por eso no he soltado mi cigarrillo en toda la mañana para no sentirlo tanto. Y no ha funcionado del todo quizás deba usar otro truco.-Dijo y guiño el ojo derecho.
Ninfa pensó que los castigaría que los enamoraría pero no.
Nada más lejos de eso la tomo por la muñeca y la llevó a su habitación y le mostró dos pasajes a países tropicales.
Ninfa hizo su valija a regañadientes  tanto así estaba encariñada con su cama y su espejo Musa ya tenía todo listo.
Antes de marcharse Musa hablo con un hombre muy dulcemente y luego le dijo que se fuera ni bien salió el hombre ambas soplaron sus ordenes.
Los trabajadores:trabajarían serían recompensados materialmente pero harían todo como se debía ya que el mínimo error los convertiría en sus lacayos.
Ese fue el suspiro que ambas exhalaron.
De allí en un taxi a un aeropuerto a pasar un buen rato esperando que les entregaran sus pasaportes y luego otro rato para poder subir con sus joyas puestas y otro rato más para despegar.
-Fue una experiencia tragicómica.-Dijo Ninfa-
-Que humor tan rebuscado tenés.- Respondió Musa
Así pasaron todos los controles y abordaron el avión (pájaro de metal inestable y humano) lo llamaba despectivamente Ninfa.
Aunque al momento de despegar ambas sintieron una especie de miedo que luego desapareció mirando las nubes y recordando que ellas venían de más arriba aún.
Con esa certeza en sus manos y sus cabezas los sitios que visitaron  lo paradisíaco de ciertas playas.
Disfrutaban el sol y la luna y el océano.
Casi vivía en el agua Ninfa jamás se quedaba en el sol.
Entraba al agua nadaba hasta que los guardavidas la obligaban a volver y se volvía a la playa se secaba con extremo cuidado todo menos el cabello y luego se ponía encima una especie de bata blanca y caminaba a la sombra sumida en sus pensamientos.
Por ahí sacaba el celular y miraba fotos se tomaba fotos y seguía suspirando.
Musa estaba en el sol casi todo el día haciendo suspirar a los hombres.
Ninfa parecía despreciar toda la playa,el lugar mismo y a su gente.
Extrañaba no solo a su espejo y soñaba con los arreglos nuevos tenía ansias de sufrir por aquel maldito que había matado y por el que había torturado.
Ni ella lo entendía pero los extrañaba.
Y los sabía irremplazables y eso era demasiado para ella.
La venganza no la había afectado jamás hasta este viaje.
Ninfa tenía actitudes demenciales casi una noche estaba jugando como una niña sentada en el piso de su cuarto de hotel cuando entre un pestañeo y otro la vista se le torno roja y ella sintió una opresión en el pecho que solo paro llorando casi por una hora.
Musa la miraba ahora ella estaba a cargo de Ninfa no podía entenderla totalmente porque Ninfa siempre ocultaba algo.
Un mínimo detalle que para ella que era el mundo real para los demás.
Musa tenía también sus ataques de nostalgia pero no llegaba a detestar el mundo como afirmaba Ninfa.
Pero era de un modo más callado se escondía de pronto,desaparecía y no había forma de encontrarla y ella estaba en el lugar de siempre solo que no se dejaba ver.
Porque así débil no quería ser vista.
Esa semana duro demasiado.
Pero al fin volvieron y encontraron todo como se debía.
La fuente constaba de dos platos (así los llamaron) y un pilar de soporte.
El agua caía plácida y ambas se quedaron mirando la simple y bella obra.
Musa pago a los obreros los despidió amablemente (ella se adaptaba mejor a la humanidad que Ninfa)de ahí pasaron a sus baños con sus jacuzzis y sin pensar al unísono ambas de metrieron y se dejaron masajear por el agua.
Horas duro el baño.
Luego salieron Musa con un vestido sencillo y Ninfa con su bata blanca y se quejaron del olor.
Musa empezó a tener náuseas  sentía un olor que le hacia toser y Ninfa decía que se iba a desmayar con su habitual teatralidad por causa de ese maldito olor.
Eran los restos de las obras ahora mojados causaban un olor realmente destable.
A regañadientes Musa dijo:-Habrá que limpiar.-
-Limpiarás tu bella yo siento que el mundo me da asco.-Dijo Ninfa
-No, no es el mundo son los escombros.-Dijo Musa señalando al piso y luego salio de la habitación y regreso con escobas y demás artículos de limpieza que Ninfa miro desdeñosamente pero la mirada fija de Musa la hizo tomarlos y limpiar.
-¡Vaya escena una Musa y una Ninfa ambas hermosas y únicas limpiando pisos!.-Dijo Ninfa con un tono juguetón y siguió barriendo.
Cuando terminaron de limpiar toda la casa ya había amanecido y ambas se fueron a sus cuartos a dormir.
Ninfa eterna con sus pesadillas.
Se le había vuelto demasiado vividas y casi todas las noches por eso no dormía de noche pero de día el resultado había sido el mismo.
Limpiaron siguieron decorando sus dormitorios y su refugio.
Cada vez que Ninfa salía volvía cargada de sombreros botas vestidos televisores joyas  artesanías que luego  casi siempre desdeñaba y siempre botellas de champagne.
Musa también compraba y en cantidad pantallas,tablets zapatos pantalones,ropa de cama y cigarrillos.
Hasta que por poco se quedan sin espacio y Ninfa quiso una cava para sus champagnes pero sería en vano Musa había comprado una heladera especial y con eso la convenció de no hacerla.
Musa y Ninfa solían caminar de noche por la ciudad y admirar las estrellas pero una noche ambas fijaron sus ojos en una concesionaria de autos.
Musa se encanto con un auto negro y ninfa con una moto azul hasta que posaron sus ojos en un convertible rojo.
¿Tenían dinero para aquellas bellezas que los humanos habían creado o tendrían que acudir a sus malas artes?...
Ambas sacaron sus celulares y vieron que no tenían dinero suficiente y Ninfa casi estalla en llanto Musa por su lado casi rompe la cabeza de un golpe con la mano.
Decepcionadas volvieron a la casa y se pusieron a fumar y beber hasta que musa encontró la manera un sitio de internet ofrece trabajo muy bien pago y remoto.
Lo hicieron dos semanas (más no lo dejaron tan fácil era para ellas hacerlo que invirtieron en propiedades) y compraron los el convertible la moto azul y un auto negro todos cero kilometros al momento de hacer los papeles simplemente mostraron los falsos que dentro eran ellas con apellidos humanos y garabatearon firmas.
Por días enteros Ninfa hacía volar casi su moto y Musa corría su auto.
Fueron a exposiciones Musa quedo encantada Ninfa solo pensaba que no había ningún beneficio y se iba tan pronto Musa empezaba a hablar con humanos Ninfa se despedía e iba a recorrer galerías de arte donde casi siempre volvía decepcionada.
Musa se llevaba mejor con el mundo humano.
Ninfa prefería criticarlo.
En las noches mientras adoraban a la luna sentadas junto a la fuente solían hablar por horas.
Si bien se habían adaptado rápida y eficazmente al mundo humano no lograban descifrarlo por completo cambiaba tan rápido todos parecían dementes por momentos y por otros aliados en un guerra que ellos mismos habían empezado que ellas dos no entendían.
Provenían de lugares distintos pero este mundo era maravilloso y horroroso al mismo tiempo.
Podía ser exótico y excitante como podía ser atroz y cruel;para ellas no nada simple pero tampoco complicado,los humanos habían las habían usado y sin embargo Musa les tenía mucha empatía más de lo que Ninfa les tenía.
Ninfa se encerraba por horas a libros a ver televisión Musa see informaba del mundo y hasta había conseguido amigas.
Ninfa temía perder a Musa con esas nuevas amistades pero al fin del día eran ellas dos contra todo y eso la calmaba.
Una noche ambas dormían cuando el ventanal de la pieza de usa se partió.
Era un vidrio fuerte no había tormenta nadie tiro nada Musa cuando lo vio empezó a llorar tan fuerte que despertó a Ninfa quien junto los pedazos y llamo para que vinieran a arreglarlo a la mañana siguiente...Musa estaba en un llanto su muñeca le dolía su cuerpo le dolía empezó a caer en pánico.
Veía todo turbio no encontraba salida y Ninfa recordó sus vívidas pesadillas Musa pasaba por algo similar eso despertó la empatía de Ninfa y trato de cuidarla la dejo salir con sus nuevas amistades sin poner mala cara hasta los empezó a apreciar.
Sin dudas era un lugar extraño esta tierra y esta era,ellas habían venido con un propósito y habiendo cumplido tal no tenían más que hacer meditaba Ninfa sería hora de volver o de morir...y de pronto el ánimo de Ninfa estaba tan caído como el de Musa.
Aquí le llamaban depresión pero ellas lo habían experimentado en el otro mundo su mundo natal,ese dolor punzante que sofoca quema y te arrastra sin moverte.
Que casi te obliga a dormir o te quita el sueño.
Esa puntada en medio de la garganta que no te deja gritar pero hace llorar a mares,esa desesperación,ese miedo insólito a lo conocido y a lo extraño  surgido de...¿?.
Aunque las dos salían con amistades aparte que las llenaban momentáneamente de alegría y euforia algo les faltaba.
Tal era aquella tristeza que Ninfa quería conjurar su burbuja llamar al fénix e irse pero no podía.
¿Podía acaso morir?¿Se podía suicidar?¿Qué pasaría con Musa y con..?Preguntas cómo esas llenaba la cabeza de Ninfa y la Musa estaba saturada la habían cargado de quehaceres y ninguno le terminaba dando gusto.
Se frustró cuando no pudo cambiar el color de su habitación.
Ninfa lloro la pérdida de un amigo y cuando Musa se enteró también rompió en lágrimas.
Habían sobrevivido a tanto que tendrían que ser inmunes pero se habían vuelto muy humanas.
Ninfa y su desdén seguían vivos y parte de ese desdén la mantenía con vida otra parte era las cosas que eran como le había leído a una autora "granitos de arena" para ayudar a cambiar el mundo a retrasar su extinción,se creaba tareas para no pensar pero tarde o temprano su cabeza la atormentaba con un pensamiento que rugía desde lo más hondo de su ser.
Una mañana despertó y salio corriendo a comprar la pintura para el cuarto de Musa no supo nunca porque pero debía hacerlo.
En su sueño algo le decía solo que ya no veía con la claridad que estaba acostumbrada esa la hirió y por eso creyó que ayudando a Musa a estar contenta estaría contenta ella.
Musa pintaba Ninfa se tiraba a leer cuando recordaron el trabajo.
Hacía tiempo lo habían dejado en segundo plano Musa se fijó en sus finanzas y era hora de retomarlo por suerte sus puestos estaban intactos y ahora podían hacerlo por más dinero,pusieron manos a la obra y volvieron a sentirse mejor.
Ninfa volvía de librería cargada de libros para luego decirle a Musa dignos de la hoguera no hay cultura e esta era más que la digital y le mostraba las llamadas obras de arte moderno y ninguna entendía nada.
Ellas venían de los grandes y sí bien estaban en su territorio en su época esa misma época les permitía juzgar libremente una Musa que había inspirado las más dulces canciones y los más bellos versos y una Ninfa que había visto y amado a los creadores que los más grandes monumentos que hasta hoy existen.
Pero debían guardar esa última parte siempre ante todos Musa lo llenaba mejor Ninfa se contenía mordiéndose los labios.
El amor para ellas se había vuelto a convertir en problema.
Musa tenía un amor más maternal miraba los niños con amor puro en sus ojos Ninfa por su lado  buscaba a Cupido para asesinarlo.
Cuando Ninfa no buscaba nada Cupido le había mandado una esperanza y como se la mando cuando la empezaba a ver con otros ojos se la arrebato.
Musa cuidaba niños de sus amistades,pequeñas niñas tan picaras que serían la próxima camada de Musas y Ninfas,realmente bellas y astutas.
Ninfa se sentía por momentos demasiado mortal y se pasaba horas frente al espejo con cremas y maquillajes.
Siempre había sido coqueta ahora se volvía cuidosa temía al tiempo Musa también pero lo aceptaba de manera diferente o lo disimulaba mejor.
Ninfa leía sobre vampiros y sus orígenes.
Musa veía una saga de películas también de vampiros pero adolescentes;ambas querían ser vampiros pero por más que en conjunto investigaran eran un mito humano o un secreto que ni ellas pudieron develar.
Ninfa harta de todo viajo a ver las ruinas de Grecia y Egipto por dos semanas.
Musa se quedo con las niñas y arreglando la casa había comprado algo que cuando Ninfa partió todavía no había llegado.
Por dos semanas Ninfa recorrió aquellas pirámides donde descansaban faraones extasiada busco una en especial pero no la encontró...el desierto se la había tragado,aquel serapeum para los bueyes casi casi seguía intacto la roca no había sido casi corroída por dentro pero la cantidad de humanos no le hacía ningún bien al lugar igual que las pirámides y los templos pensaba.
Se sentó junto al Nilo y lo vio negro lloro su contaminación y se sumergió en él hasta que la sacaron del agua porque no se podía nadar...
Enojada ya que ella era parte de aquellas aguas se marchó a Grecia visito los lugares turísticos y sintió los años que habían transcurrido vio las ruinas se sentó en donde hubo un oráculo y video llamo a Musa.
 -Mira el viejo oráculo ...es solo una piedra.-
-Lo sabía tu estabas tan emocionada que no te dije.-
-Yo también lo sabía pero verlo es otro sentir.-
Camino por aquellos bosques buscando alguna como ella o algún mirón y nada encontró.
Tiempos nuevos pensó y volvió y ahora Musa partiría más cerca pero por más tiempo sus amigos le habían pedido un favor y ella jamás se hubiera negado y menos en estas circunstancias.
Fue un breve encuentro entre ellas y un viaje en carretera largo para Musa.
Durante ese mes Musa vivió con el corazón tensado Ninfa le deseaba lo mejor y seguía leyendo y trabajando por las dos.
Musa no tenía cabeza y este mundo material las obligaba a vivir trabajando por más facil que fuere ninguna lo entendía. 
¿Por qué un pedazo de papel valía a veces más que una vida?
Musa recorrió valles y puentes se aventuro a las montañas y cerros con el corazón apretado.
Cuando todo pasó para bien se relajo y retomó sus caminatas apreciando la naturaleza.
Miraba los lagos con estaña aflicción pero su felicidad era tal que ni eso la afectaba.
Volvió junto a Ninfa.
Conversaron ,se pusieron al día Musa le contaba con ardorosa voz sobre los puentes y caminos y Ninfa se asombraba a medias había decidido que si sus amados lugares ya eran ruinas prefería el cemento de la ciudad.
Ninfa y Musa luego de sus viajes empezaron a cambiar;Ninfa aparto la lampara que antes tanto le molestaba la dejo a un costado y la cubrió con una tela y la olvido.
En su corazón hizo otro tanto.
Musa estaba tan ocupada que dejo el aire en paz y siguió luchando día tras día contra todo.
Se diría que las dos tenían el en alma una fractura,que esta época las había atrapado a las dos en un laberinto.
Noches enteras Ninfa pidió la respuesta a la luna.
Musa esperaba ansiosa que los dioses se apiadaran de ella.
Se sentían tan saturadas.
Hasta que que sus ojos se llenaron de lágrimas.
Lloraban por todo y todos.
Ella que habían traspasado mundos no podían con este.
No podían con los humanos y sus caprichos.
La banalidad concentrada en su máxima expresión algo llamado progresismo que ellas no podían terminar de entender,las guerras,la violencia...
Y la carente magia.
Como venían algunos amigos se iban y dejando un sabor a decepción,a haber sido otra vez usadas...
Tenían días que se quedaban en la cama todo el día a la noche salían a sentarse en la fuente y mirar la luna.
Otros días caida la noche tomaban el descapotable y salían a recorrer la ciudad se pasaran en algún sitio comían algo muy exquisito y difícil de hacer Ninfa bebía una copa mientras Musa fumaba un cigarrillo mientras las miraban.
La humanidad podía ser más cruel que ellas ya las habían usado tanto...¿Y ellas qué beneficio habían sacado?¿Ser vistas con ardiente pasiones por desconocidos que ellas se negaban a conocer?¿Ser juzgadas?¿Sentir esa grieta asfixiante en el pecho? 
¡Puras torturas!
Eso era para ellas.
Cuando un profundo dolor a Ninfa en la frente y a Musa en la muñeca las obligo a pagar rápidamente y esconderse en el auto.
El fénix las llama.
-Siguen siendo dos niñas solo que viejas.-Grito- Aprendan a renacer de las cenizas como yo o simplemente ...-
Ahí lo interrumpió el grifo
-Sufrirán las consecuencias y serán muy dolorosas.-
Ninfa gimió:
-Quiero regresar,no pertenezco aquí.-
-Es tarde niña allí se quedan.-Sentenció el grifo.
Y el dolor paso y la comunicación se corto.
Agitadas trataron de entender que quiso decir el fenix .
Si,tenían que resurgir,volverse más fuertes,más letales.
En sus corazones aún agitados vieron que el camino más fácil era el dinero en el humano mundo eso manda.
Dolidas volvieron a su casa Ninfa se aparto a su biblioteca y allí abrió su computadora Musa se recostó en un sofá rojo y tomo su tablet.
Así permanecieron casi por semanas apenas dormían y comían.
Hasta que Ninfa entró airosa a la habitación donde Ninfa estaba había encontrado una manera de hacer dinero en una moneda extranjera que valía mucho.
y Musa había encontrado otra inversión en moneda virtual.
Tomaron todos los cursos aprendieron de cero a diez y destacaron en otra semana Ninfa anunciaba su pequeña empresa de planeación de eventos y Musa la supervisará:Serían socias.
De tantos cursos conocieron personas que las llevaron a otras personas y de ahí empezaron a surgir los clientes.
La casa la habían casi dividido porque Musa siempre tenía invitados y Ninfa quería leer o hacer ejercicio en soledad.
Aunque el negocio iba empezando Musa decidió que ella no saldría de la casa para ir a ninguno a no ser que fuese un cliente de primera categoría ella se quedaría revisando las inversiones.
Ninfa sonrio sarcasticamente y le dijo:
-Yo prefiero la calle dejame a mi afuera entre desconocidos que yo transformaré en clientes,tu quedate con tus amigos.Y no olvides las reglas.-
-¿Celosa?-
Ninfa simplemente se puso uno de sus sombreros favoritos tomo su cartera y se marchó a la calle,sí estaba celosa Musa pasaba a veces demasiado tiempo con sus nuevos amigos pero sabía que no era desleal a ella solo que el tiempo no le alcanzaba y Ninfa había adquirido un sentimiento fuerte hacia Musa que ni ella sabía explicar bien.
Su amistad era como un bonsai Ninfa era un bonsai había que cuidarla con paciencia y amor solo que a ella misma le costaba entenderlo Musa lo tenía claro pero también estaba ocupada.
Habían progresado en su empresa de celebrar cumpleaños infantiles a fiestas de lujo Musa ya no iba a ninguna,Ninfa estaba encantada con esas gentes o eso finge hasta que llegaba tarde a la noche y soltaba todos su prejuicios en la fuente mirando la luna y Musa a veces se ríe porque sabe lo contradictoria que puede ser pero ella solo es fiel  a si misma y esa fidelidad es todo lo que tiene más allá de esa arrogancia que ha crecido en ella como en Musa ha crecido la empatía.
Ninfa no es mala pero aprendió a odiar fácilmente Musa solo se decepciona y aunque quisiera vengarse no lo hace Ninfa tampoco pero hay que vigilarla... 
Ambas se vigilan en las buenas en las malas y en las del medio.
Al final por más arriba que estén en esa montaña que es el status al final del día son ellas dos solas contra el mundo...










 









 




 

















 


























"Dos cicatrices"

Guillermo volvió a su pequeña ciudad natal después de una guerra horrible; de su batallón solo quedaron él y dos más. Las cicatrices son má...