Demetria se levanta todos los días, de lunes a viernes, a las seis y media de la mañana para ducharse, tomar unos mates con algo dulce y salir a esperar el colectivo que la lleva a la escuela donde trabaja. Ya ha perdido mucha de su tenacidad y otra tanta se la han arrebatado.
Los chicos de hoy se mimetizan más fácil que nunca. Si lo hacen en internet, ellos lo hacen; el vocabulario que usan es lamentable. «Alto aquello», «guacho», «tronco», «malandra», «gato», «chorro», «puta», «puto», «fierita», «llantas»... todo lo deforman.
Ni mentar la lengua pseudoinglesa que también usan: crush, love bombing, cutre, six seven, boomer y así. Cortan las palabras, las deforman; es horrible escucharlos. El gracias, permiso y las disculpas no las usan.
Ella siente la impotencia de no poder decirles nada a los padres, porque la mayoría de ellos o hablan similar o se enojan porque ella no los deja expresarse. Además, la escuela limitó su autoridad. Es aberrante, pero es su trabajo enseñar a nuevas generaciones que no quieren aprender; así lo siente y lo grita.
Pelea por una reforma estructural y académica.
Los padres ven a la escuela como un depósito, es por eso que se perdió nuestro rol de educadores y pasó a ser contenedor.
Hoy por hoy, es lo único que está abierto a la sociedad: es por eso que recibimos de todo y hasta estamos expuestos a actos de violencia, incluso cuando se agrede a los docentes que ganan nada.
La educación necesita de una reforma estructural profunda, pero no debe ser ni de la mano de los políticos, que buscan estadísticas, ni de los gremialistas, que no pisan el aula hace añares.
Tiene que ser por parte de los que ponemos el pecho.
Estas son las ideas de Demetria que prepara para el mitin:
Sueldo Digno y Carrera Real: Basta de parches. Necesitamos un salario básico que dignifique nuestro trabajo y elimine el presentismo. Queremos capacitación obligatoria y un control estricto de licencias para que el presupuesto se use en quien realmente está dando clase.
Recuperar la Autoridad en el Aula: El docente debe volver a ser el centro de la enseñanza, con derechos y obligaciones claros. Hay que modernizar los contenidos para que los chicos se motiven, pero siempre bajo un marco de respeto mutuo y disciplina.
Límites y Evaluación Justa: Necesitamos volver a las sanciones efectivas. Hay que terminar con las mesas de examen infinitas que regalan la nota; el esfuerzo debe tener valor real.
Escuelas de Oficios para el Futuro: Para los chicos con dificultades o que son más grandes que el resto, proponemos formación técnica con salida laboral. No todos aprenden igual, y el sistema debe darles herramientas para el trabajo real.
Demetria anota cada idea para el próximo mitin o la próxima asamblea.
Demetria necesita hacerse oír; lleva años como educadora y ha pasado por generaciones excelentes y malas.
Pronto al aula llega una alumna nueva: Aldana.
Una chica bien formada que, ni bien pisa el aula, la saluda respetuosamente y le presenta su anterior examen de la escuela donde venía.
Un promedio de nueve. ¡Qué alegría más grande para Demetria! Aldana mira tímidamente a Demetria, quien le sonríe al ver su ropa.
Lleva un pantalón negro largo casi como escuela privada y una chomba blanca. Algunas de otras chicas van casi desnudas con minifaldas y simples corpiños hasta en invierno, pero maquilladas y con uñas y pestañas postizas.
Los varones se sacan las remeras en los recreos y no vuelven a ponérselas. Otros van con insignias políticas que ellos mismos militan en la escuela y a esos menos se les puede decir nada.
Ese es un ítem a tratar, piensa Demetria.
Aldana era simple y Demetria la presenta a la clase. Ya uno de los varones se ríe de su nombre y las mujeres la miran como bicho raro por su ropa. Aldana baja la cabeza y Demetria se la sube. Es que así más o menos deberían estar vestidos todos.
—Esto no es un colegio privado ni el servicio fucking fascista militar, doña.—
—Profesora —corrige Aldana.
Toda la clase hace muecas, ponen caras y hablan. Demetria logra callarlos, ubica a Aldana al centro al frente para que dejen de «atacarla» porque allí el bullying era moneda corriente. A pesar de los cursos que han tomado, los mismos alumnos se insultan; es la constante.
Demetria dio su clase; al salir, Aldana le agradeció su apoyo.
Todos los días era lo mismo: Aldana se esmeraba para sus notas, era la única que dejaba su celular bajo el pupitre, la única que se paraba cuando ella entraba al salón. Y a la que toda la clase molestaba con apodos que ella resistía estoicamente, pues como varias veces manifestó en voz alta, ella sí iba a estudiar. Era una chica con real ánimo de aprender; Demetria se aferraba a ella y ella a Demetria.
Una tarde lluviosa se encontraron rumbo a la parada del colectivo y Aldana estaba pálida. Al notarlo, Demetria le preguntó qué le sucedía.
Aldana dijo que eran cosas privadas.
Demetria le dijo que en ella podía confiar (pensó algo muy malo). Aldana le dio a entender que tenía cólicos que solo le dan a las mujeres y Demetria respiró... lo único que faltaba era que ahora la golpearan o peor... ya bastante tenía con ser la señalada.
Eventualmente, Demetria expuso sus ideas ante una asamblea escolar con padres; fue un desastre de nuevo frente a sus mismos compañeros que la miraban extrañados. Solo dos parejas de padres se quedaron a hablar con ella y la apoyaron: una eran los padres de Aldana. Quien en su casa, Aldana, en el grupo de estudio enfocada en la materia, cuando un compañero mandó una captura de pantalla por demás ofensiva.
—¡Se portan como niños! —puso en el chat y arrojó el aparato lejos de ella. Tomó el libro y estudió a la antigua; luego envió un mail quejándose. Demetria siguió hablando con esas dos parejas de padres y logró no solo convencerlos, sino que la apoyaran; era lo justo. Ellos también querían una buena y sana educación para sus hijos.
A la mañana siguiente, llena de esperanzas, envió su mail a una dirección más alta con el respaldo de aquellos padres.
Revisando la bandeja de entrada, vio el mail de Aldana con capturas de pantallas; era sin dudas muy astuta al enviárselo a ella y no a la dirección donde lo más probable es que la expusieran. Demetria ese día en clase los reprimió con fuerza verbal explicando que el aula virtual era lo mismo que el aula y merecía respeto.
Las quejas resonaron y las miradas a Aldana se notaron, pero fue de las pocas que aprobaron.
El mail de respuesta tardó en llegar mientras entre Demetria y Aldana nacía un cariño. Los padres de Aldana la invitaron a cenar y, aunque ella opuso resistencia, Aldana se lo suplicó y no resistió. En esa mesa le explicaron que ellos podían hacer poco y nada, pero que la apoyaban. Aldana se indignó con el «poco y nada»; ella quería pelear por una educación justa, mas era pequeña aún.
El mail de respuesta llegó a fin de año y fue una esperanza vana: «Solo una la tendremos en cuenta». Demetria empezó a hablar en redes sociales a juntar firmas y volvió a enviar el mail. Misma decepcionante respuesta.
Con el paso del tiempo, Aldana pasaba más tiempo al lado de Demetria; ella le marcaba los «defectos» y cosas a corregir; esa muchacha era más exigente que la misma Demetria. También había que reformar los salones y baños la escuela en si. Al final del año se despidieron, pero siguieron enviando mails haciendo del aula un lugar mejor.
Una vez Demetria se enteró de que en una clase habían roto las cerraduras para no tomarla y todos estaban implicados; solo una alumna los había delatado. Aunque eran la élite de la escuela, esta muchacha puso el pecho y señaló a los responsables. Era Aldana. Tuvo que protegerla de las mismas autoridades del colegio.
Ya hartas, las dos llenaron de carteles el Ministerio de Educación. Casi todos los días iban a charlar después de clases allí y dejaban una carta que ya era carpeta.
—¡Tarde o temprano seremos escuchadas! —se decían la una a la otra.
Demetria dejó de ejercer como profesora y paso a ser directora el mismo año que Aldana se graduó. Y aún siguen luchando; solo que ahora tienen más respaldo. Aldana había hecho su parte y convencido a más gente, tanto alumnos como padres, y Demetria a docentes.
Muy buen escrito. Es una lucha por educacion de calidad.
ResponderBorrarGracias por leer y comentar Vivi! Y realmente es una lucha enorme.
BorrarExcelente. Realidad pura.
ResponderBorrarGracias por leer y comentar Julíán! Si es ficción pero tiene mucha realidad.
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