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sábado, 27 de diciembre de 2025

"Triunfo"

Camino hacia el patíbulo puedo sentir el duro respirar del Cancerbero en mis talones.
Esta parece ser mi excursión final.
Más llevo la cabeza en alto aunque por dentro me muera de nervios.
La incertidumbre y la ansiedad me hacen avanzar con imperceptible agitación.
Siento las miradas de los presentes y sus juicios sobre mí, sus prejuicios mejor dicho.
En este mundo abunda la doble moral, pero aquí todo tiene un nivel superior.
Ya me han juzgado antes, nunca así.
Iré a sentarme en el banquillo de los acusados frente a ella.
Aquella maldita que no me veía, solo divisaba un paisaje.
La misma que se enfermaba sin siquiera conocerme.
Que hizo de mi vida un infierno con demonios poderosos como aliados.
Que, al igual que en el averno, devoraban mi cuerpo una y otra vez.
Me acomodo la falda y me siento, la miro a los ojos dudosa pero altiva y digo:
—¡No sé por qué me quiere aquí!
Obtengo esta respuesta: Fuiste mi nuera, son las fiestas, necesito un bufón, mi corte está aburrida sin nadie a quien pelear.
—La tiene a ella.-
Digo yo señalando con el índice a la novia del hijo de esta reina roja.
—Ella no sirve para pelear ni con mi hijo, menos conmigo. Tu pasado es un tesoro, tu lengua ponzoñosa y ese indómito carácter son lo que necesito esta noche, esta fiesta real.-
—Ajá, pues yo me fui feliz de esta corte hace años. Si mi reemplazo no es suficiente, no es mi problema. No navegaré el Aqueronte ni pagaré a Caronte y mucho menos volveré a esta corte luciferina.
He triunfado sobre ustedes, me fui, no soy Perséfone, no debo volver, sus leyes repulsivas y vulgares
He triunfado sobre el odio y el amor.
Me fui caminando y festejé haberlo hecho.
Me paré erguida con la frente en alto y la mirada más cruel y otra vez repetí la acción mientras se miraban con desesperación.
Eso no era una familia, era el Infierno en la Tierra.
Ese es mi segundo triunfo: me volvieron a buscar y no me vencieron.


Nota de la autora:Para todos los que sufrimos con familias políticas y/o propias.

sábado, 6 de diciembre de 2025

"Falsedad vampirica"

Morly, una vampiresa, se acerca a otra vampiresa para darle consejos sobre lo que la sangre en mal estado puede hacerle y de ahí se ponen a conversar.
Morly nota que la segunda bebe alcohol y en demasía; sabe que algunos vampiros lo hacen, pero teniendo en cuenta que ella también tiene sus vicios y que con la tecnología siempre tienen que andar con los ojos despiertos para no ser descubiertos.
Los vampiros han tomado muchas mañas de los humanos, las peores no hace falta aclararlo.
El banco de sangre es la mejor comida ya que los antiguos métodos son poco fiables y los humanos han corrompido su sangre, sus mentes y sus almas.
Morly le explica esto a Daiana en el banco de sangre.
Daiana parece tan encantada con los consejos de Morly que la invita a un trago; a lo que Morly se niega rotundamente, pero por cortesía se queda hablando de cosas de la no-vida con Daiana.
A pesar de lo que se cree, los vampiros son muy amables y caminan entre nosotros de día y de noche; su piel solo es más pálida.
Algunos hasta llevan tatuajes; Daiana, por ejemplo, tiene una mujer tatuada.
Morly, por el contrario, es más de lo antiguo y respetuoso, aunque se ha adaptado de manera excelente a esta época y sabe pasar desapercibida ante los humanos; siempre alguno nota que su palidez es demasiada y, por lo general, tiene el cuerpo frío.
Daiana, en cambio, llamaba la atención por sus descuidos emborrachándose y su miedo a los humanos maleantes que estaban alojados cerca de su casa.
Era más temerosa; en cambio Morly se sacaba fotos, sonreía sin enseñar los colmillos. Morly tenía ancestros más fuertes.
Daiana es inexperta y muy lanzada por su verborragia.
Quiere todo pero no ofrece nada.
Y cuando ofrece, defrauda.
Luego de intentar despedirse, Morly se ve obligada a cumplir la cortesía y darle su número de teléfono y acompañarla a su casa como si fuera una niña indefensa a Daiana,
que teme a esos humanos y ha perdido su visión vampírica.
Sin contar el tic molesto e tocarse el centro del pecho.
Algo anda mal en Daiana.
Morly, al llegar a su casa, refrigera la sangre y saluda bajando la mirada respetuosamente a sus ancestros o, mejor dicho, a los retratos de ellos.
Al sacar de su bolsillo el celular se encuentra con vídeos de Daiana mostrando lo feliz que estaban sus peces.
Esa casa tan cercana y ella jamás la había visto… qué raro…, pero Morly nunca se detenía a mirar pequeñeces y, si conocía esa casa, solo que esa parte no.
Ella iba al objetivo de su salida.
Con el paso de los años, tanto recorrer la ciudad y toparse con humanos y vampiros la habían convertido en una vampiresa que muchos llamarían cruel.
Era su forma de cubrirse contra futuras heridas; al ser inmortal sabía que la vejez vampírica iba a ser dolorosa, que era un simple mito eso de que se preservan jóvenes eternamente; ya había perdido siglos de su vida y muchos amados vampiros y humanos.
No era malvada, pero era catalogada así.
Y sin querer, por hacer un bien a una novata, está viendo con mezcla de asombro y repulsión una casa que parece acuario.
Peces acá.
Peceras allá.
Comida para ellos y una pequeña heladera con dos litros de sangre y varias botellas de vino para la dueña.
¿Desde cuándo los vampiros tenían ese amor por los animales y más por esos?
No son peces exóticos ni gatos ni perros lobos.
Simplemente le agradece el mensaje y se va a beber su sangre frente a su laptop mientras chatea con un hombre que sospecha que es vampiro; desea algo con él, pero el viaje la cansa de solo pensarlo.
Es un día de vuelo encerrada en un avión con meros humanos y Morly siente el deseo de la sangre humana recién extraída de una yugular como cualquier vampiro.
Ella, con ese enigma viviente o no, estaba más que saciada por momentos.
Después de una charla se aseguró de que todo estuviera cubierto y se fue a descansar.
Mas el descanso no duró mucho: Daiana le pedía el favor de acompañarla a ver una casa nueva. Morly puso los ojos en blanco y se vistió.
Tras ver un departamento horrible y en exceso caro, Daiana bebía una lata tras otra de cerveza y Morly le decía que para disimular lo hacía demasiado bien y que seguramente por eso los de abajo de su casa le buscaban pelea.
—Vamos a mi casa —
dice Daiana.
Morly quiere excusarse, pero se ve casi arrastrada a la casa.
Al entrar, lo primero que hace Daiana es abrir un vino y ofrecerle una copa.
—No bebo.
—Es la sangre de Cristo.
—Menos aún.
—Jajajaja, eres antigua.
—Sí.-
Daiana habla de sus temores y Morly escucha sin ganas, pero presta atención; el olor en el aire es denso por los filtros de agua para peces y miedo humano.
—La verdad, nos veo detrás de la barra de un bar —
dice Daiana.
—Vos madrugas, no disfrutas la noche y ¿de dónde sacás la idea de que necesito ese trabajo o lo quiero?
—Veo que te escasea el dinero.
—Escasear no sería la palabra… No lo dilapido en alcohol, me gusta mi vida como está.
—Sin siquiera un hombre o mujer solo  jugando a la detective con alguien lejano. Vaya vida.Yo quiero ayudarte, te ofrezco una ayuda y no queres.-
—En efecto, no la quiero; además, no sé qué costos podrían venir con ella. Veo esta casa con desconfianza.
—¿Por qué?
Morly ahí se acerca con mirada letal y empieza a mirar las peceras… y huele a Daiana.
—Tú no eres una verdadera vampiresa; esto no es ni una cripta ni un mausoleo ni una casa, esto es una terraza techada; solo un techo y unas tristes y débiles rejas te separan del sol.
Tú has manchado tu piel con tatuajes obscenos y  herejes no mires mi cruz así; mis ancestros eran devotos. Yo soy pura, tú eres todo lo que ellos despreciaron y contra lo que pelearon.-
—Tu casa sí es una cripta, todo es antiguo, no le has dado personalidad, te conformás con eso.-
—Por respeto y ganas. No como tú, Daiana, que has hecho todo lo que hacen los humanos y querés que yo sea como vos. Me adapte a mil épocas eres una recién nacida ¿o que ?—dijo mientras aprieta los puños.
—Tú te acercaste a hablarme.
—Mi idea era darte el consejo e irme; me detuviste casi por la fuerza. Eres frágil aunque te sientas superior; eres mitad humana o quizás más; veo el alcohol hacerte daño, eso es raro, a los vampiros no les afecta.
Eres humana y tenés un fetiche con los vampiros.
—Bravo, y hasta ahora lo descubre la gran Morly de Transilvania.
—Idiota, no soy de ahí y te creí novata; una obra de bien y me cuesta la paciencia de mil siglos. Me voy no pienso beber u asquerosa sangre.-
Daiana intenta agarrarla y Morly solo la empuja con fuerza hacia la reja débil  y la gravedad hace el resto.
Era casi casi humana y probablemente de alguna facultad de sesudos estudiosos de lo oculto la habían usado por su fetiche implementando alguna nano chip.
Morly quiso ayudar y terminó matando como odiaba eso casi tanto como que le digan que hacer.
Vivió cien vidas y va a seguir viviendo es inmortal su sangre es legendaria y sus métodos también.
Matará de nuevo si se interponen así en su camino,nada la cambiará a esa manera tan vulgar Morly tiene mucho que perder:Un legado.
Simplemente no entendía lo hipócrita que se había vuelto el mundo pero el mundo era joven y sus ancestros caminaban en él...
Sintió la tristeza de tener que matar y no para comer la añoranza de otra vida el peso de mil  no "vidas" miro a su alrededor y pensó en incendiar todo pero tuvo piedad de los peces reviso y no encontró más que una mini cámara que ni siquiera estaba enchufada.
Vio el cadáver abajo y a los que la nueva difunta tanto les temía así que todo arreglado.
Menos su mal momento.
El mundo esta lleno de Daianas que quieren cambiarte juzgarte y meterte en su asqueroso mundo.



















 


















martes, 25 de noviembre de 2025

"El llanto"

Sigrid está acostada en su diván mirando el cielo raso de su habitación, entre amargada y alegre.
El atuendo para la boda de su hermana ha llegado y ese marrón chocolate de vestido le provoca náuseas.
Astrid tiene el peor gusto en todo; hasta se va a casar con un hombre más bajo, casi calvo y sin dinero que la mira indecentemente a ella.
Bien podría no ir, pero hay una pieza de joyería que quiere lucir.
Lo más fino de lo fino y, a la vez, el último conjunto de una diseñadora poco famosa pero demasiado talentosa.
Diamantes sobre oro blanco.
Solo para lucir ese conjunto de aros, gargantilla y pulsera, Sigrid iría a la insensata boda.
No era para opacarla; ella tenía un gusto diferente: oro y perlas; su vestido estaba lleno de perlas.
Sigrid tenía el color chocolate de las damas de honor.
¡Vaya fiesta a la farsa!
Ella había avisado: si el libidinoso se iba con todo el dinero de Astrid, ella no iba a mover un músculo para recuperarlo; incluso quiso hacer que su hermana lo hiciera firmar un contrato pre nupcial, pero el bajito miserable se las ingenió para llenarle bien la cabeza de estiércol a Astrid y a media familia, diciendo que Sigrid era una loca despechada con estándares políticamente incorrectos y quedó como la víctima.
Esto a ella le importaba un bledo.
Su familia, su apellido, no habían colaborado mucho en su vida; solo en lo monetario: amor verdadero y todo ese paquete no estaban incluidos en su paquete.
Sí, en el de Astrid; ella siempre fue la dulce niña de papi y mami.
Sigrid siempre fue más libre, quizás hasta rebelde para los estándares de la familia que, con la llegada del novio de Astrid, salieron por la ventana volando…
Tiene amigos diseminados por el mundo, así que mucho no le molesta ese semidesprecio de su familia; al fin y al cabo siempre fue una especie de oveja negra…
Luego de la oda al amor —así tituló su hermana a su matrimonio—, Sigrid se irá por ahí, quizás Milán, quizás Múnich.
Por fin el paquete de joyería llega.
Con las ansias de un niño en Navidad lo abre y se desilusiona.
Ese no es el juego; tiene un collar largo para la espalda y con un diamante óvalo en la punta; no tiene pulsera y los aros son largos de varias piezas de diamantes.
Es hermoso, sí.
Lee la pequeña nota donde la diseñadora se disculpa y su madre la llama para arreglarse y no la deja terminar.
Fastidiada se viste y se coloca el collar en la espalda; luce magnífico; los aros, para lucirlos bien, se sujeta en alto el cabello.
Esas piezas de yojeria lucían espectaculares ese diamante en su espalda se veía magnifico pero le empezó a pesar como una cruz.
Los aros parecían una catarata de diamantes óvalos pequeños.
Luego vienen las maquilladoras y la dejan muy bella, aunque innecesariamente oscura para su gusto, pero todas las damas de honor estaban igual.
—No nos disfrazaron de marineros porque está pasado de moda, pero sí de chocolates vivientes—
dice para sí y la estilista se ríe entre dientes.
Lista, se mira por última vez al espejo y empieza a sentirse triste y un poco sola.
Cuando llega su turno de caminar hacia el altar tiene ganas de llorar; un nudo en la garganta la aprieta con la fuerza de mil brazos.
Mientras Astrid le jura amor eterno al bajito, ella desea que pronto llegue su día de escuchar tan dulces palabras.
Mira a sus padres: llevan más de cuarenta años de casados y siguen juntos y felices.
¿Y ella qué tiene? Un montón de pretendientes huecos a los que no quiere.
Amigos lejos.
¿Para qué tanto dinero que le han costado parte de su felicidad si no hay en quién invertirlo ni compartirlo?
La tristeza se posa sobre ella como una sombra y no la deja.
Es la mariposa atrapada en la tela de araña de la angustia.
Durante la fiesta bebió mirando a las felices parejas… con los ojos lacrimosos.
Todos los invitados que se le acercan sienten su sombra de pena y se alejan.
Sigrid no era así, nunca lo había sido.
¿Qué le sucedía?
Ni ella sabía, pero tanto su hermana como el ahora su esposo la confortaron y ella lloró en sus brazos deseándoles la felicidad que ella no poseía.
Con las lágrimas a punto de bañarla atrapó el ramo y brindó por la feliz pareja.
Mas no resistió  y se fue a su habitación a llorar.
Lloró y lloró por lo que tuvo y perdió.
Por lo que no tuvo.
Por las partidas.
Por la gente que nunca llegó a su vida y la que se fue.
Se quito el collar pero con dificultad lo logro ese diamante en su espalda estaba como adherido y pesaba renegó un buen rato hasta que logro quitárselo.
Los aros parecían murmurar :Quédate con nosotros.
Igual ella solo quería llorar y lastimándose las orejas se los quito y siguió llorando.
Tal era su pena.
Y se quedó dormida sumergida en llanto.
A media mañana abrió los ojos enrojecidos y vio la tarjeta de la diseñadora donde se excusaba por enviar otra pieza.
Había un posdata que su madre, al apurarla, no la dejó ver.

«Querida Sigrid: Disculpas  por la tardanza pero este no es el conjunto que querías .No lo uses para la boda de tu hermana si estás enojada o no tenés pareja; este conjunto se llama “El llanto” y la última que lo usó lloró hasta desvivirse.
Al parecer los diamantes vienen de una mina embrujada por mujeres castigadas  eran brujas que sufrieron encerradas  cuenta la leyenda.
Perdón, mi asistente es un bruto."


"Triunfo"

Camino hacia el patíbulo puedo sentir el duro respirar del Cancerbero en mis talones. Esta parece ser mi excursión final. Más llevo la ...